PEÑALOSA IMPEDIDO

peñalosa-volvoPor: Héctor Pineda S./ Foto Las2Orillas/

Más allá de la interpretación y explicaciones que el ex alcalde Gustavo Petro, en carta abierta, diera con respecto a la pérdida de apoyo de votantes en la pasada contienda electoral, en mi sentir, mucho tuvo que ver la eficacia de la “matriz” que impusieron los contradictores en la que hicieron relieve en las dificultades de la movilidad, sumado a la exacerbación mediática de la inconformidad ciudadana, la misma que el Concejal Hollman Morris ha bautizado como “Dignas Rabias”.

Todo empezó, cuentan, en los años en que los ánimos acalorados de las turbas protestando por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, se fueron “lanza en ristre” contra el transporte público de entonces. La candela incendiaria de la furia ciudadana, dicen que aupado por transportadores interesados en la importación de buses, redujeron a cenizas los “Troles” eléctricos de la época. Después de la conflagración emergió el sistema de buses que atestaron las calles de la ciudad de Bogotá.

Cuando llegué por estas tierras bogotanas, hace más de treinta años, en los tiempos de la guerra con el M-19,  la movilidad, desde los confines de La Caracas, bajando de las lomas de Ciudad Bolívar hasta “automáticos” en el Norte, se hacía en los “buses chimeneas”. El regreso al punto de origen, además de la odisea de ingresar a un bus al que no le cabía un alma, el desespero de los trancones interminables  eran mitigados con largas jornadas de “motosos”, con la cabeza pegada a la humedad del vidrio de la ventana hermética.

Los debates, desde esos tiempos, sustentados en estudios académicos, arriesgaban hipótesis y modelos para la solución “del grave problema de la movilidad”. Desde la ausencia de un marco jurídico adecuado para encarar los mega problemas de la ciudad, pasando por los ensayos de restricciones parciales a los vehículos particulares, “olas verdes” y calles en un solo sentido en horas pico, “trocales exclusivas para buses”, desde esos tiempos, se ensayaron sin que el mal de la movilidad se solucionara. “El metro” es la solución, dijo un alcalde hace más de setenta años.

En esas andaba Bogotá cuando, después de superar del vacío jurídico (elevado a la categoría de Distrito Capital), en la primera alcaldía del actual Alcalde Mayor Enrique Peñalosa, tomó la decisión de cambiar la construcción del metro por el modelo de calzadas exclusivas y buses articulados. El Transmilenio irrumpió en el escenario urbano.  El metro, sin piedad, se mandó al olvido.

Años más tardes, en pleno fragor del debate sobre una u otra solución a la movilidad, igual de intensos que ahora, revivió la posibilidad del metro, en esta oportunidad ligado a conceptos modernos de “sistema multimodal articulado”. Peatones, espacios para las bicicletas, buses alimentadores (sin la guerra del centavo) articulados al metro, con un trazado avalado por instituciones prestantes  y construido por debajo de la tierra, para aminorar el impacto sobre el entorno urbano. Adicional, se habló de metros ligeros para articular la movilidad del entorno metropolitano de Bogotá.

Finalmente, el cuatrienio no le alcanzó a Petro. Con calculo electoral, el Gobierno Nacional engañó a Bogotá con un “cheque chimbólico”.  Ganó las elecciones Enrique Peñalosa. Desde el primer día, anuncia engavetar el proyecto de metro subterráneo y ampliar el modelo de buses articulados. Inesperadamente, nada está oculto entre cielo y tierra, ahora, se sabe que el Alcalde Mayor es integrante de una Fundación que recibe plata (“solo el 0,5 dice Peñalosa”) de la empresa “Volvo”, la marca de algunos articulados de Transmilenio. Desde ese instante, algunos opinan que Peñalosa está impedido para actuar sobre la materia, por evidente conflicto de interés. No hacerlo es causal para revocatoria

tikopineda@gmail.com

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