Publicado el: Lun, Ago 11th, 2014

LOS PATRIOTAS


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elpatriota

Mario Serrato/

Carlos Castaño brindó con “El Bochas” y “Toño”, después de que cruzaron el río para llegar al sitio en que tenía su campamento de genocidas. -¡Por la patria!-, gritó el comandante paramilitar. -¡Por la patria!,- repitieron en coro los orgullosos sicarios que regresaban del operativo en el que habían asesinado al periodista Jaime Garzón.

-Pongamos unos cuantos muertos en la plaza el 9 de abril para que estos miserables no se animen a decir nada con motivo del aniversario de la muerte del indio cachiporro de Gaitán-. ¡Y creían hacerlo por la patria!

-¡Así es como se hace patria!-, aseguraba León María Lozano, el Cóndor, a sus pájaros en el norte del Valle en los primeros años de la violencia partidista que dejó más de medio millón de muertos en las décadas del 50 y del 60 del siglo pasado.

El 23 de enero de 1994, los guerrilleros de las FARC gritaban ¡estamos haciendo patria!, mientras disparaban sin cesar en el barrio La Chinita de Apartadó contra los familiares indefensos de los combatientes del EPL que se habían reinsertado a la vida civil unos meses atrás. Y estos últimos creían hacer patria cuando identificaban para los hermanos Castaño y los militares que los acompañaron en su gesta criminal, a las personas que consideraban miembros o colaboradores de las FARC para que fueran asesinados.

-Yo hago patria al venderles droga a los gringos-, afirmó más de una vez Pablo Escobar mientras celebraba la coronada de un embarque de cocaína. Y las torturas y desapariciones a las que se sometió a integrantes del M-19 durante el gobierno de Turbay Ayala se hicieron por la patria.

También sentían que estaban haciendo patria los grupos que se empeñaron en extinguir a los miembros de la Unión Patriótica, e igual sensación experimentaba Hernán Giraldo mientras violaba a dos centenares de adolescentes en la Sierra Nevada cuando comandaba una temible organización paramilitar.

-La patria es lo importante-, asegura Nicolás Maduro, mientras los venezolanos padecen el más injusto e inexplicable desabastecimiento de alimentos y elementos de primera necesidad en los estantes de los supermercados.

-Esto si es hacer patria-, aseguraba una mujer en una ciudad del país, al coordinar un consejo comunitario de Álvaro Uribe. Meses después, mientras ocupaba un cargo público, fue detenida y acusada de peculado. El dinero tomado limitó el suministro de vacunas para los niños de su departamento.

Las menciones a la patria parecen ser el estandarte y justificación de los más atroces crímenes, y el caballito de batalla de las más inicuas modalidades de corrupción. Muchos autodenominados patriotas que he tenido el displacer de conocer y otros que por fortuna no he conocido, tienen en común una marcada tendencia a la intolerancia. Y una obsesión enfermiza por imponer sus criterios. Se les encuentra con frecuencia en los foros de opinión, y participan con entusiasmo y furia en la toma de decisiones radicales.

También es común verlos en actitud de fieles y ciegos seguidores de líderes mesiánicos. Hitler, Mussolini, Franco y Stalin los tenían a montones en sus gestas guerreristas y en sus cruzadas por el bien y la imposición de sus ideales.

Uno de ellos, que ha llamado poderosamente mi atención, responde al nombre de Jaime Restrepo. Hace unos días retó a duelo, como en las mejores épocas de los libros de caballerías, al senador Iván Cepeda. Este caballero andante del siglo XXI parece encajar con exactitud en el modelo de patriota que intento encontrar en estas letras. Para demostrarlo, solo se requiere conocer el seudónimo de su twitter, en donde se hace llamar y se reivindica como “El patriota”.

Celebro que el senador Iván Cepeda no haya aceptado semejante propuesta. No creo que tenga mucho de patriótico enfrentar al desafiante, y sin duda tiene mucho de mongólico ponerle atención.

También anhelo que los tantos patriotas que tiene esta adolorida Colombia no vayan a consumar o a celebrar de nuevo hechos “patrióticos” similares a los que provocó en Carlos Castaño el brindis que ofreció sobre el cadáver de un hombre al que asesinó por pensar de modo diferente, y por tener la inteligencia y el talento para burlarse de todos, incluso de sí mismo.

La nociva sobrepoblación de patriotas que tiene el país debe ser superada por indígenas, afrocolombianos, campesinos, trabajadores,empresarios, militares incapaces de disparar sobre personas indefensas, artistas, mujeres organizadas y respetadas, niños de todos los colores, maestros, estudiantes, en fin, colombianos de paz.

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