Publicado el: Lun, Oct 7th, 2013

Solución a Problema Agrario: Una Cárcel


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El ministro de defensa de Colombia, un hombre muy joven que anda siempre con el pelo engominado, presenta un proyecto de ley que resuelve los problemas del campo y de los  campesinos colombianos, la solución es una: la cárcel.
Efectivamente este chico, de verbo fácil y gatillo pronto, propone una ley que convierta en delito la “obstrucción de vías públicas que afecten el orden público”.  Con esta propuesta, que sin duda se convertirá en ley de la República, se asegura que en caso de incumplimiento a los acuerdos alcanzados con los voceros de los campesinos, estos serán criminalizados en caso de que insistan en su cumplimiento con la única vía que les queda y la única que le preocupa al gobierno: salir a la calle y protestar.El reconocimiento de una deuda histórica con el campesinado, la obligación de cumplir con los mandatos constitucionales y legales que conminan al estado a respetar el derecho al trabajo del campesino, la necesidad de destinar mayor presupuesto a la atención del campo y del campesino, la mejora en las condiciones de comercialización y transporte de sus productos y la posibilidad de competir en un marco en que se les garanticen condiciones de igualdad con productos extranjeros subsidiados, son, todas las anteriores, argumentos necios, la solución es simple: la cárcel.¿Cómo no se nos había ocurrido antes?, ¿Será por qué resulta un poco incómodo apresar a una viejita casi ciega y octogenaria de Cucáita, Boyacá, con su sombrero de fieltro y sus arrugas de nobleza?. ¿O porque resulta un tanto costoso apresar, juzgar y condenar a mas de 100 mil personas inconformes que se tomarán las carreteras del país para pedir que los permitan trabajar?. ¿Será  por qué al apresarlos se reduce de manera bárbara la producción de alimentos, situación que nos precipitaría al desabastecimiento?. Por último, no se nos había ocurrido antes por esta otra razón: Porqué es una canallada y si la aprueban seguirá siéndolo.
El estado moderno, o social de derecho, como le llaman en la actualidad, no suele criminalizar sectores enteros de la población, como hacía la Alemania nazi con el pueblo judío, o el imperio otomano con los armenios, o Gen Gis Kahn con los chinos. Por Dios,  joven ministro, en algunas cosas ya salimos de la barbarie, ¿A que se debe su deseo de volver a ella?
Se imaginan que mañana un legislador o un ministro le de por creer que el uso de la gomina en el pelo genera proclividad al homosexualismo y presente un proyecto de ley  que la prohíba hasta el extremo del encarcelamiento de quien la use?
La propuesta del joven ministro va más allá: pretende desconocer la consagrada constitucionalmente, presunción de buena fe e imponer la mala fe como conducta natural del hombre. Esta conquista de las naciones y de la  condición humana, que en muchas legislaciones ya cumplió más de doscientos años, sufrirá grave mella en Colombia en caso de que el proyecto del joven ministro sea aprobado.

Mañana será incorporada la tortura en los interrogatorios, después la castración física de personas inmersas en delitos sexuales, y por último, nos pondremos a revisar la pureza de la fe y de la sangre, para imponer, como pretendía Torquemada, un orden sagrado, sin disidentes y sin cuestionamientos.

Todo lo anterior, porque el gobierno no cuenta con las calidades y condiciones de independencia frente a las economías poderosas, ni la preparación de sus funcionarios, ni la inteligencia que le permita resolver con acierto los problemas del campo colombiano.

Ahora, no olvidemos que el ministro Pinzón, así se apellida, no remite un proyecto de ley sin la aprobación o visto bueno de su jefe inmediato. El mismo que, tartamudeando, como siempre, en ocasiones habla de justicia social.

Desde este momento me ofrezco para defender a los campesinos que lleguen a la cárcel por cuenta del ministro engominado y de su tartamudo patrón. Pero me llena de terror que alguna  vez digan que los campesinos apresados en la protesta callejera: “No existen”.

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