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Publicado el: Jue, Mar 19th, 2015

¿Vaciar la sociedad de contenidos éticos?


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La_etica_2015Por Unicor

““Una cosa es el derecho y otra cosa es la ética”, es la banalización profunda de la profesión, la imposición del reino de las falacias, del sin sentido, donde lo único que cobra sentido es la capacidad de acoplarse a un sistema judicial sumido en una profunda crisis valores”.


La declaración “La ética no tiene nada que ver con el derecho”, dada por el abogado Abelardo De la Espriella, (El Tiempo, edición digital del 11 de marzo de 2015), dentro del caso de corrupción que involucra al Magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt Chaljub, nos vuelve a poner de relieve un problema fundamental de la conducta de los seres humanos. En plena postmodernidad, puede el derecho cumplir su función estando vaciado de normas éticas, y puede el ser humano construir instituciones, y sociedad, prescindiendo de ellas.

Remontémonos en la historia: Fue Sócrates, el primero de los filósofos griegos clásicos, (470399 a. C.),[ quien ha terminado siendo reconocido en occidente a través de sus discípulos, por reflexionar y practicar la virtud, la sabiduría y con ellas, la búsqueda de la felicidad. Es decir, empieza a estructurar un pensamiento ético, el que además, se caracteriza por proponer el conocimiento profundo del hombre. ¿Cuál es la esencia real del ser humano?

Fue con la llegada de la edad moderna, (siglos XVII y XVIII), que el pensamiento humano creyó darle respuesta absoluta al referido interrogante, con Kant, Descartes, el ser humano encontró fabulosas respuestas teóricas a sus mayores preocupaciones, así, la ética trascendental kantiana y el racionalismo cartesiano, ubicaron al hombre en el centro del mundo, el antropocentrismo, proveyó a ese ser moderno, además del conocimiento intelectual, del egoísmo suficiente, para poner todo el planeta a su servicio, todo se podía depredar. De alguna manera dichas concepciones fueron problematizadas en la postmodernidad, Sartre, Vattimo, etcétera, incorporan una crisis de valores, de paradigmas, y bueno: si ya los seres humanos no tienen paradigmas universales de comportamiento, si ya no existe una ética totalizante, ¿Qué le queda al ser humano para guiar su reflexión y su actuar?

Dentro de esta tensión es que creo, se debe ubicar lo sucedido con el magistrado Pretelt, y la célebre frase pronunciada por su abogado defensor, recapitulemos: Nos encontramos ante un evento que vislumbra conductas indignas en el ejercicio del cargo por parte de un magistrado de la Corte Constitucional de Colombia, además, frente al pronunciamiento de una frase por parte de un abogado litigante que asegura que la ética y el derecho son cosas diferentes: “El derecho no está determinado por la ética, reitera con propiedad el mediático jurista.

Aunque esta situación concreta es realmente preocupante, lo que verdaderamente desalienta es que no es excepcional, al parecer es la regla general, tanto jueces, como fiscales, funcionarios, usuarios de la administración de justicia y litigantes, saben de ello: que existen muchos actores de la justicia que se mueven sin escrúpulos, vendiendo y comprando decisiones, sin importar las pruebas y los argumentos, sin importar la dignidad ostentada, sin importar las víctimas, sin importar la justicia.

Lo del Magistrado Pretelt y su abogado, evidencia la realidad decadente que aún se impone, la de funcionarios y abogados venales que cuadran los negocios; que arreglan a los clientes. Claro que produce indignación que un magistrado de la Corte Constitucional, la Corte de la Constitución y de los derechos fundamentales, utilice el mecanismo de selección de tutelas, incorporado por el Acuerdo 05 de 1992, artículo 50, para revisar asuntos de marcada importancia constitucional, jurídica y para los derechos humanos, como alternativa de enriquecimiento ilícito y para percibir otras  canonjías que atentan contra la dignidad de las personas,  el Estado de derecho y el honor de la magistratura. Así, lo que pone de relieve el abogado Abelardo De la Espriella, con su ensordecedora frase

“Una cosa es el derecho y otra cosa es la ética”, es la banalización profunda de la profesión, la imposición del reino de las falacias, del sin sentido, donde lo único que cobra sentido es la capacidad de acoplarse a un sistema judicial sumido en una profunda crisis valores, ante dicha realidad, el litigante, como otros ilustres doctores, en procura del éxito y la eficiencia, determinan no encartarse con postulados éticos.

No sobra responderle al abogado De la Aspriella que su posición encaja en las pretensiones de una teoría pura del derecho, la que promovió un derecho como ciencia formal y aparte de cualquier consideración extraña a la norma jurídica, este sistema no necesitaba para su legitimación ni la ética, ni los derechos humanos, ni menos, la justicia.

Sin embargo, con la superación de las pretensiones totalizantes, del pensamiento fuerte, y del derecho positivo, el postmodernismo abrió el escenario para nuevas argumentaciones socio jurídicas, donde la norma legal es trascendida y para su validez es necesario la inclusión de valores constitucionales relacionados con la justicia, los derechos humanos y su eficacia, algo que no puede materializarse sin un fuerte componente ético. En esta línea tenemos a Habermas con su ética discursiva, a Ferrajoli y su fundamentación de los derechos humanos.

En fin, al parecer sobre el ser humano, la ética, el derecho y la sociedad, se ha dicho de todo, no obstante, en la actualidad la única certeza es la búsqueda de una nueva fundamentación de dichos subsistemas sociales, o como lo propone De la Espriella, también puede ser de no fundamentar nuestras actuaciones en valores éticos, y consecuentemente, vaciar nuestras estructuras sociales de referentes morales que lo único que hacen es dificultar la consecución de objetivos prácticos.

Pretelt, puede y tiene el derecho a decir en su defensa muchas cosas: que el debido proceso, que fue un complot en su contra, que no le han probado nada, puede no renunciar. Y De la Espriella en ejercicio de su liberal profesión puede ir hasta donde la elasticidad de sus referentes morales se lo permitan. Lo que si nos debe quedar claro al resto de ciudadanos, es lo grave de la conducta del primero y la respuesta a la crisis que dan las frases del segundo.

En esta dirección no puede esperarse resultados diferentes, si los funcionarios y litigantes más encumbrados, en una especie de “el fin justifica los medios”, desde la interpretación más dañina del Príncipe, se mantienen dignos y soberbios ante la equivocación y la falta de coherencia deontológica, no son capaces de reconocer el daño ante la sociedad que les brinda su rol y estatus. Peor aún, no pueden ellos, en la defensa de lo indefensable, promocionar que la solución está en vaciar nuestros raciocinios, nuestros actos, las instituciones y la sociedad entera, de valoraciones éticas, olvidándose tendenciosamente, que desde los inicios de las reflexiones filosóficas, la ética, la justicia y la felicidad han perseguido una unión indisoluble.

Que ellos no hayan sido capaces de actuar en consecuencia, no debe llevarlos a tratar de confundir a una sociedad que precisamente lo que requiere es la recuperación de los valores éticos que permitan ponerle límites a las acciones humanas.

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