Publicado el: Vie, Jun 13th, 2014

NO HABLEMOS CARRETA


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SerratoPor Mario Serrato/ 

“A quienes se oponen al proceso de paz y lo hacen con rabo de paja, me parece que en un acto de coherencia con su discurso e integridad con su forma ser y de pensar, deberían renunciar a su condición de congresistas hasta que su situación judicial quede completamente esclarecida. Lo demás, es hablar carreta.”

En mi opinión,  les asiste mucha razón a aquellos que afirman que no deben llegar al congreso de la república personas que hayan sido sindicadas o condenadas por delitos de lesa humanidad. En ese orden se debe considerar que Francisco Enrique Villalba Hernández, comandante condenado del grupo de paramilitares que perpetró la masacre de El Aro, acaecida por allá en octubre de 1997, señaló a los hermanos Uribe Vélez, en una declaración rendida el 15 de mayo de 2008, de haberla determinado y aseguró que incluso le explicaron el motivo de la orden. Pienso en que esa sola mención hace necesaria una revisión rigurosa de la situación. Una dama no solo debe serlo, también parecerlo, dicen las señoras en su reuniones al tomar el té.

Resulta revelador confirmar que los mismos que hoy se oponen al proceso de paz, con el argumento de la impunidad,  presenten situaciones de impunidad nada presentables.

Villalba Hernández sigue pudriéndose en una cárcel, o puede estar escondido en algún lugar del país o del extranjero, no se sabe. Lo que sí está claro es que su declaración nunca trascendió y sus dichos terminaron en el olvido y en la total impunidad.

Es de esperarse que la condición de delincuente condenado de Villalba Hernández le reste credibilidad a su declaración, sin  embargo me parece que, nosotros, los que nos oponemos a que lleguen al congreso personas cuestionadas por delitos de lesa humanidad,  tenemos derecho a que aquellos que han sido cuestionados por estos delitos aclaren su situación judicial antes de alcanzar la condición de legisladores del país.

La ley es para todos. Al menos esa es la pretensión de todos. Pero tal parece que la severidad que le reclamamos a la ley no es igual para todos. Algunos son culpables y culpados por sus acciones, otros, sin importar las acciones que realicen o sin importar que sean culpables, ni el número de acusaciones que pesen en su contra, siguen con sus vidas adelante, indiferentes a la severidad de la norma y a las obligaciones que la ley impone. El ojo mira hacia afuera, nunca hacia adentro, afirman las abuelas cuando encuentran a una persona señalando a otras por conductas que el acusador comete.

En este preciso instante Colombia intenta convertir un anhelo en realidad. En ese propósito ha avanzado mucho más que en otras ocasiones.

El conductor del barco no es el más idóneo. Su pasado, su origen, sus intereses, sus posiciones, sus antiguos amigos y algunos actuales,  y sus evidentes simulaciones, lo hacen sospechoso. Sin embargo, ¿ A estas alturas,  después de 60 años de guerra conviene detener el proceso por la personalidad del capitán o la obcecación de los interlocutores?.

La gran preocupación de los antiguos amigos del capitán consiste en que lo mandaron a combatir a la guerrilla, nunca a terminar con la guerra.

Considero que los colombianos somos más grandes que el gran colombiano y que el mismo capitán. La paz es nuestra. El logro es nuestro. El beneficio también debe serlo.

A quienes se oponen al proceso de paz y lo hacen con rabo de paja, me parece que en un acto de coherencia con su discurso e integridad con su forma ser y de pensar, deberían renunciar a su condición de congresistas hasta que su situación judicial quede completamente esclarecida. Lo demás, es hablar carreta.

Cómo sabemos que no lo van a hacer, nosotros, los que sí creemos en la paz,  sigamos en el anhelo, conquistemos el sueño, creamos que es posible, consigamos que se logre.

El domingo votaré por una opción más grande que los grandes hombres, o quienes compran la condición de grandes hombres: votaré por la paz.

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  1. Es muy cierto lo que dice, estoy completamente de acuerdo y el país también lo sabe, el anterior gobernante debería darle verguenza cuando ataca sin fundamentos ni pruebas a su opositor y sobre todo, sin mirarse así mismo y lo que ha hecho en el pasado.
    Me gusta la forma tan exquisita y elocuente como ilustra usted estas situaciones, no solo en este articulo, sino también en todos los artículos anteriores que ha escrito. Siempre que llegan a mis manos los leo con mucha emoción; son claros, amenos, concisos, bastante ilustrativos, lo que demuestra el gran conocimiento que tiene usted en esos temas y su visión critica, informativa y finalmente diría que hasta divertida por los ejemplos y comparaciones hechas.
    Sigue escribiendo don Mario, alimentenos con su gran elocuencia.

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