Publicado el: Jue, Abr 9th, 2015

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA


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armademanipulacionmasivPor: Carlos Ortega* 

No hay bien que por mal no venga, debería rezar el dicho a propósito de la chikunguña, en mi caso, si pensamos que está bien dejar de beber.  Pero en todo caso también. Los colombianos, por ejemplo, estamos muy mal acostumbrados.  Nos hemos vuelto desconfiados, malhumorados, reactivos en una mente adiestrada, empobrecida y violenta después de tanta sevicia con la muerte en todas sus formas, el robo, la extorsión, ante tanto desplazamiento y violación de cualquier derecho humano imaginable, ante de tanta mentira y engaño y tanta violencia diaria por parte de los medios de comunicación, que nuestra psiquis nacional está de frenocomio, para utilizar el término carcelario.  

Y, ¿ entonces cuál es el bien?  Nuestra patología colectiva vive en una especie de exilio fantasioso y soportable gracias a los medios de comunicación oficiales. Esta magnífica droga, este efectivo sedante se administra diariamente por RCN, Caracol y los canales y emisoras estatales, llámese ejército o policía nacional.  ¿En qué país del mundo, a no ser de que se trate de alguna dictadura, el ejército y la policía tienen sus canales de comunicación, las 24 horas, transmitiendo a su antojo mensajes a la población?  ¿Que país del mundo se levanta y se acuesta con las notas de su himno nacional? Estas cosas pasaban en la primera mitad del siglo veinte en países como Alemania, Italia, España, y hoy en día en Korea del Norte, por ejemplo.  ¿No será que los que atacan a Venezuela y a Cuba por ser dictaduras, han ocultado, utilizando con su gran poder y control de los medios de comunicación, esa misma y horrible realidad en Colombia?

Tan perversa maquinaria no pudo haber sido ingeniada por una persona, ni tampoco de la noche a la mañana. Sabemos del interés que han tenido los Estados Unidos por promover políticas de seguridad y estabilidad en Colombia, como país estratégico.  Estas políticas se materializaron en Colombia a través del Plan Marshall para Colombia o Plan Colombia, el cual no sólo prestar ayuda militar, con sus siete bases instaladas en el país, sino brindar apoyo para los procesos de pacificación de la región. Y es aquí donde los medios de comunicación oficiales realizan su infalible tarea de adiestramiento. Ya llevamos décadas der ser inyectados a diario con dosis cada vez más crecientes de miedo, violencia, terror e hipocresía que con sólo ver los titulares de las noticias del mediodía de Caracol o RCN ya nos volvemos a sentir cómodamente instalados en la realidad violenta de este país, que paradójicamente se dice ser uno de los más felices del mundo.

Ya nadie cree que nada bueno pueda pasar en Colombia. Ya nadie cree que pueda haber paz.  Los señores de la guerra utilizan sus medios para hacernos ver que a este país no lo cambia nadie.  Todos los días hay nuevos padres que asesinan a sus hijos o sus esposas; madres que secuestran sus hijos; hijos que asesinan a sus padres; muertes violentas, accidentes de tránsito; policías cometiendo los más variados crímenes; nuevas organizaciones criminales, amenazas, chantajes, corrupción sin límite. El caso de un máximo juez de la corte suprema con un sumario incontable de delitos que llegan ya a calificarse de lesa humanidad. ¿Qué podemos esperar de este sórdido espectáculo mediático? ¿En dónde quedan los más elementales derechos humanos?  ¿No es ésta la gran tragedia que nos cubre con su manto negro a todos los colombianos, condenándonos al horror, al silencio y que nos incapacita para pedir verdad, justicia y reparación? ¿Qué será del proceso de paz si los medios de comunicación siguen en manos de los señores de la guerra?

El silenciamiento metódico de los crímenes más atroces que haya conocido el país, y la humanidad, podría decirse en nuestro caso, hacen parte de un plan macabro por adueñarse del territorio nacional, a cualquier precio, y llenar las arcas del puñado de ricos, los mejores colombianos, y su aliadas corporaciones multinacionales que viven el paraíso de sus venturas en el país.  Con la ayuda de sus medios oficiales nos han ocultado el horror de lo que ha pasado con el genocidio de personas, agremiaciones, partidos, comunidades enteras en el campo y en las ciudades. El silencio de la justicia en Colombia es atronador.

Estos medios de comunicación oficiales sienten pavor ahora que se vislumbra una posibilidad de callar las armas, una posibilidad de acabar la guerra porque ya no tendrán más guerrilla a quién atribuírle todos los crímenes que a diario ocurren en el país.  Porque las guerrillas sí tienen nombres propios, los terroristas de las farc y el eln.  Pero las autodefensas, los paramilitares, las bacrim, los grupos al margen de la ley, cómo se llaman ahora?  No se llaman. Es que ya no existen.  Existían hasta hace poco los rastrojos y los urabeños, que decidieron cambiarles el nombre por el de clan úsuga, y a éstos ya los desterraron prácticamente del territorio nacional. Las águilas negras fueron una creación de la psicopatología colectiva.  Sólo aparecen muy esporádicamente en los medios gracias a la aparición de uno que otro panfleto amenazante contra alguna persona o comunidad a los que la policía decide no prestarle realmente ninguna atención porque sencillamente todos estos grupos al margen de la ley, así como sus nombres, no existen, ya desaparecieron, ya fueron exterminados. Esto es lo que escuchamos y vemos a diario en los medios de comunicación. Esta es la penosa realidad de los medios de comunicación en Colombia.

*Profesor Universidad de la Guajira

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