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Publicado el: Lun, Feb 17th, 2014

Lectura crítica de un diálogo cínico


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hollmanPor Guillermo Segovia Mora/ 

Los Derechos Humanos en la mirada de algunos medios privados de comunicación

Caracol radio 6 a.m. – 9 a.m., febrero 5 de 2014

DARIO ARIZMENDI: – “Son las 5 de la mañana 23 minutos. ¿Si estará amenazado de verdad Hollman Morris o será una posición ahí, para que reciba más protección?”

Hollman Morris, en su calidad de gerente de Canal Capital, en ejercicio de sus derechos constitucionales, en cumplimiento de un deber legal y de su obligación como persona protegida por la CIDH y el  gobierno nacional, el  31 de enero puso en conocimiento de la Fiscalía General de la Nación varios hechos anómalos que en conjunto y reiteración, dados los antecedentes en el país y los relacionados con el ejercicio profesional del denunciante, constituyen motivos de preocupación para su seguridad, el personal que trabaja para el medio mencionado y su entorno familiar, aparte de posibles conductas delictivas.  A la semana siguiente, debido a otros episodios sospechosos, hizo pública su denuncia en rueda de prensa.

Colombia está sumida hace décadas en una grave crisis humanitaria, como lo han corroborado organismos de Naciones Unidas, Amnistía Internacional, Wola, Human Rights Watch, la CIDH y los grupos de defensores nacionales que, a costa del sacrificio de cientos de sus integrantes, mantienen en firme su lucha por la vigencia de los Derechos Humanos, víctimas del descrédito en la estrategia de ir borrando el pasado para que en el futuro no haya culpables. Todos esos organismos han señalado durante cerca de medio siglo las más pavorosas violaciones al Derecho Internacional de los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario, por parte de todos los actores del conflicto colombiano, llámese Fuerza Pública, insurgencia, paramilitarismo y sus alianzas con otros sectores criminales.

Por si en apaño con la contrainsurgencia (militar y paramilitar), alguien quisiera negar la monstruosidad cometida contra la población civil, es una fuente oficial, creada a instancias de la Ley de víctimas -que fijó el inicio de las reparaciones en el año 1985, eliminando de tajo los reclamos y recuentos  de los fatídicos 30 años de violencia anteriores a esa fecha- la que registra que  6 millones de personas fueron víctimas de diversas acciones criminales en los últimos 28 años -más de la mitad en el los ochos años de Uribe-, cifra que incluye 5.4 millones de desplazados, 85 mil asesinatos, 90 mil desapariciones, 7 mil niños reclutados a la fuerza, 6.500 torturados, 4 mil violaciones sexuales y 130 mil amenazas. Por su parte, las agremiaciones de periodistas reclaman justicia y reparación por el asesinato de cerca de 250 colegas. Frente a tal panorama, en términos de protección humanitaria, amenaza pasa a ser hasta el zumbido de una mosca; obliga a los organismos estatales de protección a establecer alertas tempranas y poner en duda cualquier situación de mínimo riesgo es una bellaquería.

Más si se tiene en cuenta que los actos intimidatorios se dirigen a un profesional que por su desempeño ha sufrido presiones y amedrentamiento de autoridades militares; descrédito público, interceptación ilegal de sus comunicaciones, gestión para que se le negara visa por EE.UU, chantaje a History Chanell para que suspendiera la emisión de una serie suya sobre la realidad latinoamericana y el conflicto colombiano, a cambio de un jugoso contrato como canal aliado en la celebración del bicentenario, por parte del gobierno de Álvaro Uribe (luego el canal retribuyó con la farsa del “Grancolombiano”, como lo denunció la periodista Cecilia Orozco), y sindicaciones e insinuaciones peligrosas por varios columnistas.

Fue tan ostensible la persecución contra Morris que el actual Presidente de la República, Juan Manuel Santos, le hizo un desagravio público a nombre del Estado, aunque el aparato judicial dejó marchitar las investigaciones sobre los responsables de hostigarlo. La tontería corre por cuenta de la afirmación de si no será una “posición ahí, para que reciba más protección”. Como si fuera un gusto someterse con la familia a la presencia permanente de extraños y a que éstos se enteren de hasta que desodorante se usa.

“siempre digamos con el bando…”

Reportero: – “Pues Darío, desde la administración distrital precisamente denunciaron esas amenazas de muerte contra el periodista Hollman Morris, quien es el gerente del Canal Capital… además de varios intentos de sabotaje a la señal del canal.

