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Publicado el: Mar, Oct 14th, 2014

LIBERIA, EL ÉBOLA Y LA HUMANIDAD


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EbolaPor: Mario Serrato

Es posible que la humanidad por una sola vez y con el único interés de protegerse a sí misma, adelante las tareas y las investigaciones que nos pongan a salvo de una enfermedad que se puede convertir en una pandemia y que puede causar la muerte de millones de seres humanos en corto tiempo.  

En esa misma tierra y regiones aledañas, el secuestro de hombres, mujeres y niños se prolongó durante casi 300 años. Un poco más de tiempo los mantuvieron esclavizados en un continente lejano en donde conocieron el frío, la discriminación y el látigo de amos crueles que protegían sus conciencias arropándose con las páginas y letras de  un libro milenario que hablaba de paz y de amor pero al que interpretaban según sus conveniencias.

Tres siglos enteros de cargar en las espaldas las cosechas de algodón  en el sur y el trabajo pesado y humillante  en el norte, los convirtieron en los artífices, nunca reconocidos, del progreso y desarrollo de la gran nación norteamericana.

En cuanto algunos esclavos negros iniciaron tímidos procesos de liberación, los antiguos amos idearon el modo de deshacerse de ellos.

Entonces compraron las tierras más baratas de Sierra Leona, antigua colonia británica, y se inventaron un país de mentiras al que adobaron con la simbología de su libertad. Hacia allá despacharon a todos las personas de raza negra que ya no querían en su tierra.

Así nació Liberia, el país en el que el Ébola ha causado la muerte de más de cinco mil personas y al que la comunidad occidental, con sus protocolos de salud, pretende aislar.

Las personas negras norteamericanas devueltas al sitio en que fueron secuestradas después de trescientos cincuenta años, tomaron la bandera de los Estados Unidos y solo cambiaron el fondo azul en el que pusieron una única estrella solitaria.

Cuando se ve esa bandera se piensa en que la esclavitud es uno más de los 50 estados de la unión norteamericana. El estado que pretendieron aislar y que se empeñan en negar.

A Liberia, Sierra Leona y Nigeria, la enfermedad contagiosa más letal que se conozca en la historia moderna llegó para quedarse.

Si bien la humanidad entera conoce de su gravedad desde hace más de una década, tan solo ahora, cuando los portadores llegaron a sitios en que el mercado mundial tiene interés, se empiezan a presentar esfuerzos económicos y políticas de prevención.

Resulta extraño e interesante que Obama haya enviado un contingente de cuatro mil soldados para atender los asuntos relacionados con el Ébola.

Más parece una remisión estratégica de las multinacionales farmacéuticas para asegurar, al retorno de los  soldados inútiles y contagiados, la difusión de una enfermedad que les dará inimaginables ganancias y sobre la cual ya deben existir medicamentos paliativos y ninguna vacuna efectiva que les malogre el negocio.

La directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Legarde, conocida como “El Pajaro Loco”, consiguió la remisión 140 millones de dólares a las empobrecidas economías de esos países doblemente esclavizados. Seguramente tales capitales terminen depositados en los bancos alemanes para pagar a los farmaceutas de ese país los medicamentos que requieren esas poblaciones hundidas en la miseria. La deuda y sus intereses serán pagados por esos pueblos indigentes dejados de la mano de Dios. Otro buen negocio del gran capital.

Excepto los hermanos Castro, quienes desde Cuba enviaron a 150 profesionales de la salud, ningún país del mundo ni ninguna organización multilateral, ha hecho un aporte significativo a la erradicación del Ébola o a su atención directa con exclusivas consideraciones humanitarias.

Muy pronto veremos en la farmacia local tratamiento preventivos, costosos medicamentos y rigurosos protocolos para prevenir y tratar el Ébola, y ninguna investigación con recursos suficientes encaminada a la creación de una vacuna, situación que pondría al sistema de salud mundial y a la humanidad entera, por única vez, en el camino de la inteligencia.

Por supuesto los tratamientos y los costosos medicamentos no se  usarán en pacientes de Liberia. La industria farmacéutica no tiene en sus destinos comerciales a personas de raza negra ni a indígenas de naciones pobres.   

Estamos frente a una pandemia avisada. Y los movimientos torpes  o interesados de quienes controlan el poder y se benefician de estas situaciones, están produciéndose desde 1822, año en que la Sociedad Norteamericana de Colonización, surgida en los Estados Unidos, inició la compra de tierras para tirar en ellas a los negros  esclavizados a las que ya no soportaba por ser libres. 

Es posible que la humanidad por una sola vez y con el único interés de protegerse a sí misma, adelante las tareas y las investigaciones que nos pongan a salvo de una enfermedad que se puede convertir en una pandemia y que puede causar la muerte de millones de seres humanos en corto tiempo.  

Si lo logramos habremos dado el primer paso para erradicar el peor de los males de la humanidad entera: la ambición desmedida.

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