Publicado el: Jue, May 28th, 2015

SE SALVARON


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uribe3Por: Mario Serrato

Estuvimos a punto de reorientar billones de pesos a la educación y a la salud. Por un pelo perdimos la oportunidad de mejorar las condiciones de vida de las personas que viven en el campo al destinar a sus parcelas y habitantes, capacitación técnica, suministro de semillas de calidad, condiciones de trabajo y comercialización de sus productos con remuneración digna y posibilidades reales para los hijos del campo.

Por muy poco estuvimos cercanos a la disponibilidad presupuestal que nos habría permitido alcanzar la fantasía inimaginable de la erradicación del analfabetismo. Faltó casi nada para que dispusiéramos de las condiciones presupuestales que permitieran a todas las poblaciones de Colombia disponer de acueductos con agua potable y alcantarillado.

Unas semanas más, unos meses más, y con seguridad habríamos conseguido salir de las vergonzosas primeras posiciones que ocupamos entre los países más desiguales del planeta.

Por una miguita, como dicen en la Costa, perdimos las condiciones que nos hubieran permitido destinar más dinero a la investigación y al conocimiento.

Casi conseguimos que los proyectos de desarrollo de mujeres marginadas, afros e indígenas, dispusieran de recursos para su puesta en marcha y sostenibilidad.

En cambio: se salvaron los contratos billonarios de las compañías de seguros con las fuerzas armadas. Se salvaron las compras de granadas, fusiles, uniformes, pertrechos militares y los multimillonarios recursos destinados a los gastos de la tropa.

Se salvaron los contratos para las bolsas de cadáveres y los jugosos negocios con los ataúdes de reglamento. Se salvaron los enormes recursos para el pago de asesorías en las  Fuerzas Armadas y las botellas de licor  para los casinos de oficiales.

También se salvaron los cocteles de militares retirados con civiles militaristas en cuyos clubes renacieron las conversaciones tranquilas sobre la guerra lejana, gracias a que se eliminó la posibilidad de la paz inadmisible.

Se salvaron también las sonrisas espléndidas de Fernando Londoño y del procurador y la alegría de José Obdulio.

Desapareció el ceño fruncido en la frente de Alfredo Rangel y la alegría de María Fernanda Cabal ilumina el recinto de la Cámara de Representantes.

Pero la mayor salvación se encuentra en la recuperación del sueño del innombrable y la paz que le produce el conteo de cadáveres solo interrumpido por las maniobras erráticas del presidente traidor.

Ahora podemos decir con alegría: se salvaron los cincuenta años que hemos invertido en la guerra. Se salvaron.

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