Publicado el: Vie, Feb 22nd, 2013

UNA DEFENSA PARA DERROTAR LA VERDAD

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Toma Palacio de Justicia, tomado de http://www.bogota.unal.edu.co/449Por Mario Serrato

“Aquí no ha habido muertos; dijo. -Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo-.”

La defensa jurídica de la nación se encuentra diseñando una estrategia que parece sacada de un pasaje de nuestro nobel García Márquez, en Cien Años de Soledad: en efecto, el abogado contratado por el gobierno de Colombia para la demanda por los hechos del 5 y 6 de noviembre de 1985 en el palacio de justicia, pretende convencer a la Corte Interaméricana  de Derechos Humanos, que en el palacio, durante la insensata toma por parte del M-19 y el operativo de extermino que le siguió, no se presentaron desaparecidos. El pasaje de Cien Años de Soledad que rememoro, gracias al Doctor Rafael Nieto Loaiza, dice así:

“Cansados de aquel delirio hermenéutico, los trabajadores repudiaron a las autoridades de Macondo y subieron con sus quejas a los tribunales supremos, fue allí donde los ilusionistas del derecho demostraron que las reclamaciones carecían de toda validez, simplemente porque la compañía bananera no tenía, ni había tenido nunca trabajadores a su servicio, sino que los reclutaba ocasionalmente y con carácter temporal. De modo que se desbarató la patraña del jamón de Virginia, las píldoras  milagrosas y los excusados pascuales  y se estableció por fallo de tribunal y se proclamó en bandos solemnes la inexistencia de los trabajadores.”

Carlos Marx aseguraba con ironía que un hecho histórico se presenta en la primera ocasión como tragedia y en la segunda como comedia. En esta ocasión la defensa jurídica de la nación, en los tiempos del Internet y el mundo globalizado, pretende hacer creer a los informados magistrados de la Corte Interaméricana que esos aclarados hechos de desapariciones, con condenados purgando sus penas, resultado de investigaciones reveladas por comisiones de la verdad de origen gubernamental y con sentencias claras, no se presentaron nunca. El argumento deleznable, según el cual dichas sentencias no se encuentran en firme, carece de fuerza defensiva y por el contrario se cae como tejados de casas pobres en tormenta tropical ante el reconocimiento por parte del estado de la desaparición de al menos dos personas. Reconocimiento que considerará la Corte Interaméricana y que aportará elementos para desechar de plano  los argumentos de la defensa. Aunque el fallo adverso a la nación es un hecho, lo más preocupante consiste en confirmar que aún existen colombianos, en posiciones de gran influencia, empeñados en negar la verdad con artilugios de ilusionistas y cinismo descomunal.

La toma del palacio fue un error imperdonable, situación reconocida incluso por los mismos miembros del M-19. La retoma la caracterizó un operativo de exterminio igualmente imperdonable. El país tiene aún heridas abiertas y sangrantes por esos aciagos sucesos; el dolor aun humedece las mejillas de viudas y huérfanos y la verdad aún se presenta oscura. Lo que ya no se puede permitir es que un abogado, en una estrategia de defensa llamada a la derrota, no solo oscurezca más el suceso, también interprete la historia y la verdad con artilugios repudiables.

Los familiares de los desaparecidos merecen respeto, y nadie tiene derecho a arrojar sal en sus heridas abiertas. De todos los colombianos depende que la estrategia del Doctor Nieto Loaiza, no termine como otro pasaje de Cien Años de Soledad el cual dice:

“José Arcadio Segundo no habló mientras no terminó de tomar café. – Debieron ser como tres mil- murmuró. -¿Qué?- -Los muertos –aclaró él- . Debían ser todos los que estaban en la estación. La mujer lo midió con una mirada de lástima. Aquí no ha habido muertos; dijo. -Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo-.

 

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