Publicado el: Jue, May 9th, 2013

Un viaje a la salud


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Por Mario Serrato/ 23916_172862169521498_2045212662_n

El sistema de salud colombiano registra el número de contradictores mas alto del mundo. Ocho de cada diez colombianos se encuentra inconforme con el modelo y los otros dos seguramente sean parte de las empresas que se apropiaron de los recursos y le dieron a la salud una connotación meramente comercial. El modelo de las EPS, permite excluir patologías del contrato, lo que significa que el hígado puede ser desechado, el estómago puede ser eludido y el corazón puede ser eliminado con el arte simple de decir preexistencia. Enfermedades que requieren tratamientos largos y costosos se desechan y excluyen de la contratación de modo que el  enfermo costoso no les impida a los dueños de la EPS la compra de un apartamento en Cartagena, adquirir una casa de campo en Girardot o un viaje de placer a Europa con la amante de turno.
La forma en que el modelo fue diseñado e impuesto al público, permite que la decisión en relación con una enfermedad y su tratamiento no sea exclusiva del médico o profesional de la salud. No. Esas decisiones se toman en los pisos altos de lujosos edificios en donde abogados, administradores de empresas y economistas establecen la gravedad de un hígado graso, la complicación de un vaso sanguíneo cercano al corazón y las características de una tensión arterial alta. Resulta muy sencillo a estos profesionales emitir diagnósticos sobre estos temas debido a que su respuesta es siempre la misma: No se adelante tratamiento alguno que implique hospitalización, tampoco suministro de drogas costosas o cirugías con alto grado de complejidad.
A estas salidas de mercaderes, se suma la habilidad que han alcanzado las EPS en eludir pacientes que se presentan en urgencias con situaciones calamitosas. Sencillamente los mandan a pasear.
Pero a este cinismo consentido por el estado, se le debe añadir un elemento más que permite establecer el modo en que las EPS comercian con la salud, del mismo modo en que un culebrero engrupe a los transeúntes en una calle con un ungüento para curar el asma, la diarrea y el mal de amor.
Este último consiste en considerar a los ciudadanos de la tercera edad, pacientes potencialmente costosos y por tanto, indeseables en su sistema de mercadeo. En efecto, por política de las EPS cuando un paciente alcanza o supera el umbral de los 65 años, los costos de afiliación se incrementan en el doble y los abogados, economistas y administradores de empresas, inician con ellos una labor de medicina profunda mediante la cual excluyen del cuerpo de aquellos pacientes sus corazones, hígados, páncreas, riñones y vasos. Tal cual lo hace un carnicero en una fama de barrio.
Los viejos, esos miserables ancianos que tanta plata nos cuestan, deberían tener la decencia y el buen gusto de morir, eso sí, después de pagar su última cuota de afiliación. Estas parecen ser las palabras o pensamientos de los abogados, economistas y administradores de empresas  durante sus juntas mientras juegan a ser dioses en sus edificios lujosos y con sus bolsillos llenos de dinero y de miseria humana.
Pero eso no es todo, el colapso del sistema judicial tiene en el modelo de salud a uno de sus mayores responsables, hasta para recibir un medicamento medianamente costoso es necesario presentar una tutela.
Un viaje al modelo colombiano de salud, empieza en una lujosa casa de recreo en Girardot o Villavicencio, pasa por un apartamento de ensueño en Cartagena y termina con una niña de nueve meses muerta en los brazos de su madre impotente, por que la EPS no consiguió  una cama para operarla.
Un proyecto de ley cursa en el congreso. Lo elaboró la comunidad científica y pretende poner fin a esta ignominia de mercaderes. Esperemos que las EPS y su lobby de fenicios no lo hagan abortar como hicieron con la dignidad de los colombianos de la tercera edad que tuvieron la mala fortuna de someterse a sus contratos desalmados.

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