DARIO ARIZMEDI: – Y esa señal… ¿usted ha visto que haya habido sabotaje contra esa señal?

Reportero: Pues observo diariamente el Canal Capital, es fuente de Bogotá y no he visto ningún tipo de sabotaje, lo que ellos dicen es que es sabotaje en algunas regiones del país y…

DARIO ARIZMENDI: -Ahhh…

REPORTERO: – Y en algunas regiones apartadas del país.

FERNANDO QUIJANO: -Hollman Morris ha sido un periodista caracterizado por trabajar con ONG´s, siempre digamos con el bando…”

Quien interviene de último es el director del diario conservador La República. Su afirmación es de un contundente sello ideológico, muestra de la mentalidad guerrerista imperante en el país, de la lógica de enemigo que impregna y de cuán lejos estamos  de la reconciliación que promete el post conflicto. La Constitución de 1991, como resultado de un consenso progresista y de la necesidad de darle una base sustancial a la convivencia entre los colombianos, consagró una avanzada carta de derechos y la estructura jurídico política de un Estado Social de Derecho, no obstante que la orientación económica neoliberal mellara de entrada esos propósitos. Aun así, la realización, promoción y defensa de los Derechos Humanos, es una demanda y compromiso de nación.

La afirmación de Quijano apela al  imaginario bélico impregnado en el lenguaje cotidiano, en el que la acepción  oposición engloba al enemigo en sus diversas manifestaciones. En términos del conflicto armado interno, la insurgencia y con ella, “sus aparatos”,  las ONG´s -por el contexto se refiere a las de derechos humanos-, que cuestionan al Estado, y para ese bando trabaja Hollman Morris. Una apreciación  bárbara, peligrosa y jurídicamente comprometedora.  Seguir colocando los derechos humanos como una táctica de la guerrilla y no como un propósito  ético y humanista de todos los colombianos, es una posición fascista que repudia la paz negociada y  pretende buscar la continuación del conflicto por la vía de la polarización, la subordinación y la antidemocracia.

Si asumimos que el referente ideal de lo público es la concreción de los derechos humanos, las afirmaciones antecedentes -que  son la posición del sector del statu quo los repudia a favor de los derechos naturales de las minorías poderosas- constituyen una advertencia  sobre la  inamovilidad de quienes detentan el poder y sobre esa premisa la  imposibilidad de  introducir cambios acordes con los postulados humanistas y los referentes modernos hacia donde deben orientarse las sociedades para hacer frente a las realidades del siglo XXI. Es la tragedia que vive Bogotá, donde la cultura del atraso, la dominación y el provecho desmedido de sus élites, manantial de su riqueza y causa de una sociedad insolidaria y excluyente, cabalgando en la alienación de un alto porcentaje de la población, pretende minar al gobierno de Gustavo Petro, mediante un cerco institucional y conocidas estrategias mediáticas de descrédito, negación y distorsión de su acción de gobierno y ponderación artificial de los voceros de la alianza en su contra.

“gente que hace negocio con las amenazas…”

ARIZMENDI: -“¿Siempre se ha sentido amenazado?”

FERNANDO QUIJANO: -Siempre ha sido una persona que ha estado ahí frente al cañón. Ahora como es un funcionario de la administración y con la situación que está pasando la administración Petro, seguramente, no se sabe de dónde llegan esas amenazas.

DARIO ARIZMENDI. -Mire Fernando… Usted cree que el Canal Capital tiene tanta influencia, tanto cubrimiento, tanto poder, para que haya fuerzas que intenten interceptar su señal o bloquearla… Por favor…. no nos crean tan bobos…”

Arizmendi ironiza las amenazas, más de una década de persecución y una realidad que ya no se puede esconder, le parecen chiste. Luego  Quijano reitera su lenguaje evocador de la guerra: – “Ahí frente al cañón”, no de la cámara ni de los micrófonos. Y  de nuevo Arizmendi, intentando minimizar las denuncias en sus apreciaciones sobre el canal -difícil explicarse por qué si es tan insignificante les preocupa a diario. Si en lugar de pontificar con la soberbia y la impunidad que le da un medio comercial de amplia cobertura nacional y la cada vez más cuestiona imparcialidad personal y de su equipo, aplicara premisas básicas del periodismo, como al menos enterarse de los hechos a los que iba a hacer referencia  -que seguramente le señaló en una ficha de resumen el reportero- habría reparado en que, según la denuncia, se trata de varios episodios constitutivos de conductas punibles acompañados de evidencias, caso en el cual lo mínimo que se espera de un ciudadano, y más si es el perjudicado, personaje público y con los antecedentes de riesgo de Hollman Morris,  en un Estado de Derecho, es la activación del aparato judicial.

