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Publicado el: Mar, May 7th, 2013

Mas, sobre concepciones de justicia y derechos

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unicorPor Unicor

El debate esta planteado y para nuestro país siempre convulsionado, resulta pertinente probar nuevas salidas, ya es hora de asumir una nueva responsabilidad política y convocar a un nuevo consenso social, que nos aleje para siempre de la guerra y las intolerancias históricas, las cuales amenazan con arrasar con los logros democráticos alcanzados. 

En la columna pasada se abordó el matrimonio entre parejas homosexuales y se hicieron algunas afirmaciones que vale la pena desarrollar desde algunas modernas propuestas filosóficas. De igual forma día a día en nuestro país, se conocen situaciones que involucran concepciones de justicia y el tratamiento que como sociedad le damos a la dignidad de las personas y a los derechos humanos.

Los diálogos de paz en la Habana, la suscripción de tratados de libre comercio, la explotación minera a gran escala, la ley de victimas, el desconocimiento del voto ciudadano, el juzgamiento de militares, el hacinamiento en las cárceles de país, el permiso otorgado a Manuel Nule para asistir a la primera comunión de su hijo en Cartagena, la falta de un sistema de salud eficaz para salvaguardar la vida y la integridad de las personas, en fin.

Como puede verse son innumerables las consecuencias para la dignidad de las personas que arrojan determinadas formas de concebir la justicia, y la efectividad que se otorga a la protección de los derechos humanos. En la actualidad, la sugestión que irradian dichos temas, tienen relación con su innegable vitalidad, lograda a través de siglos de lucha de millones de personas; quienes de forma lenta pero progresiva, ubicaron la justicia, la dignidad de las personas y los derechos humanos en un sitio privilegiado como expresión idónea de sus necesidades e intereses. No obstante, los referidos temas requieren una urgente re conceptualización, esto debido a que de buena fe, los esfuerzos se han enmarcado más en su defensa y promoción, que en su fundamentación, sin que se percate, que de su correcta fundamentación, surge la efectividad de su existencia.

Este nuevo desafío de reformulación teórica y fundamentación filosófica con pretensiones normativas, descriptivas o neutrales, exige por tanto la realización de esfuerzos conjuntos que busquen desde todas las miradas, aportar diversos ángulos discursivos para ampliar sus potencialidades como instrumentos efectivos de paz, de igualdad, de protección de los más débiles, de barrera al ejercicio del poder y a las imposiciones económicas.

En esta ocasión, sin desconocer el acumulado histórico y teórico conocido, nos fundamentaremos en el trabajo del Italiano Luigi Ferrajoli; quien de forma decidida asume el reto de reformular teóricamente los derechos fundamentales y la concepción de justicia.

Recordemos que los derechos fundamentales fueron sustentados durante mucho tiempo sobre el concepto de la dignidad humana, de la que se infiere un tratamiento privilegiado a la criatura humana, basada en el siguiente silogismo ¿si la persona humana fue creada por Dios, y de la creación es la que más se le parece, sino sabe todo como Dios pero puede saber, entonces por su parecido y su racionalidad participa de la perfección de Dios. ¿Si Dios  es digno, es amor, y la persona humana puede amar?, también participa de la grandeza (dignidad) de Dios. Escoto de Divisione Naturae (Sobre la división de la Naturaleza, 865-870).

Posteriormente un filósofo secular como Emmanuel Kant, se basa en su imperativo categórico para dar un nuevo fundamento al concepto de dignidad humana  “Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza”, trata al otro como fin no como medio. Se aparta así del Estado que instrumentaliza al ser humano cuando dice, “que el bienestar de cada individuo sería considerado, en sentido estricto, como un fin en sí mismo y que el mundo progresaba hacia una sociedad ideal donde la razón  obligaría a todo legislador a crear sus leyes de tal manera que pudieran haber nacido de la voluntad única de un pueblo entero, y a considerar todo sujeto, en la medida en que desea ser un ciudadano, partiendo del principio de si ha estado de acuerdo con esta voluntad”.

Las anteriores premisas sirvieron por mucho tiempo como cimientos al concepto de dignidad humana, sustento a la vez, de los derechos humanos y de las nuevas concepciones de justicia. Pero presentadas diversas objeciones a su origen teológico y secular, relacionadas con su vaguedad, relativismo y subjetividad, ¿Cómo se pueden reivindicar de forma eficaz los derechos humanos, sin caer en relativismos confrontacionales y protagonismos políticos?

Para  empezar, debe decirse que Ferrajoli  propone una redefinición estructural de los derechos fundamentales, he incluye en tal definición a aquellos derechos y expectativas de no lesión o de prestación atribuidos de forma universal a todos en cuanto personas, ciudadanos y/o capaces de obrar. Partiendo de la citada definición desarrolla cuatro tesis relacionadas con la distinción de los derechos fundamentales de los patrimoniales, los primeros universales, los segundos singulares, los derechos fundamentales son inclusivos son la base misma de la igualdad jurídica, los patrimoniales son exclusivos por ello están en la base de la desigualdad jurídica. Los derechos fundamentales son indisponibles, inalienables, inviolables, intransigibles y personalísimos. En cambio los segundos son disponibles por naturaleza, negociables y alienables. Los derechos patrimoniales son acumulables, los derechos fundamentales permanecen invariables.  En este punto, vale la pena reafirmar que corresponde al Estado sin ningún tipo de acondicionamiento, ser el garante supremo de los derechos fundamentales, de su aplicación y vigencia.

Según lo descrito se busca estructurar una fundamentación de los derechos fundamentales que no dependa de su tradicional concepción filosófica y política, la definición formal -constitucional- que se persigue del derecho a la vida, libertad personal, al libre desarrollo de la personalidad, al debido proceso, a la presunción de inocencia, al voto, son fundamentales no tanto porque correspondan a valores o intereses vitales de acuerdo a X o Y concepción teórica; sino porque están incluidos en las normas constitucionales y por tal se aceptan como universales e indisponibles. En consecuencia, los derechos fundamentales como base de un orden constitucional sustancialmente democrático, son un límite no sólo a la actuación particular, sino a los poderes públicos constituidos. No es insustancial complementar la anterior pretensión pragmática con el hecho cierto de que un Estado donde no se reconozcan los derechos fundamentales, carece de legitimidad, además, que una ola envolvente de desconocimiento y trasgresión de los derechos fundamentales entendidos en su mayor extensión, llevaría a la quiebra del principio de autoridad y universalidad, es decir; si en un contexto determinado se desconocieran y conculcaran, los derechos a la vida, los derechos civiles y políticos, nos encontraríamos ante el predominio de la ley del más fuerte, sería el triunfo del despotismo, y con ello, el fin de la de todas las libertades, la negación de la Constitución, del derecho  y la regresión al estado de naturaleza.

El debate esta planteado y para nuestro país siempre convulsionado, resulta pertinente probar nuevas salidas, ya es hora de asumir una nueva responsabilidad política y convocar a un nuevo consenso social, que nos aleje para siempre de la guerra y las intolerancias históricas, las cuales amenazan con arrasar con los logros democráticos alcanzados.

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