Publicado el: Vie, Abr 24th, 2015

UN ASALTO EFICIENTE Y EFICAZ A LA  TORPEZA  


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Por: Mario Serrato /

En 1792, en una compleja situación política de la Francia post revolucionaria, fue fusilado el duque de Enghien, quien se había autoproclamado comandante del  ya vencido e inexistente Ejército Real Francés, El jefe de la Policía francesa, Joseph Fouché, en relación con el imprudente  e innecesario fusilamiento, pronunció una frase que trascendió la historia:

C’est pire qu’un crime, c’est une faute. “Esto es peor que un crimen, esto es un error”

La guerra actual, en cualquier parte del mundo en que se presente, es registrada por los medios. La salida de los norteamericanos de Vietnam, antes que por la estrategia de Ho Chi Min  y su ejército, fue provocada por los medios y en particular los de la televisión.  El último acto militar de las FARC en el municipio de Buenos Aires, Cauca, parece encajar de modo perfecto en la frase de Fouché. Toda acción militar ofensiva debe generar a favor de quien la realiza algún tipo de ventaja estratégica, ya sea militar o política. Es más, las acciones militares están diseñadas para causar un efecto entre los combatientes, efecto que por lo general se traduce en ventaja política.  En tales circunstancias las ventajas deben evidenciarse con facilidad, en razón a que los combatientes de nuestra época no pueden ignorar la incidencia mediática que presentan sus actos.

Las atrocidades que la guerra suele producir son menos ocultables desde que los medios han ingresado con su tecnología al centro mismo del accionar militar. Hoy por hoy, un video tiene más poder militar que un misil o que una AK 47. Y me temo que un twitter, manejado sin escrúpulos, alcanza el mismo poder.

Así suene paradójico, las FARC habían ganado más comprensión popular y mayor incidencia en la realidad política nacional en los 110 días que duró su tregua unilateral, que en 50 años de accionar militar.

El ataque en el Cauca, solo dejó perdedores en los sectores populares y, como siempre, victorias amargas entre quienes desean y les conviene la continuidad de la guerra.

En el momento en que decidió atacar el complejo deportivo en que se encontraban los soldados, el comandante de las FARC que dio la orden detonó más que una granada, disparó algo más letal que una ráfaga de metralla, estalló un aparato mucho más potente que un cilindro de gas. En un solo acto unificó a los medios en contra de su organización.

En cuanto la noticia del asalto se difundió, resultó sencillo ver las manos frotándose de placer en muchos sectores de la política colombiana. El rostro usualmente amargado de los dirigentes colombianos inconformes con los diálogos, se transformó en felicidad y se iluminó a medida que los noticieros se solazaban con la crueldad del ataque. Minuto a minuto seguían con interés los relatos de los medios, mientras sus asesores felices con la oportunidad servida en bandeja de plata, preparaban los discursos lacrimógenos y las declaraciones apocalípticas.

La cámara ultraderechista de algunos medios llegó al corazón de las madres de los soldados muertos, las que con libreto en mano reclamaban el retorno del mesías, la vuelta al paraíso añorado de la seguridad democrática, el regreso de la autoridad que desprecia la paz.

Por supuesto el mesías no perdería tan jugosa oportunidad: se pavoneó como el adalid de la verdad. Se sentó en el trono de la razón y desde allí señaló el camino. Sus argumentos se convirtieron en el sentir del pueblo, y su retorno al poder, en la única opción de la Historia.

Incluso le alcanzó para convertir los cadáveres de los soldados en argumento judicial contra un fallo de la Corte Suprema de Justicia en el que tres de sus alfiles fueron condenados.

El aquelarre de los medios en relación con el ataque a los soldados en Buenos Aires, Cauca, era tan previsible, que constituye un acto de evidente imbecilidad su ejecución.

Las FARC no ganaron nada con el ataque. Los soldados que cayeron en el asalto solo consiguieron la muerte, los diálogos en La Habana sufrieron graves fracturas y la paz recibió un golpe del cual difícilmente se repondrá.

Este es el resultado del accionar de una guerrilla que tiene con la torpeza una relación mayor a la que tiene con la política.

Entre tanto el mesías innombrable se regodea con los argumentos que le regaló un comandante guerrillero, imbécil y obtuso como el que más, con un acto militar que solo alcanza para ser calificado de asalto eficiente y eficaz a la torpeza.

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