Publicado el: Dom, Nov 25th, 2012

Petro en el camino


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Por Guillermo Segovia Mora

Guíndeme del palo a Petro, parecería ser la consigna de los enemigos del burgomaestre de la capital, frase costeña que en cachaco es lapidaria: lo quieren colgar. Se tragaron un salivazo de viruta con su victoria, la que ahora cuestionan los politólogos a conveniencia por ser de mayoría entre minorías, como si ganar admitiera modulaciones. Foto SDIS

Y es comprensible, aunque posen de despistados: su programa orientado a hacer realidad el Estado Social de Derecho que consagra la Constitución y niega la realidad, asusta a más de uno, colmado de los privilegios del modelo privatista manejado por las mafias de la contratación.  Digo enemigos y no opositores porque no estar de acuerdo con alguien es legítimo y respetable, aun siendo injustificado, pero en Bogotá lo que está en marcha es un complot de unos riquillos tramposos y sus aliados politiqueros construyendo el descontento a través de los medios, al que arrastran a gente extraviada de la ruta.

Sus anuncios y algunas de las medidas en marcha, la mayor parte valorados positivamente por entidades y especialistas internacionales y organizaciones no gubernamentales, por su orientación hacia el desarrollo humano, la equidad, el respeto a la diversidad, la protección del medio ambiente y el fortalecimiento de lo público como patrimonio y escenario de todos, son desestimadas con la prepotencia de la tecnocracia neoliberal, cuestionadas con argumentos endebles y hasta ironizados con estupideces. Poco a poco la estrategia ha venido calando y ya varios compañeros de oportunidad, columnistas simpatizantes de un día y seguidores confundidos se han deslizado a la otra orilla. Se desesperaron porque creyeron que se trataba de una nueva impostura o que los cambios son cosa de frotar los dedos.

El último capítulo de la cruzada antipetrista lo desató la asunción de la recolección de basuras por la EAAB, sintetizado de manera franca, rotunda y valiente por María Teresa Ronderos en El Espectador (24.11.2012). No obstante, la columnista critica, con buena intención y algo de ingenuidad, al contrario de como lo han hecho el Gobierno Nacional, a través del proconsulado para Bogotá, el PM (Partido de los Medios) y algunos politiqueros, la forma como el Alcalde asumió la defensa de la autonomía, la descentralización y la soberanía del Distrito Capital frente a la amañada investigación de la Superintendencia de Industria y Comercio, por excesiva e inadecuada. Como Petro no va a los sancochos de “Gardeazabal” en Tuluá, el gaseoso escritor no tuvo empacho en calificar su actitud como “chusmera”. Sobra decir que a Álvarez el pueblo le ampolla la dermis. Por su parte, el vocinglero Darío Arizmendi, con total impudicia preguntó al aire dónde tendría guardados Petro los fusiles y qué estaría cuidando. Puro culillo, intolerancia  e idiotez. Si no hubiésemos sido testigos de la marrullería de la clase política tradicional y sus periodistas de bolsillo, cabría el debate, pero, a sabiendas, es mejor precaver.

Si Petro no se amarra los pantalones y acude a la gente -lo que en su discurso de posesión llamó democracia de multitudes-, estaríamos ad portas de la destitución del gerente de la empresa por la Superintendencia, justificada en la interpretación a propósito de las pruebas recabadas en la “visita rutinaria” a la entidad, la suspensión de la decisión del Alcalde de variar el esquema de manejo de la recolección de basuras en favor del sector público -determinación que irremisiblemente debe poner en marcha en la fecha que escogió-, el peculio de los bogotanos y de la población dedicada al reciclaje, por convicción y mandato perentorio de la Corte Constitucional; y la entrega de un nuevo contrato con pingües ganancias a los validos de siempre. En un Estado decente, un negociante cuestionado por el favoritismo oficial y sus dudosas relaciones estaría, por lo menos hasta que las autoridades aclaren su situación, marginado de la  contratación, y la autoridad local respaldada por la del país. Aquí los funcionarios públicos del nivel nacional los defienden. ¡Vergonzoso!

La intervención en la EAAB, clarísima señal del Gobierno Nacional de su oposición al cambio de modelo que se adelanta en Bogotá, es una pésima señal en la generación de confianza entre las partes, tanto en este caso, como en el diálogo que adelanta con las FARC en Cuba. De manera enfática, el jefe del equipo gubernamental ha dicho que el modelo neoliberal, compartido por la Unidad Nacional en el gobierno, no está en negociación y que su posible cambio lo definen las urnas. Pero Petro ganó y le quieren impedir que gobierne con el programa vencedor. De la catadura de esta ambigua clase dirigente hay varias muestras recientes. Uribe en República Dominicana pegó varios brinquitos para llegar a donde Daniel Ortega a decirle que respetaría el fallo de la Corte de La Haya, ahora se quiere convertir en líder de su desacato. Bien hicieron los sanandresanos en sacar a ese chisgarabís. La Ministra Holguín dijo hace algunos meses que el fallo sería salomónico -en el sentido de dejar contentos a todos- lo que le valió algunas críticas por derrotista, ahora sale con que salomónico es lo que nos satisface a nosotros. Entonces ¿Todo depende? ¡Que desfachatez!

Por el momento Petro frenó la embestida y ganó apoyo social para hacer sonar los zapatos en la Casa de Nariño y hacerse respetar. Adoctrinados en la mansedumbre la mayoría de los colombianos, desde luego los bogotanos, piensan como quieren que piensen los que manejan los hilos del poder. Qué le significará a la inasible y maleable opinión pública que el representante de las Naciones Unidas para el hábitat considere a Gustavo Petro un alcalde del Siglo XXI y avale por progresista, humanista y solidario el modelo de ciudad que postula e intenta plasmar, en sus aspectos de movilidad, vivienda, salud, educación, medio ambiente, generación de oportunidades y superación de la segregación y la discriminación, las mismas que el urbanista Saldarriaga Roa fustiga por improvisadas e ineptas.

Qué silencio de la  gran prensa (léase medios masivos) frente al evento internacional sobre cambio climático que organizó la Alcaldía, las advertencias que dejó sobre las consecuencias de la explotación de recursos por la plata para hoy y el desastre de mañana y el reconocimiento a la agenda ambientalista del gobierno de la ciudad. Qué indiferencia ante la radical reducción de homicidios, pues cuando los “especialistas” decían que había llegado al promedio posible, con sus medidas lo redujo ostensiblemente. Qué falta de grandeza para subrayar que por primera vez en la historia del país, al ya de por sí prominente presupuesto para educación en el plan de desarrollo de la Bogotá Humana, el Gobierno Petro decidió aumentarlo en el 50%, un billón de pesos para el año 2013, con énfasis en de calidad y rescate de la educación pública directa, luego de la frustrada experiencia de las concesiones privatistas, negocio en que pelecharon peñalosistas, luchistas y samuelistas. A todo señor, todo honor.

Ocultando las razones técnicas, administrativas y jurídicas de la decisión de Petro, sus enemigos convirtieron la fecha del 18 de diciembre, día en que la EAAB debe asumir la recolección de basuras, como el ultimátum para cobrar su fracaso. Vendrán los cacerolazos. Ante las dificultades, es posible que como mecanismo de presión, los actuales prestadores, si las circunstancias obligan a acudir a esa fórmula, se nieguen a subcontratar el servicio. Nada raro que los interesados en acabar con la alternativa naciente en Bogotá, importen mugre para generar una crisis. A lo mejor Santos le advierta e impele a acatar la supremacía presidencial. No importa. Petro plantó bandera.

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