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Publicado el: Vie, Ago 2nd, 2013

Valores y Modelos


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manosPor Agustín Pérez Cerrada/

¿Es necesario que los miembros del cuerpo social actúen ajustándose a valores morales firmes, y más en los casos en que se ejerce algún poder?Se afirma con autoridad que la democracia necesita de los valores morales más que cualquier otro sistema político, y que caso contrario la democracia está en peligro. Sin embargo, desde los años setenta del pasado siglo, se ha ido generalizando la negación de la existencia de valores permanentes.

De una ética centrada en principios fundamentales y con valores permanentes —no dependientes de circunstancias, tiempo, lugar o cultura— se ha pasado a un conjunto de «mandamientos laicos» que se pueden resumir en: haz lo que quieras, y mejor si con ello logras algún lucro. En resumen, se ha prescindido de verdades objetivas, para perseguir «verdades coyunturales”, a las que rendir culto.

Además, a lo largo de estas décadas discurre una corriente ideológica que desprestigia valores que expresen generosidad, don de sí, altruismo, patriotismo, solidaridad, etc., e incluso el sacrificio personal está mal visto y no se tolera. El hueco producido ha sido ocupado por el egocentrismo y cuando no por la codicia. En otros aspectos prácticos, se desprecia al empresariado o aquellos que promueven algún tipo de iniciativa social, para magnificar la función del Estado y sus brazos ejecutores.

Paralelamente, después del elogio del «porro», se da la contradicción de aceptar como valores la eliminación de la vida o la disolución de la familia, para luego, ¡oh paradoja!, clamar con llanto ruidoso por la degradación del país, cuando no deja de ser una consecuencia correlativa: aquellas lluvias trajeron estos lodos. Si la dignidad de la persona no se respeta, cualquier aberración es posible.

Trasladado a la política, después de relegar la moral al mundo estrictamente privado, el relativismo moral lleva al «todo vale». Pero si en la moral pública no hay verdades permanentes, ¿cuales pueden ser las razones para respetar los valores del Estado?: indudablemente, ninguna. Como consecuencia, en estos años se ha producido una malversación del interés general, que ha sido suplantado por el interés particular y el egoísmo. Así, para algunos, el poder político ha llegado a considerarse como un coto privado, contrariamente a lo que debe ser: un servicio a la Sociedad; esto es, un bien común perteneciente por igual a todos los ciudadanos, aun cuando en la práctica su ejercicio sea delegado en unos pocos por medio del voto. Los valores no pueden depender de la voluntad de quien detente más poder.

Los actos del hombre no acaban en sí mismos, sino que repercuten en el actor, confiriéndole hábitos que condicionarán sus acciones futuras. De aquí que la pretensión de hacer del poder público un simple instrumento en beneficio de una parte de la sociedad —ya sea una forma de pensamiento, un partido o una Comunidad— se siga, casi automáticamente, como de cualquier particularismo, que la participación en el poder se transforme en beneficio de otros intereses más estrechos; en último caso de los personales de quien detenta el cargo. ¿Con tal perversión de valores, cuáles pueden ser nuestros modelos para el futuro?

Foro Independiente de Opinión

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