Publicado el: Mar, Mar 18th, 2014

Liderazgo social o gerencialismo neoliberal


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2013-09-02 15.36.15Guillermo Segovia Mora/ 

El dilema de Bogotá: Estado facilitador de negocios o gestor del Desarrollo Humano

Que hay una estrategia para sacar a Petro de la Alcaldía y que se está consumando es evidente. Si corresponde a un plan concertado o a la coincidencia de intereses, el tiempo lo dirá.  Hasta gente que tiene la formación para discernir adecuadamente, ha caído en la trampa mediática, táctica de los poderes reales, tenebrosos e insaciables, que dominan la ciudad. Ahora, para cerrar la faena, esparcen el bucle de que Petro no hace nada, no gobierna. Falacia ad hominem. Y si después, los que manejan los hilos les dicen que digan que es un incapaz mental, lo dirán y hasta harán las vueltas para meterlo en un manicomio, porque al intentar acabarlo aquí lo crecieron también en el país. Hay que detenerlo y de cómo saben. El asunto es si podrán.

Dos visiones de ciudad en pugna

Ninguno de sus opositores retrógrados conoce -sí sus críticos serios-, ni le interesa si no es para desprestigiar o distorsionar,  el plan de desarrollo, el nuevo plan de ordenamiento territorial, la concepción de Desarrollo Orientado al Transporte Sustentable, el fortalecimiento de lo público, la gobernanza del agua, el autocuidado, la salud preventiva y responsable, la jornada educativa extendida al arte y el deporte, el derecho al mínimo vital, la movilidad no contaminante y saludable, la diversidad y el pluralismo, el respeto del ambiente y la ampliación de la reserva ecológica, el desarme y la seguridad producto de la recuperación social, la revitalización y densificación del centro como estrategia de lucha contra a marginalidad, el animalismo, la democracia de multitudes y nuevas ciudadanías, todo lo cual conduce al Desarrollo Humano.

Se trata de  orientaciones estratégicas para  garantizarle a la población de Bogotá la posibilidad de condiciones de vida mínimas para un futuro de habitabilidad llena de interrogantes. Desafío que requiere un liderazgo a contracorriente que, al tiempo que hace conciencia derriba las barreras que imponen quienes devengan pingües ganancias del actual modelo urbano,  sin importarles que  con ello  nos lleven a la catástrofe. Son metas de largo plazo pero no utópicas, así por desconocimiento o distorsión no se crean posibles. Una propuesta de este tipo habla bien del gobernante. Aunque digan, para deslegitimarlo, que en lo que anda es en ser presidente, no está pensando en la próxima elección sino en la próxima generación.

Los corifeos del partido de los medios  quieren edificios, avenidas, autopistas, puentes de dos pisos, megaobras…, yea yea. Para ellos ejecutar es cementar, pavimentar la pista de nuestra destrucción como especie.  Asumen lo público desde la lógica empresarial. El Estado como gestor de negocios del sector privado y la gerencia pública orientada a la utilidad, concepción en retroceso por perpetuadora de la inequidad, la exclusión social y política  y la corrupción, que aquí coinciden en defender el neoliberal Silva Luján y el neoinstitucionalista Kalmanovitz. Los líderes de las  ciudades que se están repensando para no perecer ahogadas en chatarra y contaminación, avanzan hace rato por la senda que Bogotá Humana quiere andar y en la que ha dado pasos apartando barricadas.

Más caminata y bicicleta y menos carro particular, más verde y menos concreto, más obra con sentido social y menos moles, más intervención pública para garantizar derechos y menos explotación privada de los servicios públicos y sociales,  más cerca de la casa y el trabajo y menos extrapolación cotidiana, más ciudadanías activas y menos democracia tutelada. Es posible que este proyecto histórico se reverse y que con el tiempo algunos de sus componentes se retomen gobernados por el interés privado, pero a nadie se le olvidará quién dio el primer paso siguiendo a otras ciudades del mundo capitalista que ya lo han dado para hacerse sostenibles.

De esto ni una palabra en los medios privados. No interesa la teoría, las tendencias mundiales, los debates sobre el futuro. “Rapidito y sin carreta” parece ser el lema. Que no se critique, que no se cuestione, que no se planifique con sentido social porque así no funcionan los negocios. A muchas de las estrellas fugaces de la mediocracia les cebaron el narciso al punto de que ahora son autoridad celestial. Los de mejor familia devenidos en directores y los igualados haciendo el papel de comparsa, desplazaron el gobierno, la legislatura, la justicia y  el control político y disciplinario desde las “mesas de trabajo”. Son voceros de los negocios y empacan adiestramiento como información. Creen que saben de todo y hablan de todo. Que Vicky Dávila diga que Petro no hace nada demuestra la arrogancia de la ignorancia hecha vedette.

