Publicado el: Mie, Dic 17th, 2014

Lo que va de Pulgarcito a Pinocho


Warning: Illegal string offset 'custom_page_theme_template' in /home4/actualid/public_html/actualidadUrbana/wp-content/plugins/custom-page/custom-page.php on line 345

unicorPor: Unicor

En los tiempos del bullying, o mejor en español, del matoneo escolar, de las afecciones psicológicas, de inseguridades, tanto en niños como en adolescentes, de la bulimia y la anorexia, así como del estrés; que en términos científicos se entiende como “… la respuesta adaptativa del organismo ante los diversos estresores…”, (Hans Selye, 1936). Vale la pena preguntarse qué relación puede existir entre estas neo patologías con la crianza, la educación y los juguetes que se entregan a los niños y niñas de hoy. Es decir, lo que va de Pulgarcito a Pinocho.  

Sin permitirnos la comodidad de ubicarnos dogmáticamente, en la línea de quienes piensan, no con poca razón, que el sistema económico, político y social preponderante, fabrica según su conveniencia, enfermedades, dependencias, curas y soluciones, todo, anclado en un círculo de consumo completo: a mas enfermedad, mas dependencia, y a más dependencias, más demanda de soluciones que no solucionan nada, sin embargo, si garantizan el funcionamiento perfecto del ciclo económico y de dominación. Debemos decir entonces que efectivamente la educación, la crianza de los hijos y con ella, los juguetes que se reciben, tienen que ver con el referido círculo, intentemos pues, una argumentación:

No basta sino con recordar nuestra propia niñez, la niñez de nuestros padres y abuelos, esa niñez libre, precaria en atenciones como en comodidades, una niñez llena de riesgos, la que permitía a ese niño adulto descubrir su ser, su mundo, y desde pequeño, tomar decisiones, asumir responsabilidades con relativa autonomía, lo que significaba no pocas reprimendas, sanciones paternas o maternas, que se debían asumir con estoicismo, así como la picada de las avispas, la mordida de un perro, o la rodilla golpeada o raspada por montarse solo en una bicicleta aún sin saberla manejar.

Ese primer recorrido en la calle, nos llevaba después a la escuela, pero ya grandecitos, de 6 o 7 años aproximadamente, ya formados como hombrecitos y mujercitas, a lidia de golpes y experiencias propias, algunos más cuajados que otros, pero todos por probarse en los desafíos del día a día. En este camino los juguetes que muchas veces no tocaba improvisar, el juego, tanto callejero como el de la escuela era primordial, a través del trompo, del tin tintin corre corre, del escondidijo, del pico de botella, del ponchao, de la guerra libertadores, los picaos de microfútbol, y tantos otros; se ponía a prueba la destreza, la capacidad física, la habilidad mental, en fin, el respeto mutuo se iba ganando en franca lid, poco a poco afloraba la personalidad y el carácter, la vida era dura, el sistema educativo no era tan invasivo como lo es hoy, había mucho espacio para lo impredecible, para la libertad.

Digamos, comenzando el Siglo XX empieza a configurarse en Colombia el sistema educativo que hoy conocemos, y que con la creación del preescolar a través de la Ley 115 de 1994, prácticamente acoge a los infantes entregados por sus  padres siempre ocupados, desde recién nacidos, a los dos años de edad concretamente, la educación seguirá hasta la muerte. Ahí empieza todo, párvulos con uniformes, soñolientos, recibiendo lecciones estándar de lo que es apropiado y que no, haciendo tareas, comprando libros de editoriales recomendadas, llevando USB,s, tablets, celulares, levantándose a las cinco AM y acostándose a las diez PM, comiendo, estudiando, respondiendo a regañadientes, a un sistema que no solo se muestra formativo, sino que aconducta, y además, garantiza un gran negocio, el de la buena educación.

Pulgarcito de Charles Perrault, de alguna manera representa esa primera infancia, de niños adultos, sin un sistema educativo asfixiante, en una pobreza digna, llena de hermanos y sin extremas contemplaciones paternas, precisamente por la escasez, sus padres deciden abandonarlo en el bosque junto a sus hermanos, para ver si por alguna casualidad se salvan de la muerte inminente por hambre en su casa. Ante dichas condiciones tan adversas, Pulgarcito que era el más pequeño de todos, no se pone a llorar, no le da estrés, por el contrario; les hace frente, y después de derrotar un ogro caníbal, y utilizar muy bien los recursos disponibles, sale avante, salvando no solo a sus hermanos, sino, regresando a su hogar y llevando felicidad.

Al contrario, el Pinocho de Carlo Collodi, seudónimo de Carlos Lorenzini, si se incorpora en la educación sistémica, precisamente Pinocho es un muñeco de madera, sin corazón, porque es un niño maldadoso, que solo “…quiere pasar sus días entre juguetes, juegos y juergas…”, que no acoge los valores imperantes y que solo será redimido en la escuela. Esa es la lucha de Geppetto con Pinocho, adiestrarlo, inculcarle valores, paradójicamente, entre más lo manda a la escuela, éste, más se resiste a estudiar. No obstante al final, la buena educación termina triunfando, y Pinocho adquiere conciencia propia, la conciencia inculcada por el sistema, a Pinocho ya no le crece la nariz, ya no dice mentiras, adquiere el alma de la época, ya es un escolar, se convierte en humano.

Desde este análisis hecho por Guillermo Bustamante, en el compendio de conferencias tituladas: “Psicoanálisis de la ciudad”, influidas por la Escuela Lacaniana, se puede reflexionar sobre el malestar que se siente sobre algunas formas de funcionamiento de la actual vida en sociedad. Si bien es cierto que las condiciones de interacción social han cambiado, casi que obligatoriamente, y no es dable pensar en utópicas regresiones, también lo es, que es pertinente revisar al menos teóricamente, por ahora, la forma como se están “educando” las niñas y niños del presente, cabe preguntarse. ¿Qué está pasando con la infancia, como se entiende hoy?, ¿es inteligente someter a un recién nacido a un sistema que al parecer privilegia la ganancia sobre la verdadera educación? Es posible entonces reconocer que los iPod, y demás ayudas tecnologías son importantes en el mundo contemporáneo, ¿sin embargo, que función cumple una tablet en la formación de un niño que aún no conoce bien su cuerpecito?

En la historia de Pulgarcito no había que cargar con el peso de ser infante, la niñez no era consumida por la escuela ni los aparatos tecnológicos, y no se estaba sobre diagnosticado de peculiares aflicciones. Con Pinocho se recrea la pretensión de educar al niño casi desde antes de nacer, de someterlo a responsabilidades que le abruman, y cuando se logra, ¿Qué se logra en realidad?, el resultado es un niño aconductado, un promedio que termina redefiniendo el termino mediocridad, ahora entendida como la adquisición de competencias para vencer, y sobre todo, para lograr la aceptación social.

Deja un comentario

XHTML: Puedes usar estos tags en HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>