Actitud que en lugar de ironizar, si fuera un  periodista responsable,  debió colocar como ejemplo de ejercicio de ciudadanía, más cuando un rasgo de la justicia colombiana, como concreción de una matriz institucional encubridora por décadas, es la impunidad en la violación de los derechos humanos. Pero no hay nada más molesto para el poder que una ciudadanía consciente y activa en el ejercicio y defensa de sus derechos. Así la propaganda oficial y mediática se deshaga en promoverlos, los niegan los hechos. En Colombia, todavía los reclamamos con miedo a ser  señalados de subversivos o de que se incomode una autoridad que está para garantizarlos. Morris molesta porque exige el respeto a sus derechos con hidalguía, conoce democracias donde el peor crimen es desconocer los derechos civiles, ejerce ciudadanía. Con su actitud enseña a no dejarse.

FERNANDO QUIJANO: – También hay mucha gente que hace negocio con las amenazas…

DARIO ARIZMENDI: -Claro….

FERNANDO QUIJANO: -O adquiere un mejor nivel de vida.”

LC: -Aquí queda expuesto con claridad meridiana uno de los argumentos más mezquinos de la estrategia de deslegitimación del trabajo de los defensores de los  derechos humanos y de paso de negación de la historia de violencia política, abismalmente superior en contra de los sectores populares. Tomando la parte por el todo, en lo que nos ocupa, algunos casos en los que hubo intento de aprovechamiento ilícito de reparaciones estatales (Caso Mapiripán), se remite sospecha sobre los miles de víctimas y de esa forma sobre la existencia misma de los crímenes cometidos por organizaciones ilegales y sus soportes legales, que postularon su respaldo al Estado en la lucha contrainsurgente, o por la propia Fuerza Pública, contra la población civil. Al hacer el comentario en el contexto de las denuncias de Morris se extiende veladamente la afirmación a su caso para, además  de minimizar la violencia,  generar dudas frente a su compromiso humanitario y profesional, ensuciándolo.

“Son auto amenazas”

DARIO ARIZMENDI: -“Denunciamos esta semana en Caracol, como muchos de los amenazados, realmente esas son auto amenazas, mandan a hacer panfletos, esas son organizaciones… ¿usted se imagina a Los Rastrojos o a Los Urabeños amenazando por razones de carácter ideológico? Esos son criminales, simplemente ellos van es detrás del billete, no están persiguiendo a ningún candidato en ninguna parte. Son auto amenazas. “

Arizmendi arranca como premisa con un traído que afirma y no demuestra. Además, la determinación de  si las denuncias constituyen un aspaviento o  son los elementos de un iter criminis, le corresponde a la Fiscalía, sobre la base de los elementos probatorios allegados y los que establezcan los organismos de investigación judicial. En tal sentido, si algún ciudadano tiene duda razonable y probada de que hay falsedad -Arizmendi lo insinúa- , debería acudir a esas instancias para denunciar esa ilicitud. Sembrar incertidumbre sobre la veracidad de la actuación de un denunciante, a capricho de la arrogancia, compromete a aquél  en la posible comisión de una falsa denuncia y, de no demostrarla, a quien eso sostiene en autor de una calumnia, además de otros tipos relacionados con el buen nombre y la integridad moral de las personas.

Aunque la denuncia penal de Morris se refiere a situaciones previas, en días posteriores a su interposición, aparecieron volantes firmados por las autodenominadas Águilas Negras en las que amenazan a varios dirigentes de izquierda, al Acalde de Bogotá “y a todos sus defensores”. De nuevo, a partir de algún caso particular, Arizmendi pretende inducir la conclusión de que las amenazas son tácticas de quienes las denuncian, sin clarificar qué interés podría tener alguien en involucrarse a través de un medio tan tenebroso. Oculta mencionar que en la mayoría de los casos de los asesinatos políticos de la historia mediata y reciente ese ha sido el modus operandi de los escuadrones de la muerte, desde la época de la Triple A, pasando por el MAS, las AUC y sus emanaciones actuales, a quienes, contrario a lo que sentencia Arismendi,  la oficial Unidad de Víctimas señala como responsables de cerca de 500 mil casos de violencia registrados en los dos últimos años. Desde siempre voceros castrenses, funcionarios oscuros y periodistas  estafetas han hablado de auto amenazas para negar lo evidente. No solo juegan a tergiversar la historia sino  a borrar la memoria.

