Publicado el: Mie, Nov 20th, 2013

Santos, Traidor


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Mario Serrato avatar--2013 copiaPor Mario Serrato

“Primero, a Uribe le importa un bledo la reducción o muerte de la tutela, segundo: a mi me importa un bledo que Santos traicione a Uribe, o viceversa”.

En la política colombiana se encuentran casos de traición y deslealtad que supongo son comunes en una actividad que hemos pauperizado de modo tal que se convirtió en la  actividad más cuestionada del mundo. Los políticos compran y venden votos. En cuanto caen en desgracia por la vejez o la cárcel, endosan los votos a sus hijos o familiares del mismo modo en que los estudiantes pobres de un internado se prestan la ropa interior recién usada después de una prolongada clase de educación física.
En sus artimañas los políticos hacen componendas y acuerdos que se mantienen solo el tiempo exacto de la conveniencia personal y ésta es determinada por intereses que en todas las ocasiones presentan por único sustento el poder y el dinero del erario.
Las traiciones entre ellos muestran en todas las ocasiones la elasticidad moral que los caracteriza y evidencian la falta total de escrúpulos cuando se trata de perseguir y consolidar sus propósitos.
De todas estas traiciones la más aberrante es aquella en que los políticos despedazan las conquistas populares y las esperanzas de la comunidad, con el argumento de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.
Es el caso de la reforma constitucional que introdujo el concepto de sostenibilidad fiscal, (acto legislativo número 3 de 2011) con el que se pretende impedir que las demandas contra el estado en el que éste resulte condenado, desborden las arcas del tesoro púbico. Sin embargo, aunque la reforma expresó  su protección a los derechos fundamentales, lo hizo haciendo referencia al ambiguo concepto de núcleo esencial de ese tipo de derechos.  Concepto que varía según el criterio de los magistrados, la intensidad de la relación que estos sostengan con el gobierno y los límites que se impondrán en la reglamentación de la norma constitucional.
Dicho de otro modo, los jueces de tutela, considerada la mayor conquista de la constitución del 91, antes de concederla, se obligarán a anteponer las necesidades fiscales sobre los derechos fundamentales.
Esa tutela que emergió limpia y victoriosa de la constituyente. La misma que soportó las incoherencias en la reglamentación para su reparto originadas en el gobierno de Andrés Pastrana. Aquella que sobrevivió  a las dentelladas de tiburón que le hizo el Ministro del interior de Uribe, Fernando Londoño, (el de Invercolsa) cuando propuso eliminar el concepto de tutela por conexidad. Esa misma tutela que se convirtió en la queja y lloriqueo de los magistrados perezosos, y que aun así se mantuvo a flote. A esa tutela, en una maniobra de jugadores de póker, le asestaron la más profunda de las puñaladas.
La reglamentación que pronto cursará en el congreso de la unidad nacional y que será aprobada  a pupitrazos con sabor a mermelada, dejará a la tutela tan muerta como quedó la acción de cumplimiento en el gobierno de Samper al reglamentarla del siguiente modo: La Acción regulada en la presente Ley no podrá perseguir el cumplimiento de normas que establezcan gastos.  (Parágrafo del artículo 9 de la ley  393 de 1997).

Los que en principio leyeron el titular de esta nota y creyeron que me referiría a la cacareada traición de Santos a Uribe, se equivocan por dos motivos,  primero: a Uribe le importa un bledo la reducción o muerte de la tutela, segundo: a mi me importa un bledo que Santos traicione a Uribe, o viceversa.
Me importa que entre los dos, y sus seguidores mermelosos o fanáticos, consigan que la tutela sea asesinada con el mezquino argumento de la sostenibilidad fiscal. Es ahí en donde encuentro que Santos es un traidor, pero traidor a los derechos que los colombianos tardamos más de 150 años en conquistar.
Nota: el Ministro de Agricultura solo puede enfrentar los argumentos del senador Robledo con argucias de poder. En todo lo demás es tan inferior a su oponente que produce pena.

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