Publicado el: Mie, Oct 28th, 2015

¿“Recuperar” a Bogotá?


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DSC04068Por Guillermo Segovia Mora//

“Lo claro es que por la oposición rastrera de algunos medios de comunicación, voceros de  intereses económicos  beneficiarios del régimen de contratación pública, que llevaron el desprestigio de Petro y su modelo de desarrollo urbano sustentable hasta el hazmerreír, y las dificultades propias de articular una alternativa de poder con base social consistente para apalancar los cambios y socializar y legitimar el modelo propuesto, la izquierda no pudo ampliar su electorado y perdió el mando de la ciudad”

Frente a los resultados de las elecciones del 25 de octubre en Bogotá hay dos formas de análisis. El formal que  plantean algunos analistas, según el cual  el candidato ganador se impuso porque:  1) Logró sintonizarse con las demandas de una opinión pública angustiada por los problemas de seguridad y movilidad, del que responsabilizan sin matices a  Petro,  2)  Por su conocimiento en materia de urbanismo que generó confianza y 3) Siempre ha sido merecedor de un amplio reconocimiento por sus ejecutoras en el mandato anterior, que se hace extensivo al período en  el que lo antecedió y lo sucedió Mockus e incluso hasta Jaime Castro, esta vez entusiastas impulsores de Enrique Peñalosa, publicitada como la era de oro de la ciudad. Esto en contraste con la última década de “fracaso” de la izquierda, con todo y su  irrebatible balance social.

Otra manera de abordar el asunto en la substancia indica una lánguida campaña inicial de un candidato elusivo y contradictorio, pero en el trasfondo privatista, decorador  y represivo, frente a un poco carismático y conciliador candidato liberal y una candidata sólida y clara, jugada por lo público y la seguridad humana. Así estuvieron las cosas hasta que la gran prensa  -al servicio del empresariado contratista en la ciudad y de las visiones más conservadoras- se quitó la máscara y puso acelerador a la estrategia: el desprestigio y deslegitimación de Petro fue el escenario para, con el ingrediente de la asociación de la candidata del Polo con el ex Alcalde Moreno, judicializado por corrupción, y la supuesta incompetencia del mandatario, arrebatarle a la izquierda el mando en Bogotá. En adelante Peñalosa se trepó en las encuestas hasta ganar. Pero no se trata  simplemente de trocar un alcalde. Se impuso una visión de ciudad para el capital y se trunca una apuesta de gran calado humano y social, que prioriza lo público sobre los negocios, caricaturizada por impostores analistas modernos.

Los resultados no obstante no arrojan una amplia legitimidad para el vencedor como tratan de inducir los medios puesto que, como a Petro, solo lo acompañó el 33% de los votantes pero ahí sí, depende quien gane. Al medio millón largo de las  elecciones de 2011 más los de Galán, ahora empaquetados ambos  en Cambio Radical, le sumó los de los conservadores de Martha Lucía Ramírez en las presidenciales del año pasado. Toda votación de derecha. La izquierda, juntando lo que es izquierda, que votó por Clara en la misma cantidad que lo hizo el año pasado en la presidencial, está en sus tres. Perdió gente frente a la elección de Petro,   voto de opinión que  afectado acompañó ahora a Pardo. De ahí la mezquindad  de algunos oportunistas, dentro y fuera del Polo, que aducen que aliarse con Progresistas  la perjudicó. Y Samuel, Samper y los López ¿No?

Las elecciones no se pierden en las urnas

Lo claro es que por la oposición rastrera de algunos medios de comunicación, voceros de  intereses económicos  beneficiarios del régimen de contratación pública, que llevaron el desprestigio de Petro y su modelo de desarrollo urbano sustentable hasta el hazmerreír, y las dificultades propias de articular una alternativa de poder con base social consistente para apalancar los cambios y socializar y legitimar el modelo propuesto, la izquierda no pudo ampliar su electorado y perdió el mando de la ciudad. El sello de la campaña de Peñalosa de “recuperar a Bogotá”, tan entusiastamente apropiado por el Vicepresidente y precandidato presidencial 2018, Germán Vargas Lleras, quien hace de la infraestructura arrolladora la catapulta necesaria para su ambición, en este contexto cobra todo su significado

A la sociedad se le trasmitió -y en gran medida se logró el objetivo debido a la manipulación mediática-  el fracaso administrativo y gerencial de Petro, pero no se le plantea en qué y frente a qué. El Plan de Desarrollo Bogotá Humana y la modificación del Plan de Ordenamiento Territorial, suspendido judicialmente a expensas de adversarios de su orientación, no ofrece lo que los medios y la oposición de derecha le reclaman. Si bien los organismos de control corroboran atrasos e incumplimientos, bastaría revisar los de pasados gobiernos para corroborar que, más allá de los reportes maquillados, las metas fueron incumplidas en aspectos en los que se falló en el diagnóstico por diversas razones, como le pasó ahora a Petro. O quedaron en el olvido frente a realizaciones físicas o simbólicas efectistas como fue el caso de Peñalosa y Mockus hace años.

