Publicado el: Mie, Jul 16th, 2014

!Viene el Presidente, Viene el Presidente¡


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falsos positivos

Por Mario Serrato/

Calles limpias, andenes recién pintados, muchachas desnudas, indigentes recogidos, putas encarceladas, incluso muchachos afeminados, han sido las maneras en que los anfitriones reciben a sus invitados ilustres en todas las épocas

En 1968 el Papa Pablo VI visitó a Colombia. Recuerdo que se edificó el templete para recibirlo en lo que hoy es el parque Simón Bolívar. Antes toda la zona era conocida como El Salitre. También recuerdo que recogieron a los gamines y a los indigentes y los ocultaron, quien sabe dónde, para que los ojos italianos del representante de Dios en la tierra no se dolieran con tan deplorable paisaje. Durante esos días, en la oscuridad de las buenas maneras y la extraña modalidad de recuperación y mejoramiento del paisaje urbano, al menos les dieron comida, baño y ropa.

A finales del siglo pasado, durante el gobierno frívolo de Andrés  Pastrana, nos visitó en Cartagena Bill Clinton, entonces presidente de los Estados Unidos. Lo mismo que con el Papa: escondieron a los gamines, los indigentes y las putas pobres. A las ricas se les encontraba por docenas en las habitaciones de los hoteles en que descansaban los miembros del esquema de seguridad del ilustre visitante. Al parecer es su costumbre, así se concluye de recientes sucesos con la escolta de Obama.

Con motivo de las fiestas de conmemoración de la fundación de Santa Marta y sus 450 años de historia, un alcalde con espíritu divertido y alma de barrendero, recogió a cuanto personaje de aspecto indeseable encontrará en las calles y los despachó en buses de Rápido Magdalena a su colega en Barranquilla. Fue así como les mostró a sus visitantes una ciudad ideal y limpia.

Para recibir a Alejandro, el macedonio, los persas sometidos le prepararon a un suculento muchacho de cejas orientales y labios de mujer con el cual pasar las noches frescas de la Babilonia conquistada (El muchacho Persa, Mary Renault). Al menos desde el año 331 antes de Cristo, cuando Alejandro Magno entró victorioso a Babilonia, existen menciones sobre el modo en que las autoridades organizan la recepción de visitantes o preparan sus ambientes para la satisfacción de invitados ilustres o jefes de paso.

Hace unos años en el departamento del Huila, un desocupado con algunos rudimentos en inglés y un ánimo mamagallístico sin precedentes, engrupió, con el embeleco de ser el embajador de la India en viaje clandestino, a toda la fauna política de esa bella tierra. Recepciones a montones, danzas del vientre, paseos a San Agustín y muchachas de risa fácil y falda voladora, conformaron algunos de los platos del menú con que recibieron y atendieron al visitante socarrón.

Calles limpias, andenes recién pintados, muchachas desnudas, indigentes recogidos, putas encarceladas, incluso muchachos afeminados, han sido las maneras en que los anfitriones reciben a sus invitados ilustres en todas las épocas.

En Colombia, durante los gobiernos de Uribe Vélez, la recepción a su dignidad y mando cambió de estilo.

El mayor del ejército Robinson Gutiérrez del Rio, condenado por asesinar civiles para después hacerlos pasar por guerrilleros en los llamados falsos positivos, en entrevista dada a un periodista de un medio de la televisión, aseguró que sus superiores, generales de la administración de Mario Montoya, en el marco de las visitas del presidente Uribe a sus cuarteles o teatros de operaciones, le pedían  muertos para recibir al visitante.

¿Con qué le vamos a salir al presidente? Preguntaban los oficiales de alto rango en una especie de arenga antes de que sus subalternos salieran a las calles en jauría a cazar desubicados.

¡¡No le tenemos bajas!! Afirmaba con preocupación otro oficial que sería anfitrión del presidente en pocos días o unas horas.

En este marco se presentaron los asesinatos de jóvenes engañados con falsas promesas de trabajo en Soacha y otras regiones del país.

Por estas necesidades de anfitrión complaciente, muchos honestos y limpios militares colombianos se convirtieron en asesinos. Por esta búsqueda irracional de éxitos artificiales para dar satisfacción a jefes tan irracionales como los actos de su tropa, las fuerzas armadas fueron degradadas de forma insostenible. Por estas necesidades de la seguridad democrática, los jóvenes del parche en las zonas populares empezaron a desaparecer vivos del barrio y a reaparecer muertos en situaciones y locaciones de guerra inverosímiles.

Algunos militares preocupados por “salirle con algo al presidente” se dedicaron a la tarea sistemática de eliminar a jóvenes desempleados, mariquitas de peluquería, fumones de parque, retrasados mentales descuidados y borrachines de vereda, sin discriminación diferente a la selección por indefensión.

A todo esto, ¿qué dijo Álvaro Uribe? Les tengo la respuesta: se dio el 13 de abril de 2004, cuando adujo burlonamente en los medios: “eran seguramente unos angelitos recolectores de café”.

De este modo y con estas frases cínicas, más de tres mil personas fueron asesinadas en Colombia, con el único propósito de justificar con muertos artificiales un modelo de guerra llamado “seguridad democrática”.

Por fortuna los muchachos en los barrios populares ya no tendrán que decir: Viene el presidente, viene el presidente y salir a esconderse por el terror de su presencia y la cosecha de muertos que exigía su alma deformada.

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