Tengo, vamos a ver

Con justo orgullo,  Gustavo Petro anuncia con estadísticas estratégicas en la mano que en el 2013, Bogotá Humana, en un país crítico que ocupa el lugar 129, entre 176, de los que dejan morir sus niños por causas ambientales, logró el suceso histórico que ningún niño ni niña muriera por desnutrición. Al partido de los medios le parece que  no es noticia que en  Bogotá no mueran niños por hambre aunque se escandalizan que pase en Chocó. Son sensibles cuando redita políticamente. Eso releva cualquier comentario y muestra el cobre de que está hecho ese grupúsculo reaccionario, privilegiado y arribista, exitoso en la pantalla y el dial pero reñido con la inteligencia. Agentes de ventas en otra rama de negocios  de los dueños del país.

Seguramente Petro es un fracaso como yupi de coctel, pero ha demostrado valentía y mando como gobernante: desprivatizó las basuras, así lo pongan fuera de manera ilegal por ello, sacó adelante el POT aunque un enjambre de abogados de las constructoras esté haciendo de todo para echarlo atrás, volteó las protestas inducidas contra  TransMilenio hacia la concertación de soluciones. En los tres casos confronta el poder de los sectores que pelechaban del gerencialismo público neoliberal, del que no escapó ni el Polo en sus dos administraciones.

Petro es un líder popular indiscutible y un gestor social con resultados. Los opinadores han convertido descalificaciones de su visión política y socioeconómica desde la orilla contraria en errores de gobierno; dificultades administrativas son ampliadas con telescopio mientras se callan las fallas garrafales de sus antecesores por lo menos desde 1991, para no llegar a Mazuera, ejemplo de gobierno para uno mismo; y  por exceso de iniciativa o angustia ante la ofensiva mediática, sus colaboradores le han facilitado algunas embarradas, olidas al vuelo por una prensa que le mide hasta el aire que respira pero olió fragancias nobles en los Nule y tarde al carrusel de la contratación. Antes la plaza se llenaba con buses y lechona, la gente que lo ha acompañado en la Plaza de Bolívar desde el 9 de diciembre de 2013, cuando el Procurador lo sancionó en forma aberrante por “mal alcalde”, lo hace por convicción y razones. Él relacionó algunas:

“El alcalde que no hace nada logró que por primera vez en la historia de Bogotá ningún niño muriera de hambre. 

El alcalde que no hace nada logró que bajara la tasa de homicidios sustancialmente en Bogotá. 

El alcalde que no hace nada logró que disminuyera la tasa de pobreza de Bogotá. 

El alcalde que no hace nada logró que las calificaciones Icfes de colegios públicos igualaran los privados.

El alcalde que no hace nada logró duplicar la atención de niños menores de tres años en Bogotá. 

El alcalde que no hace nada logró reducir la mortalidad infantil por primera vez en la historia de Bogotá a un dígito. (…) 

Mientras la ciudad tenga un mejor aire, finanzas sanas, educación con calidad, niñez protegida y alimentada, va bien. 

He logrado que los estudios del Metro  alcancen el 60% de ejecución. Su licitación para construcción estará en septiembre. 

Los estudios de tranvías hacia Fontibón y Soacha están a dos meses de conclusión.

La mesa del Conpes con el gobierno nacional para cofinanciar el metro trabaja desde hace seis meses.

Logré comenzar el subsidio de transporte a la población sisbenizada incluyéndola en la movilidad motorizada de la ciudad.

Aumentamos sustancialmente la Red de bici carriles y el uso de la bicicleta por la ciudadanía.

Aumentamos en un 37% la demanda por el transporte público masivo desestimando el uso generalizado de la moto.

Peatonalicé una parte sustancial del centro de la ciudad.

No sólo Bogotá tiene un modo diferente de transporte público el SITP, sino que está más cerca que nunca de su metro.”

Un balance  que quieren ignorar y desdibujar porque estos y otros logros se han dado a pesar de tener, desde el inicio de su gestión, a todo el establecimiento contándole los días.

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