Aparte de enfrentar problemáticas acumuladas por inacción de sus antecesores, la corrupción enquistada hace décadas en el Distrito o por cortoplacismos vendidos como panaceas, amén de un golpe de estado institucional, Petro cumplió  con las líneas gruesas de la Bogotá Humana, incluido el trámite del proyecto Metro en su versión más acabada, ahora en cuestión con alternativas para nada claras. Además se oculta que varios desencuentros con programas nacionales de casas y vías (Vicepresidente y Ministerio de la Vivienda, en particular) que incidieron en bajas ejecuciones e incluso oposición a concertarlas, tienen que ver con diferencias radicales de concepción frente a temas como la seguridad alimentaria,  cambio climático,  preservación de ecosistemas,  protección y racionalización del agua, e integración regional sustentable, desde una posición digna en un país descentralizado. A lo que se suma un Concejo que por disímiles motivaciones, desde la representación de intereses privados o de la oposición nociva pasando por radicalismos mezquinos hasta envidas personales, atrasó, replanteó hasta desfigurar y archivó con desdén y revanchismo muchas propuestas.

En el manicomio la razón es necia

En nombre del equipo de Planeación más profesional y preparado en la línea de un urbanismo social moderno con que haya contado el Distrito, Petro dio la pelea por líneas del Plan Bogotá Humana y del Plan de Ordenamiento Territorial que fueron sistemáticamente saboteadas desde el empresariado constructor monopólico, medios asociados, políticos beneficiados, académicos adulados. De lo que no pudo hacer queda un robusto acervo documental que da cuenta de la ciudad caótica traída hasta ahora por quienes la gobernaron en el siglo XX y la ciudad humana que comenzó a echar raíces y se propone para el futuro. Hacienda puede mostrar un recaudo fortalecido y en crecimiento. En el sector Movilidad, colapsado por la alternativa que lo guio por lustros, se mide el SITP al faltante a sabiendas que de los decretos, con dificultades, se llevó al 85% de implementación. En Trasmilenio, el tiempo dirá si el asunto es de más troncales públicas  para un negocio privado y si no fue un error garrafal haber aplazado el Metro.

Ahora, políticos que mantuvieron y mantienen a la ciudad bajo un régimen clientelar y se enriquecieron sobre la miseria o la nueva gerencia neoliberal que sabe que en la globalización y para fines económicos es intolerable,  con sus respectivos ecos mediáticos, pretenden minimizar el gran logro de quienes a nombre de la izquierda, y a pesar de sus desvíos, gobernaron la ciudad en la última década, en particular Petro que muestra resultados inobjetables en reducción de la pobreza, inclusión, superación de la segregación y respeto a la diversidad. Bogotá Humana llegó a estas poblaciones para reivindicaras como sujetos de derechos en contraposición a las dádivas a beneficiarios para paliar los efectos de la extorción neoliberal. Quienes critican los programas por la supuesta desfinanciación y quiebra de las entidades deberían contar en qué hubieran invertido ellos la plata.

El problema del cambio está en los líderes,  el poder, las estructuras y los tiempos. Rupturas como las quiso lograr Gustavo Petro demandan mayorías, ciudadanías conscientes y organizadas, un aparato administrativo moderno, comprometido y eficiente, y tiempo. Descontando su capacidad, iniciativa y compromiso, parcialmente contó con gente y definitivamente solo su equipo lo acompañó en el Distrito. Solo contra el mundo intentó remover esas talanqueras con audacia política y jurídica, promoviendo la movilización de multitudes, haciendo pedagogía con el discurso. Si bien todo eso dejará huella, no fue suficiente. Se perdieron varias apuestas ante la incomprensión de la gente, los diques del poder real, una estructura institucional y legislativa estatal manejada por los factores tradicionales y guardián del statu quo. En la versión ligera de los medios esto se traduce en un fracaso por arrogancia, mediocridad e ineptitud e intentan mancharlo de corrupto para sepultarlo por siempre. Pero si  esas fueran las razones hace rato que se habría extinguido la clase política colombiana.

Corrupción, la marca del retroceso

Eso sí,  en el estancamiento de la izquierda hay otro factor determinante: su distintivo en épocas de amalgamas ideológicas, descoloración al centro y trasfuguismo, aquí y en cualquier parte, era la trasparencia en la utilización de los recursos públicos, la intransigencia ética, el ejemplo moral.  El “carrusel” de la contratación que envolvió a la administración Moreno, el Concejo y los órganos de control, con la participación de todos los partidos coaligados, hay que decirlo, fue y es una bofetada de excremento a una población para la que la imagen de la izquierda era  sacrificio, mártires, austeridad y ascetismo. De repente se encontró que era más de lo mismo.

No se supo cómo o no se quiso  hacer el juicio, proferir la condena y enmendar el error. Salvo Petro con los Progresistas, la izquierda calló y, no obstante los esfuerzos de éste, el descreimiento y falta de entusiasmo en sectores medios y populares  continuó acicateado por la constante y acuciante  denuncia de los órganos de control y la prensa las más de las veces con objetivos políticos, aunque tampoco se puede negar que no haya aparecido situaciones incómodas para la administración. Dentro del Polo se creció un monstruo que le desgarró la piel a la izquierda y doloroso será el tratamiento para que sane. La derecha lo sabía y cotuda echó sal en la herida, incluso contra el Alcalde: ese es de la misma casa.

Mientras sus enemigos le achacan a Petro mediocridad e ineptitud, desde orillas amigas le critican arrogancia, distancia e inorganicidad. Sean o no esos sus defectos con el tiempo Bogotá tendrá que agradecerle que puso sobre el tapete las problemáticas críticas derivadas del desarrollo salvaje, las alternativas humanistas para erradicarlas o aminorarlas y valores mayores para la sociedad como la diversidad, la justicia y la equidad, en todo con resultados aunque los enemigos se los manipulen o se los nieguen. También que  por hacerlos realidad luchó como un titán y que su ahora golpeado liderazgo será importante para la paz y en el futuro.

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