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Publicado el: Lun, Jun 2nd, 2014

Tocó en Segunda Vuelta: La Paz


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unicorPor Unicor

“Hoy ante la polarización intencional, los aspirantes presidenciales nos imponen opciones radicales ¡Paz o Guerra!, el paroxismo del terror excluyente”

Las estrategias de exclusión adoptadas por el régimen desde los albores de la república, parecen prácticas heredadas de los usurpadores españoles desde 1492, las que han mutado hasta la actualidad y siguen siendo muy eficientes en el mantenimiento del status quo. Todo se vuelve a presentar reeditado y refinado: el odio, el enfrentamiento, el miedo, la corrupción, la banalización de lo importante. Mientras tanto, no obstante la amenaza, los sectores que reaccionan ante la arbitrariedad, se encuentran, divididos o como los griegos del bajo imperio, congelados por los eruditos de Bizancio, discutiendo sobre “asuntos muy delicados”, empero, sin responder con contundencia a la conquista de Constantinopla por parte de los Turcos.

Así pasó y continua sucediendo, por la división y el enfermizo enfrentamiento entre los caciques aborígenes, como hoy de los sectores progresistas y  ciudadanos, aun siendo superiores en valores y en número, los españoles terminaron sometiéndolos sin misericordia, así se acabó con el sueño de Bolívar de la Gran Colombia, así nos encontró el Pacificador Pablo Murillo, en la patria boba, lo que pagamos con muerte y atraso, así perdimos a Panamá y hoy perdimos a San Andrés, lo más crítico, es que al parecer tantas equivocaciones nos han arrastrado hacia una división que parece insuperable, lo que ha hecho perder hasta la esperanza.

¿Por qué para esta Gran Colombia es tan difícil avanzar en la construcción de sus valores democráticos y vivir en paz, aún dentro de las contradicciones ontológicas de las comunidades humanas?

Nuestro Estado y nuestra sociedad tienen pendiente aprobar varias asignaturas que las acerquen a lo que se conoce como modernidad, la que se entiende entre otras condiciones, por la garantía real de los derechos humanos y con ello, el respeto por las diferencias religiosas, culturales, físicas, sexuales, por la lucha contra la exclusión, la desigualdad.

En la actualidad nos enfrentamos a un desafío análogo, con los mismos actores y similares circunstancias, aún somos esclavos de la tenencia, de la acumulación, aún no salimos de la sociedad premoderna, del apego a la propiedad, la forma más pobre de la realización humana, ya lo decía Hegel:

“…el Estado como razón en sí y para sí, que representa la racionalidad más elevada que pueda esperarse de la vida social. Lo anterior, consecuentemente, lo pone en condiciones superiores, empero, como portador de la moral de la organización…”

Sin embargo, que Estado y que sociedad tenemos hoy, una que aún mata por la propiedad, una a la que se le dificulta tolerar la diferencia, observo lo que decía el filósofo alemán al respecto:

“…La propiedad privada (o derecho abstracto), es la forma más pobre de todas, la más abstracta para subsistir, el hombre necesita bienes elementales esos bienes y esos objetos son su posesión, y mediante ella se afirma: él piensa que su libertad consiste en el respeto de esta posesión. La desventura de tal situación reside en el hecho de que, a fin de cuentas, son los objetos que poseen al hombre, más que éste a aquellos.

El sujeto humano difiere radicalmente de las cosas y debe elevarse por encima de ellas y de sus posesiones. La dialéctica nos hará pasar del mundo empírico al mundo de la libertad, al mundo moral. Esta etapa constituye lo que Hegel llama la moralidad…”[i]

¿Qué tan lejos estamos de esa gran aspiración humana?

Hoy ante la polarización intencional, los aspirantes presidenciales nos imponen opciones radicales ¡Paz o Guerra!, el paroxismo del terror excluyente, ¿y dónde quedan las opciones integradoras?, ¿se podrá hacer la paz sin contar con la diferencia necesaria, se justifica más años de guerra por quienes por más de 50 años, han decidido en un frente nacional extendido por décadas, malograr el futuro grande del país?

Es verdad, es mejor optar por las promesas de paz y no por la certeza de la guerra, empero, es mejor aún, ser conscientes que en el mediano plazo se debe optar por un punto de inflexión, que nos permita el reencuentro entre todos los participantes del evento electoral, de los excluidos, los abstencionistas, de los indignados, y por fin se empiece a perfilar una sociedad que camina hacia su liberación y hacia el abandono de las ideas y comportamientos que nos condenan a una vida superflua y sin sentido.

 


[i] HYPPOLITE, Jean. Introducción a la Filosofía de la Historia de Hegel. Montevideo: Editorial El Caldén, p. 1970, p. 83- 89

 

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