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Publicado el: Lun, Sep 30th, 2013

¿ Quién está interesado en meterle Goles al fútbol?


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unicorPor Unicor/ 

Con el fútbol profesional ha pasado de todo, desde su toma por los jefes narcos en los 80, s; quienes eran los dueños de los mejores equipos del rentado, la utilización de sus personerías jurídicas para adelantar acciones ilegales, hasta la imposición de los intereses económicos de los empresarios en relación a cualquier otra consideración.

El fútbol en Colombia ha sido y sigue siendo utilizado como aliado de los gobiernos de turno cual mampara, para distraer los conflictos sociales, ¡frente a un desafío democrático, qué mejor para el presidente que ponerse la tricolor, acompañar la selección, ir al estadio, aupar el patrioterismo y si se gana mejor! En un país como el nuestro, el fútbol es uno de los mejores negocios, deja réditos para todos los que se vinculan al espectáculo, paradójicamente a los que menos les deja, es a los sufridos hinchas, y de ellos, a las tergiversadas barras futboleras.

El balompié se ve pero no se toca; en materia de selecciones la FIFA es el Estado Vaticano: nadie por fuera de ella, puede, cambiar o modificar las reglas del fútbol, ni los gobiernos, ni las federaciones; es más, a las federaciones les interesa y les conviene tal imposición, pues ellas hacen cumplir en cada uno de los países afiliados, la voluntad imperial de la FIFA, con la seguridad que ninguna autoridad, osaría en revelarse contra las jerarquías del futbol, algo parecido sucede con el torneo profesional.

¿En la categoría A del futbol profesional colombiano qué tenemos?: millonarios contratos de jugadores vendidos al exterior, donde la parte más jugosa la toma el empresario que se convierte en el dueño absoluto de las jóvenes promesas, las que se ven obligadas a hipotecar su futuro, lo que deben pagar los equipos profesionales por ingresar a la A, los grandes contratos de publicidad, las taquillas de los estadios, los derechos de TV, jugadores sin seguridad social, todo ello, a los directivos y empresarios, les deja espléndidas ganancias; por ello, ninguno se aparta de su privilegios, se hacen viejos degustando las mieles que deja manejar el deporte de las multitudes.

Como ejemplo, qué se puede decir del triste espectáculo mercantilista del Deportes Quindío?, equipo que lleva años deambulando por el torneo profesional, sin ton ni son. En este momento, acaba de alejarse un poco del fantasma del descenso, debido a su triunfo sobre el Deportes Tolima. Pero todos en el Departamento del Quindío saben que es propiedad de Hernando Ángel al que también pertenece el Deportivo Cali, en este cruce de intereses, el Quindío viene sirviendo de sparring, ante el equipo azucarero, en la escuadra cafetera se prueban los jugadores de las ligas inferiores del Cali; es decir, el Deportes Quindío no interpreta la emoción de la hinchada quindiana, ni busca puestos de honor en el fútbol profesional, sólo sirve para el negocio de un empresario y nada que hacer. A propósito, senadores, gobernadora del departamento, alcaldesa de Armenia, etc., han tratado de recuperar el Deportes Quindío para los quindianos, pero las cosas no funcionan así, el dueño es un empresario y con los empresarios se habla es con plata, nada importan hinchas, pasiones, amores, tristezas, historia y camisetas, el fútbol es un simple y rentable negocio, de espaldas al país y a sus complejas realidades.

En este panorama ¿qué lugar ocupan los hinchas y seguidores?, el mismo que ocupa el pueblo en las plazas y en las aglomeraciones, llenar con masas informes los estadios, sin importar identidades, personas, dramas, alegrías y tristezas. Es bien sabido que las mal llamadas “barras bravas”, se han gestado autónomamente por la pasión del fútbol en las zonas y territorios más populares y porque no, más abandonados y excluidos, en ellas, los jóvenes  y jovencitas, muchos de ellos, sin futuro claro, han encontrado identidades, lazos de amistad y posibilidades de interacción social, todo, sin apoyo de los aludidos directivos y empresarios. Más paradojas, las hinchadas organizadas que le aportan el color y la pasión a los estadios del país, en parte por el abandono de los dueños del futbol, terminaron siendo referentes de violencia, tráfico de estupefacientes, enfrentamientos, y anarquía social.

No es preciso relacionar exclusivamente la práctica del futbol con el acaecimiento de los hechos de violencia por fuera de los estadios, como tampoco lo es, calificar de delincuentes o antisociales a quienes hacen parte de las barras futboleras. Sería deseable que las autoridades se atrevieran a inmiscuirse mucho más en la forma como se mueve el mundo del futbol profesional, perder un poco el temor si se agregan condiciones por  fuera de las determinadas por los máximos jefes, y a las amenazas de excluir a Colombia de los certámenes internacionales.

Empero, sobre todo, es tiempo que el fútbol le devuelva un poco de lo que recibe a los jóvenes humildes que lo enriquecen como pasión nacional, es tiempo que los dirigentes y empresarios se preocupen por ellos, se comprometan de manera contundente y apoyen a las autoridades administrativas, superen su indiferencia histórica, que inviertan parte de las ganancias en la formación de la muchachada, en apoyos institucionales, educativos, que hagan inversión social que trascienda la simple filantropía, que busquen enseñar a través de ese maravilloso canal, que es el fútbol, que las diferencias se pueden resolver de forma pacífica, y sobre todo, que con la asunción de sus compromisos sociales, se avance en la construcción de un país, más incluyente, tolerante y pacífico.

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