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Publicado el: Dom, Jul 29th, 2012

¿Qué tienen en común Rosa Elvira Cely y Alejandra Azkárate?


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Por: Carolina Guevara.

Sin ánimo de echar más leña al fuego sobre la polémica columna de la “humorista” y presentadora Alejandra Azkárate “Las 7 ventajas de la gordura” publicada en la revista Aló, sí quiero resaltar un problema que aunque implícito en muchas de las críticas que recibió la columna y su autora, no se trata lo suficiente a pesar de la gran importancia que tiene.Personalmente aborrecí la columna, es ofensiva y discriminatoria. Como expresó la actriz Fabiola Posada en entrevista en la W, Azkárate no está siendo consciente de que está opinando sobre un tema de salud pública y que como líder de opinión y ejemplo de muchas jovencitas no debió hablar de un tema que desconoce.

Y ese es el problema. Independientemente de las pataletas de ahogado de “las gorditas ofendidas” con la columna, el problema radica en la “tranquilidad” que en Colombia tiene una “figura pública” para perpetuar en un medio de comunicación masivo y de manera irresponsable al público que tiene acceso a este, los estereotipos que potencian la discriminación de género. Insisto, el gran problema no es la “gordita ofendida” como lo quisieron hacer ver tanto la autora como muchos de sus defensores en las redes sociales y otros medios de comunicación, en teoría, más serios. El problema es la perpetuación de la discriminación. Y la discriminación de género no es otra pataleta de ahogado de las “feministas activistas” como también lo expresó Mauricio Rubio en su columna de el Espectador “Rosa Elvira, el elefante y el gusano”. La discriminación de género es la causa de la elevación de las cifras de violencia de género, de la feminización de la pobreza, de las políticas públicas que no tienen en cuenta el componente de mujer como el actor más vulnerable dentro de los conflictos.

En Colombia actualmente existen 16 ministerios en los cuales solo 5 son liderados por mujeres. Y es extraordinario que en un país de cifras de violencia, pobreza y vulnerabilidad, que en su mayoría afecta a las féminas, no exista un solo ministerio en el que por lo menos se mencione la palabra “mujer” o “género”. Términos como la “feminización de la pobreza”, el “Mainstreaming de Género”, las políticas públicas de equidad de género, no son conceptos que por arbitrariedad u ocio alguien se haya inventado. Son conceptos y lineamientos de políticas internacionales consecuencia de décadas de trabajo para visibilizar a la mujer como víctima mayoritaria en los conflictos y problemas de las comunidades a través del mundo y como mecanismo para alivianar los factores de riesgo de esta población. Y Colombia, lejos de ser una excepción es un claro ejemplo, no de aplicación de políticas de género, sino de cifras de feminización de la pobreza y de las víctimas de los conflictos.

Algunos dirán que tener 5 ministras en 16 ministerios es un gran paso para las mujeres. Claro que lo es, pero es absolutamente insuficiente, porque lejos de la representatividad de las mujeres en los altos cargos de la administración, tanto pública como de la empresa privada, es decir, en los cargos donde se toman decisiones que afectan a la mayoría, la voz que tiene eco, la imagen que llega a la mayoría de la población sigue siendo una voz irresponsable, desinformada y machista, a pesar que algunas veces sea una voz femenina, como en el caso de Alejandra Azkárate, quien no es la única que con cínica “tranquilidad” perpetúa los estereotipos que potencian la discriminación de género; lo hacen en mayor medida y de manera aún más irresponsable los dirigentes de las Administraciones que siguen omitiendo el problema de las mujeres como víctimas y peor aún, quienes actúan de manera paternalista en lugar de buscar su empoderamiento y dejar oír sus voces.

¿Qué pueden tener en común Rosa Elvira Cely  y Alejandra Azkárate?, pareciera que no mucho, estoy comparando una mujer de familia “bien” con estudios en el exterior y cuya forma irónica de hablar la llevó y la mantuvo en los medios de comunicación, con una mujer de escasos recursos, una cifra más en el censo y cuyo escandaloso asesinato la llevó a los medios de comunicación. Lo que tienen en común no es su foto en los medios, ya que la primera seguirá apareciendo y la segunda después de ser portada ahora es olvidada. Lo que tienen en común estas dos mujeres es que el destino de ambas ha sido marcado por la clara discriminación de género y las conductas machistas de nuestra sociedad. Una hace plata con eso, y la otra fue brutalmente asesinada.

Displaying 1 Comments
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  1. Doris G. dice:

    Es claro, tienen en común el haber sido protagonistas de escándalos y el que además de ello, con lo grave que es su trasfondo, no genera más que habladurías en la gente y no interioriza el terrible caos en el que sigue sumido el género femenino y no caemos en cuenta de que lo tenemos que sacar de ahí o nos vamos a terminar hundiendo, tarde o temprano, “TODAS”.

    Pero como en Colombia estamos acostumbrados a comer un escándalo cada tres días, olvidamos lo trascendental y olvidamos que tenemos que actuar, por lo menos deberíamos actuar por alguno de ellos!

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