Publicado el: Lun, Nov 4th, 2013

Snowden, el costo de la Verdad


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SerratoPor Mario Serrato Valdez/ 

“Superado el impasse, Snowden y la verdad, volverán al cuarto frio del olvido y los Obama, las Merkel, los Uribe, los Stalin, los Pinochet, los Hitler y los demás de su ralea, seguirán al frente de los destinos humanos.”

Casi todas las constituciones que conozco le otorgan un gran mérito a la verdad. La colombiana, por ejemplo, en su artículo 20, garantiza al ciudadano el derecho a obtener información veraz e imparcial. La verdad es conocida como la primera víctima de la guerra, la segunda víctima de la intriga y la tercera víctima de la desconfianza. Su contraparte, la mentira, es conocida como el primer argumento de la diplomacia y el soporte fundamental del poder. La verdad y la mentira suelen confundirse según los intereses de quien interpreta la realidad. Sin embargo la mentira, a diferencia de la verdad, tiene más posibilidades de llegar e introducirse en la conciencia del ciudadano del común, de ese modo ella se convierte en el argumento en que basa sus decisiones y presenta sus posiciones.
La verdad, por los efectos nocivos que tiene para el poder, suele mantenerse oculta. Ella tiene la propiedad de poner en evidencia las verdaderas intenciones de las personas y los ánimos mezquinos del poder. La presencia de la verdad logra desestimar aprecios artificiales, dislocar estadísticas, descubrir el alma, fotografiar la mala fe y desnudar falsos mesías . O lo que es peor, a quienes se consideran mesías.
Los amigos del poder, entre los que se suman los gobernantes de todas las pelambres y épocas, presumen que la verdad forma parte de su condición, situación que entre los fundamentalistas religiosos alcanza el nivel de inapelable. Los dueños de la verdad, o quienes dicen serlo, conviven con la mentira de tal manera que una y otra se diluyen en una especie de salpicón de valores y principios, disueltos con el desprecio, el odio y el interés personal.
La verdad tiene en el secreto el más peligroso y letal de los lobos. Y en el poder encuentra al más hipócrita de los amigos. Pero como todos los lobos, amigos hipócritas y presuntos mesías, el mentiroso o el ocultador de la verdad siempre encontrarán en su vida algo o alguien que los denudará y pondrá en evidencia la fealdad de sus espíritus y su desprecio por la lealtad.
La humanidad pudo haber conquistado con mayor facilidad la equidad, la igualdad y la vida misma, si sus hombres poderosos hubiesen hecho de la verdad la razón de ser del poder. En cambio vivimos la mentira o el ocultamiento de la verdad como una condición inexorable e inmodificable del devenir de la especie y de la historia.
En este escenario surge Edward Snowden quien, atolondrado por las circunstancias, o en una maravillosa e irrepetible situación de exposición de la verdad a cualquier precio, le entrega al mundo una realidad que pone en evidencia las modalidades mas repugnantes del poder. Realidad que deja ver la deslealtad, la arrogancia, la desconfianza, la falta de respeto y la miseria humana.
Snowden nos permite creer por una vez en que somos capaces de conocer, tarde o temprano, cuales son las verdaderas intenciones o acciones del poderoso y cual es, desde la perspectiva humana, la forma en que hemos concebido y practicamos el poder.
Snowden, con su cara de bobo y su aparente timidez de adolescente, ha hecho más por la verdad que los religiosos y todos los políticos de la tierra. Lástima que conocer la verdad carezca de utilidad práctica y esta sea solo un impasse más en la loca carrera del hombre por conquistar el poder.
Superado el impasse, Snowden y la verdad, volverán al cuarto frio del olvido y los Obama, las Merkel, los Uribe, los Stalin, los Pinochet, los Hitler y los demás de su ralea, seguirán al frente de los destinos humanos.

 

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