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Publicado el: Mar, Nov 18th, 2014

Los Diálogos Amenazados


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unicorPor Unicor/

“Por Santos no se votó para que suspenda el proceso, sino para que acabe con la guerra, ese fue el mandato soberano”.

Desde esta columna se ha afirmado que el Presidente Santos ha venido hablando de paz, y que a pesar de la existencia, hasta hoy, de los diálogos, muchas de sus actuaciones incitan a la confrontación. Infortunadamente para el país, en las pasadas elecciones presidenciales nuevamente la sociedad colombiana tuvo que decidir entre solo dos opciones, muy similares en sus contenidos ideológicos, no obstante diferenciados en su postura frente a la guerra interna, Santos con sus cantos de paz o Zuluaga con los tambores de guerra. Afortunadamente pudo más el sueño de la reconciliación nacional que la certeza de una guerra que nos sigue desangrando y que hay que reconocerlo, también tiene espacio en la sociedad, en las instituciones, y en la política nacional.

Precisamente muchos de los que en segunda vuelta votaron por Santos y fueron determinantes en los resultados finales, lo hicieron movidos por su insistencia en mantener las conversaciones con las Farc, en la Habana. Al reciente reelegido presidente, se le reconoce su iniciativa de paz, más allá que ésta corresponda a un sincero acto de reconciliación nacional, de cálculo político, o de simple vanidad, (la vieja disputa entre los presidentes de la oligarquía, de quien firma la paz se queda con el premio Nobel y pasa a la historia con un galardón más).  No obstante, dicha iniciativa de paz, es contraria a muchas de sus políticas económicas y sociales, para muestra, la falta de una verdadera reforma a la salud, la continuación a sus políticas extractivas a gran escala, el mantenimiento del alto presupuesto para la guerra, la confirmación de su ministro de defensa, probado enemigo de los diálogos, y quien al parecer agencia los intereses de los enemigos de la paz. El paro de la rama judicial completa 37 días, es decir, 37 días sin que el país cuente con la prestación del servicio esencial de administración de justicia, y hasta hoy, por parte del gobierno nacional, no pasa nada. Nos preguntamos: ¿acaso la asunción de políticas de contenido social, no son un presupuesto necesario para la construcción de una verdadera paz? En esa paradoja nos hemos movido, quien lidera la iniciativa de paz parece atado a su origen, a su ideología, a sus intereses políticos, en fin, a su ambigüedad.

El pasado 16 de noviembre del año en curso, ya había tastabillado en meses anteriores, Santos anuncio la suspensión de las negociaciones, rapidito, mostró su indignación por el secuestro de un alto general del ejército y otros dos miembros del a FFMM por parte de las FARC, tal como lo ratifico esa guerrilla. Después de su anuncio, salen a flote muchas dudas sobre lo sucedido: ¿Acaso no ha sido el gobierno el que decidió que las conversaciones se hicieran en medio del conflicto armado, lo que ha generado golpes para unos y otros?, ¿Qué hacia el general Álzate en zona de alta influencia guerrillera, como cualquier hijo de vecino? El ministro de defensa Juan Carlos Pinzón, solo atinó a decir que fue a sus espaldas. ¿Por qué el Senador Uribe, sigue teniendo información privilegiada de la FFMM, lo que le sirve para propinar golpes contundentes al proceso?, ¿será que las declaraciones del general, Mora Rangel comisionado por el gobierno en la Habana, evidencian que se gesta un ruido de sables al interior de la FFMM?

Cabe preguntarse, ¿si ante lo vil de las muertes, los secuestros y el sufrimiento que causa la guerra, y si lo que se busca es llegar a una paz que ahorre los estragos de la violencia, las partes no están obligadas a establecer un cese bilateral de acciones militares?

Al presidente Santos se le reconoce su iniciativa de paz, sin embargo, ya es hora de que no quiera seguir quedando bien con Dios y con el Diablo, se está evidenciando, que los detractores el proceso de paz no cejaran en su oposición y ataques, debe entonces mostrar más actos de paz, a través de los cuales al pueblo colombiano no le quede duda sobre su voluntad y de esa misma forma, su propuesta de paz, empero con justicia social, gane más adeptos.

Por Santos no se votó para que suspenda el proceso, sino para que acabe con la guerra, ese fue el mandato soberano. No le caería nada mal al gobierno, que después de que las FARC, en un gesto de respeto y compromiso genuino, liberen al General y a los otros secuestrados, por su parte el Presidente Santos acordará el cese al fuego, el señor Fiscal General, previo el debido proceso, tomará medidas contra quienes han sido investigados por espionaje y terrorismo en contra de las conversaciones, señalados reiteradamente por el hacker Andrés Sepúlveda, además, se hiciera el relevo necesario en el ministerio de defensa, y por qué no, se profundizará la inversión social, particularmente, se pusiera más atención al paro de la rama judicial y del INPEC, ello, también tiene relación con la paz real. Si no prevalecen agendas oscuras, el proceso de paz, es el único que debe salir fortalecido de este confuso episodio.

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