Publicado el: Mar, May 10th, 2016

Reflexiones sobre paz, diálogos y post-acuerdo

unicorPor Unicor//

Colombia  ha sido una sociedad signada por la violencia, parece ser que los desafíos para construir nación relacionados con el actuar consciente y reivindicatorio del pueblo, no han tenido como respuesta por parte de las elites gobernantes, hechos de paz, de civilidad, que permitan la consolidación de ciudadanías, del reconocimiento de las causas del conflicto, y del trámite de dichas diferencias, de forma digna, soberana y tranquila[i].  

Lo máximo que se ha conseguido, además de algunas reformas esporádicas e insuficientes, es que los diferentes gobiernos históricamente intenten por diversos factores, llegar a la paz con los grupos armados, a través de diálogos que en la mayoría de las veces, buscan lidiar con un problema incómodo para las elites, de alcanzar una pretensión hegemónica de subyugar al enemigo, de acabar con el uso de las armas en su contra, más que reconocer las causas del conflicto, y la consiguiente necesidad de acometer reformas estructurales que impacten de forma directa la manera como se entiende la convivencia o sobrevivencia en la sociedad colombiana[ii].

Aunque en la actualidad los diálogos de la Habana, parecen una reedición de la misma receta, sin duda, ellos abren la puerta, incluyendo los intentos iniciales con el ELN, a que la sociedad colombiana transite hacia la consecución de unos acuerdos de paz, lo que es deseable para una sociedad que en casi toda su historia republicana, no ha conocido vivir sin los costes de un conflicto armado, solo aquellos que se benefician de un estado de guerra, persisten en su posición, altamente rentable en el reino de las falacias, de las emociones, de la demagogia. No obstante, y más importante aún, es que estos diálogos y el muy probable resultado: los acuerdos, nos ponen ante el reto de preguntarnos cuál es la paz que se está negociando, cuál es la paz que entendemos y queremos para la Colombia del presente y del futuro[iii].

La paz formal que se negocia en la habana entre dos partes, el gobierno y las FARC que comparten algunas características: relativa deslegitimación y absoluta necesidad de ir a la mesa, si se firma, representará por sí sola, un importante logro para el país: no más muertos por un conflicto armado que tendía a permanecer en el tiempo con todo tipo de descomposiciones y degradaciones, la no producción de más víctimas inocentes, desplazados, la no presencia de un fenómeno de violencia permanente que distorsiona el quehacer nacional, e impone la zozobra en gran parte de la geografía, y la no justificación de las grandes inversiones en dineros públicos para financiar dicha guerra.

Pero serán los anteriores resultados suficientes para responder a cabalidad a una sociedad que al parecer, aspira a transitar por caminos alternos a la violencia, al atraso y a la discriminación, o será, que dichos acuerdos, podrán representar la base para un nuevo dialogo social, dialogo que deberá incorporar para que sea fructífero, nuevas alternativas conceptuales, ajenas a la imposición de las violencias armadas, ideológicas, verbales, sociales, económicas, jurídicas, que permitan diseñar una nueva praxis social

Sin duda para la construcción de una nueva sociedad se requiere un nuevo sujeto político, capaz de aportar con acciones precisas y conscientes a este proceso y al post-acuerdo – porque de lo que se trata precisamente es de no permitirnos una paz escaza – si las ciudadanías asumen que no nos encontramos simplemente frente a un periodo más de nuestra grisácea historia;  ya que Colombia, casi siempre ha vivido en guerra, sino que nos encontramos ante una oportunidad única para desatar de forma civilizada, toda una amalgama de opciones teóricas y prácticas, que nos permitan no solo transar las viejas deudas, sino de ponernos a tono con las respuestas que exige  la postmodernidad de la vida en sociedad, este proceso será un punto de partida democrático que permitirá las reformas que las ciudadanías estén en capacidad de implementar.

Pero ojo, el desafío no es fácil de asumir, la ideología está cumpliendo su función, su líder por antonomasia vocifera contra los diálogos y muchos, por ignorancia y manipulación se proclaman a priori enemigos de la paz. La paz que se negocia en la Habana es imperfecta, pero es un punto de partida, las ciudadanías conscientes y organizadas son las que deberán decir hacia dónde.

_____________________________

[i] Sarmiento O., C. M. (1985). Estado y subversión en Colombia. Bogotá: CIDER.

[ii] Cronología de los procesos de paz adelantados en el país, tomado de mx.reuters.com (Página de Inicio › Noticias › Titulares

[iii] Oficina del Alto Comisionado para la Paz. (2013). Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz estable y Duradera. Extraído de: http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/acuerdo-general/Paginas/inicio.aspx   

 

Deja un comentario

XHTML: Puedes usar estos tags en HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>