Publicado el: Lun, Abr 21st, 2014

SANTOS Y LA POBREZA


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pobreza-en-colombiaPor Mario Serrato/ 

“Con ese dinero, según los economistas extasiados, se puede pagar arriendo, comprar el mercado, educar a los hijos, vestirlos, acometer los servicios públicos y asistir de vez en cuando al estadio para ver jugar al santafecito lindo”

Hace unos días en primera página de El Tiempo, apareció una noticia magnifica para los colombianos: 2.5 millones dejaron la pobreza en 4 años. Por Dios, casi me caigo de la  silla en la que estaba sentado. Sin duda Santos es un excelente Presidente, pensé. Pero como también es un excelente jugador de póker, me pareció conveniente establecer de qué manera alcanzó tamaño logro o de qué modo consiguió un indicador tan positivo y estimulante.

Entonces me dispuse a leer la noticia a fondo y a investigar en otras fuentes y, rápidamente, encontré el truquito de tahúr al que nos tiene acostumbrados.

La cuestión es así: un grupo de economistas, sin duda trabados o bajo los efectos de algún licor muy fuerte, se reúnen en un salón elegante de un club social y en medio de las imágenes alucinógenas causadas por lo que han consumido, deciden que un colombiano es pobre solo si tiene ingresos inferiores a 350 mil pesos en un grupo, (puede ser el familiar) de 4 personas. Lean bien, 350 mil pesos al mes para 4 personas.

Con ese dinero, según los economistas extasiados, se puede pagar arriendo, comprar el mercado, educar a los hijos, vestirlos, acometer los servicios públicos y asistir de vez en cuando al estadio para ver jugar al santafecito lindo: primer campeón de Colombia.

También alcanza para adquirir los libros y cuadernos de dotación para la escuela de los pelaos y sobra algo para atender la gripa, los piojos que traen de ella y las cortadas y raspones que se hacen al jugar futbol con un balón prestado.

Según los economistas que rodaron el porro, subieron el pase, o culminaron el chuteo, esa cantidad también alcanza para adquirir los elementos de aseo personal y locativos.

Es, en este tipo de alucinantes viajes por el mundo de la economía, con los métodos ya indicados, donde se crean y establecen las tablas para medir la pobreza.

Aceptadas estas tablas por los de siempre: BID, Banco Mundial, Reserva Federal y el aciago FMI, se da inicio a una febril labor de adecuación de la realidad a algo que los gobiernos conocen con el nombre rimbombante de Planes de Desarrollo.

Entonces aparecen un montón de yuppies a profetizar desde Planeación Nacional, Ministerio de Hacienda, Fenalco o Fedesarollo, y en sus profecías de yonkis, consiguen convencer a los colombianos (y a ellos mismos), que esos 350 mil pesitos al mes para cuatro personas son más que suficientes.

En este escenario le surge a Juan Manuel la idea de  reducir la pobreza mediante la introducción de un formato canalla: llama a los mismos economistas que dejamos allá atrás trabándose, les proporciona un poco de mermelada y consigue que le entreguen una tabla nueva en la que se establece que 206 mil pesos, ya no 350 mil pesos, son suficientes para las mismas 4 personas y voilà: 2.5 millones de personas dejan la pobreza en 4 años.

En palacio lo felicitan, en las tertulias económicas de Fedesarrollo le aplauden. El pájaro loco, Christine Legarde del FMI, le remite un mensaje de admiración. Uribe no dice nada (por supuesto Oscar Iván tampoco) y Marta Lucía habla de otras cosas.

Entre el gremio de poderosos una sola voz se alza: la de María Mercedes Cuellar de Asobancaria, quien considera que el monto de 206 mil pesos para 4 personas debería destinarse, de forma exclusiva, al pago de la cartera vencida de los bancos.

En el hogar de los 206 mil pesitos que ya no es pobre gracias a Juan Manual y a sus amigotes, la aguapanela es el único alimento con proteína, nunca se compraron los útiles escolares, no adquirieron ropa ni enseres personales y los piojos agobian la cabeza de los pelaos mientras el hambre agobia sus estómagos.

Nada de esto importa, ya se está repartiendo la otra mano y el juego continúa.

 

 

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