Publicado el: Mie, Dic 4th, 2013

“Y el Hombre creó un Nuevo Dios”


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SerratoPor Mario Serrato “Sustituimos a un Dios venerable que nos  habla de amor, por un Dios implacable que ni nos habla.”

El mercado y sus leyes se encargan de determinar la conducta humana. No es cierto que se necesiten 50 mil toneladas de madera en Europa y los Estados Unidos, lo que se necesita es llevar esa madera al  mercado para que este consiga que las necesitemos. Es el mercado, no el hombre, el que necesita 10 toneladas de oro este año para satisfacer sus necesidades, entonces miles de retroexcavadoras se precipitarán sobre las orillas de los ríos del Chocó, Cauca y Antioquia y destruirán ecosistemas enteros para abastecerlo. En el próximo lustro debemos producir 200 mil millones de toneladas de carbón, una cifra inferior no satisface al mercado, entonces tenemos que conseguirlas sin importar que al extraer esa cantidad de carbón y al consumirlo, se le añadan un grado o dos a la temperatura promedio del planeta Debemos entregar al mercado trescientas toneladas de carne de ballena en los próximos seis meses, dice el capitán de un barco ballenero japonés, de otro modo corremos el riesgo de dejarlo insatisfecho con lo que su policía, llamada competencia, nos marginará de la condición humana. El mercado exige la incorporación de 100 millones de litros de combustible vegetal a la industria en este año. Esto implica que miles de hectáreas, antes destinadas a la producción de alimentos, deben abdicar en favor de las necesidades de ese mercado que se impone sobre todas las razones. Incluso, la vida misma. Nunca antes en la historia de la humanidad, el desarrollo tecnológico había tenido tanto poder de decisión sobre el destino del planeta. Somos capaces de enderezar ríos, acelerar el ciclo de vida de animales, plantas y de nosotros mismos. La tecnología contemporánea permite comunicaciones a velocidades inverosímiles y obtener información sobre los más oscuros e insondables secretos o conocimientos en  fracción de segundos.  Una sonda espacial recientemente fotografió la galaxia más lejana del universo y un laboratorio enterrado en algún lugar de Suiza, confirmó las teorías sobre el origen de la materia. Todo este desarrollo que debemos emplear en el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de la tierra y la preservación del planeta, lo entregamos a la deriva del mercado, a la mano oscura de la oferta y la demanda. Sustituimos a un Dios venerable que nos  habla de amor, por un Dios implacable que ni nos habla. Creemos la mentira según la cual las leyes del mercado se encargarán de igualar las condiciones de vida de todos y que esas mismas leyes podrán permitirle a cada ser humano el acceso rápido y efectivo a la salud, la educación, la vivienda y la seguridad. El mercado, como un Dios misterioso,  no nos permite ver que las distancias y diferencias establecidas por él mismo entre los habitantes del planeta son tan desproporcionadas e irreversibles, que muy pronto conoceremos dos especies humanas: una reducida en su número de miembros, aislada y beneficiada por el mercado, y otra inmensa, masificada, descamisada y sometida. Unos nuevos amos, una nueva esclavitud, un nuevo Dios. Pero un solo planeta sobre explotado y devastado en el que la poca dotación ambiental que quedé,  solo pueda ser adquirida por quien haya obtenido del mercado los beneficios supremos.

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Addenda: El martes en la mañana asistí a una reunión en Casa de Citas -en la Candelaria-, con los indígenas de MAIS. Por fin encontré una propuesta política interesante, desde su lema: MAIS, Compromiso de país.

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