Publicado el: Mar, Abr 15th, 2014

SIETE TONELADAS DE PERICO


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SerratoPor Mario Serrato

“Alguna vez escuché decir que locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. ¿Será verdad? En la guerra contra las drogas se encuentra una evidencia”.

El 9 de abril de 2014 fueron incautadas en Cartagena siete toneladas de cocaína, léase bien: siete toneladas de cocaína.

Esta cantidad puesta en las calles de Nueva York, Los Angeles, Chicago o Rotterdam, puede convertirse en 21 toneladas después del patraseo. Para los mojigatos: es la rendición de la mercancía cuando esta se mezcla con talco para los pies, sal de frutas molida y harina para amasar pan en las dosis que irán a las calles para la venta al menudeo.

Siete toneladas de perico colombiano de magnifica calidad no alcanzaron el mercado callejero de las ciudades ya mencionadas, sin embargo, reto al mundo y sobre todo a la Policía de Colombia, Europa y a la DEA en particular, a que  adelanten una investigación para que establezcan si después de esa colosal incautación el precio de la dosis subió, la calidad del perico bajó, la consecución de papeletas en las calles se dificultó o sí la riqueza de los narcotraficantes aminoró.

Me atrevo a asegurar que la respuesta a cada una de esas preguntas será negativa, o un no rotundo. También me atrevo a asegurar que los narcotraficantes no tenían mercancía  guardada en esas ciudades para atender el mercado, y este no dio muestras de desabastecimiento, lo que significa que esa cantidad tan asombrosa fue repuesta tan rápidamente como fue incautada. La conclusión produce ganas de llorar porque de nada sirvió la incautación.

Bueno, si sirvió para algo, no se puede negar que algún Policía recibirá alguna medalla amarillenta, un apretón de manos de un alto jerarca de la DEA, funcionario que unos meses después de su retiro será miembro del equipo de abogados de la mafia, y por último ese mismo Policía orgulloso y noble, recibirá una invitación a cenar, con honores incluidos, en un espléndido restaurante de Manhattan, el cual será de propiedad de algún mafioso discreto y bien relacionado.

En lo que hace al negocio, se puede asegurar que agentes norteamericanos consiguieron matar a Pablo Escobar y a Rodríguez Gacha y extraditar a los hermanos Rodríguez  Orejuela, pero no han conseguido reducir en lo más mínimo el ingreso de cocaína colombiana a sus costas.

Cualquiera de esos tipos que extraditó Uribe una madrugada de mayo de 2008, consiguió exportar más droga hacia los Estados Unidos y Europa que Escobar, los hermanos Rodríguez Orejuela y Rodríguez Gacha juntos.

Mancuso, Jorge 40, Macaco, Gordo Lindo y Cuco Vanoy, por mencionar algunos, azotaron las costas y ciudades de esa gran nación y algunas de Europa, gracias a que con sus “coronadas” empolvaron las narices de más de 40 millones de sus habitantes por día.

Tras su extradición, un sinfín de eficientes mini carteles satisface el mercado de la droga y con ello a los usuarios habituales, sin que estos hayan manifestado en momento alguno dificultades en su consecución, incremento en el precio o disminución de la calidad.

Mientras la guerra contra las drogas no consigue victorias ni  incrementando el número de hombres o tecnologías incorporadas en su combate, a pesar de la destinación de enormes cantidades de dinero para el fracaso, la opción de la legalización cachetea el rostro de quienes persisten en ella.

Insisto en el reto que les hice, solo pongo una condición: adelanten la investigación con una entidad que no reciba dineros del tesoro norteamericano para el combate de la droga.

Aquellas entidades, militares o civiles que reciben tales dineros, tienen el mismo nivel de dependencia y adicción que los ejecutivos de Wall Street y que los hijos de jeques árabes conocidos por derrochar inmensas fortunas entre pase y pase en los casinos de Mónaco, Las Vegas o Atlantic City.

Lo que cambia es que su adicción la satisface el dinero de contribuyentes frustrados.

Alguna vez escuché decir que locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. ¿Será verdad? En la guerra contra las drogas se encuentra una evidencia.

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