Durante años el periodismo de los grandes medios de comunicación, con algunas excepciones no del todo comprometidas, como cuarto poder del sistema fue eco de la doctrina contrainsurgente de la seguridad nacional. A consuno con el establecimiento, su temor al pueblo y el apego a la democracia  formal excluyente, hizo que los sectores populares contestatarios fueran criminalmente asimilados al enemigo interno como espacio vital  de las guerrillas. En esa lógica, las manifestaciones reivindicativas fueron convertidas en actos subversivos, los pliegos en manifiestos, los dirigentes asesinados en presuntos bandoleros, las muertes a quemarropa en caídas en combate, las acusaciones y responsabilidades de miembros de la Fuerza Pública en estrategias subversivas de desprestigio. Así lo trasmitieron e hizo carrera el “por algo será”.

El reciente informe de la Comisión de Memoria Histórica señala la gran responsabilidad de los medios de comunicación al ocultar, maquillar o tergiversar la violencia e ignorar a las víctimas y su relato. Frente a esta responsabilidad, algunos medios, en lugar de una reflexión crítica están intentando sepultar el pasado en la ruta del negacionismo y desprestigiar a quienes lo traen al presente y señalan, a partir de una realidad que poco ha cambiado en ese aspecto, con la pretensión  de no ser cuestionados en el futuro, mientras se mimetizan de promotores del posconflicto. Pero las víctimas y su memoria gritan.

Displaying 9 Comments
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  1. DIOGENES dice:

    Excelente,excelente, buenísimo,me quedo corto en adjetivos para este articulo, bien redactado, invita a reflexionar,y pone en la mesa una discusión con altura y claridad meridiana.
    Libranos señor de esos periodistas que tienen como único objetivo cuestionar a otros periodistas con pensamiemto critico. Y allí peligrosamente aparece la perseverante actitud de los Arizmendis de considerar “hostil” y “destituyente”, “gorila” y “reaccionario” a todo aquel que observe y promueva la justicia social. Y el castigo según estos Arizmendis debe ser represivo para los que no obedezcan.

  2. Todo se soluciona poniéndole un tatequieto a arribismendi, que Morris le ponga una demanda por injuria y calumnia.

  3. jormabs dice:

    Hola, me disculpan si lo hicieron y yo no los veo… Me gustaría que agregaran los links relacionados con estas estadísticas de las diferentes instituciones que mencionan, donde se pueda ver año a año la cantidad de muertes, secuestros, violaciones, etc. Gracias.

  4. Alvagar dice:

    Definitivamente en este país existen periodistas poco objetivos que trabajan para algunos medios de comunicación que sólo dan las noticia ajustadas a los parámetros de quien les paga. Y critican a quien en realidad hace las cosas con objetivismo con el propósito de tener un país con más equidad.

  5. quienes actuan como jueces,nunca reconoceran sus ignorancias, y ademas son dueños de la verdad que el Estado disfraza para mantener un sistema que se hunde en las calumnias y la mentira ,estos son agentes de toda clase de falsedad , quienes defienden la verdad siempre seran para ellos mal vistos por que lo ETICO golpea mas que cualquier bofetada….

  6. jose marino dice:

    Estos mamertos toda la vida han vivido del cuento de las amenazas y ahora se hacen los martires para despretigiar a los gobiernos democráticos para tratar de imponer sus ideas comunistoides y apoyar a los narcoterrorista que si son el cáncer de nuestro pais….fuera mamertos de canal capital…….

  7. Buen artículo hermano. En el gobierno de Turbay Ayala algunos militares aseguraban que los guerrilleros se auto torturaban para desprestigiar a las fuerzas armadas. Esas aseveraciones tenían la solidaridad de cuerpo, tal situación permite entender y hasta validar la afirmación. Pero el caso de Arismendi equivale a ver a un negro besando un látigo.

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