Publicado el: Jue, Ago 15th, 2013

Latinoamérica cantada


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Caratula-buscando-americaPor Guillermo Segovia Mora / 

“Raíces, realidad y utopía de un pueblo en la música, la crónica y la poesía de Rubén Blades. De Siembra a eba say ajá”

El 9 y 10 de enero de 1964,  25 jóvenes panameños fueron asesinados por la marina estadounidense, posesionada del canal transoceánico desde comienzos del siglo XX,  por exigir que se izará  la bandera patria en la zona, ocupada tras la hábil maniobra de Teodoro  Roosevelt de estimular la secesión de la provincia colombiana para luego hacerse a la franja reconociendo una indemnización deshonrosa a Colombia y una soberanía hipotecada a Panamá. Ese hecho, que provocó rabia e indignación patria, impactó profundamente en la toma de conciencia de Rubén Blades Bellido de Luna, un joven  hasta entonces atraído por “todo lo yanqui”, al punto que cinco años después, inmerso en  la música, compuso una protesta radical interpretada por Busch y su Nuevo Montuno. Fue una más de las agresiones de los EE.UU. contra expresiones de independencia en Latinoamérica y El Caribe, exasperados por la Revolución Cubana y en práctica de la “Guerra fría”, en un continente gobernado por lacayos y en  ebullición, debido a la explotación y represión contra de las mayorías pobres, situación que animó el surgimiento de grupos guerrilleros a lo largo y ancho de la geografía al sur del río Bravo.

A finales de la década, Blades supo de la ejecución fuera de combate del legendario Comandante Ernesto “Che” Guevara, héroe de la Revolución Cubana, capturado tras el penoso fracaso de su foco guerrillero, en una Bolivia sumida en la miseria y aplastada por pies nativos calzados con botas gringas. Vivió con prevención, la consigna del rescate de la soberanía de Panamá por un gobierno militar populista, dirigido por el nacionalista Omar Torrijos, cuya gestión progresista  llevó a la recuperación del canal, aunque permeado por la corrupción y la represión de sus mandos medios, que desataron  la persecución contra la oposición, lo que obligó a su familia, de principios liberales, a radicarse precisamente en los Estados Unidos. Conoció que  en Chile, por la vía electoral, se imponía la plataforma socialista de la Unidad Popular de Salvador Allende (1970) y  del ascenso de las luchas sociales que ponía en jaque democracias de fachada en el sur y centro del continente. Alimentó su espíritu con los grandes de las letras latinoamericanas en plena forja; “El hombre rebelde” de Albert Camus y autores franceses por aquí poco conocidos.

Tanto como la realidad de un continente plagado de injusticias, violencia contra los humildes, ricos voraces y cínicos, gobernantes y políticos corruptos y arrodillados, militares cipayos, venales y sanguinarios y de una patria mancillada por la dominación extranjera, pesó en la formación de Blades el haber nacido en una familia de escasos recursos, de músicos y de diversos orígenes culturales. Su padre, el colombiano Rubén Blades Bosques (“bleids” que el artista castellanizó en la pronunciación), descendía de un hombre de Santa Lucia, excolonia inglesa en el Caribe, ocupaba un modesto empleo público e interpretaba el bongó. Su mamá, la cantante y pianista cubana Anoland Bellido de Luna, quien sostuvo con dificultades una numerosa familia hasta que sus hijos Rubén y Roberto surgieron en la música. Y la gran influencia de su abuela materna, Emma, feminista, independiente, espiritual, librepensadora;  con ella aprendió a leer y escribir y  el sentido de la justicia, y  la quiso profundamente. El ascendiente africano presente en su sangre de origen caribeño lo emparentó con los orishas, el tambor batá, los ritmos afrocubanos y el son.

De Panamá a New York

Mientras estudiaba la carrera de Derecho, se informó de que en aplicación de la “Doctrina de Seguridad Nacional”, orientada por Washington, las Fuerzas Armadas del continente, cuyos mandos fueron formados por instructores yanquis en las más crueles practicas contrainsurgentes en  la “Escuela de las Américas”, implantada en pleno canal por décadas y luego trasladada a Ford Benning, pusieron en marcha un criminal plan de exterminio para aniquilar al “enemigo interno” (supuestamente el comunismo,  en realidad cualquier manifestación anti sistema). Lamentó, como muchos latinoamericanos, que el 11 de Septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas chilenas, mediante violento golpe de estado, patrocinado por la Casa Blanca, bombardeando el Palacio de la Moneda, acabaron con el experimento socialista de Allende; que luego tomaran el poder en Argentina,  y que en todo el Cono Sur se pusiera en práctica el “Plan Cóndor”, macabro acuerdo regional para aplastar las organizaciones rebeldes urbanas, y de paso el movimiento social. Al final de esa década sangrienta, Blades decide ampliar su horizonte intelectual y probar suerte como artista, intereses que apuntaban (¡qué paradoja!) a Estados Unidos, llevando en su mente  esa realidad hiriente para continuar siendo testigo del desenvolvimiento trágico e indignante  del continente,  desde las “entrañas del monstruo”, y a cuyo despertar decidió aportar su mejor recurso: la música.

En los años los años 30, New York, por presencia de latinoamericanos, sitios de baile (Palladium) aceptación del público y facilidades de grabación, se convirtió en la ciudad de atracción de los músicos caribeños. Desde las legendarias orquestas de Machito, Tito Puente,  Tito Rodríguez, José Curbelo y Xavier Cugat, con sus descargas de origen afrocubano, pasando por  la avalancha de inmigrantes puertorriqueños y cubanos que en los 60´s incidieron en la acogida de ritmos cubanos como el mambo, el boogaloo,  la pachanga y el cha cha cha, interpretados por  Barreto, Palmieri y Pacheco, y, finalmente, el boom de la salsa de los 70,s  con las estrellas de la Fania: Richi Rey y Bobby Cruz, Willie Colón, Larry Harlow, Bobby Valentín, y otras que aquella no firmó y por lo mismo quedaron relegadas comercialmente pero tuvieron gran incidencia en el “barrio”. Harlem y el Bronx, barriadas duras, apiñadas de boricuas en busca de sustento, dieron entusiasta recibo a una música nacida del sudor y de la fábrica, del hambre y el  asfalto, de su propia realidad, como un manifiesto sonoro de desafío a la dificultad y apropiación de un nuevo espacio (la calle) y una nueva  identidad, que solo podía surgir como emanación de la composición étnica de las sonoridades  Latinoamérica y, en particular, del Caribe. Hacia allá tenían que apuntar necesariamente los pasos de un joven inquieto, talentoso, crítico, con vena literaria y apasionado por la música.

Ocultando a las autoridades universitarias sus trabajos con orquestas modeladas al estilo de los ritmos bailables de los 60 en New York (Arosemena, Busch, Los Salvajes del Ritmo) Blades se graduó como abogado en 1974 y se fijó como meta ser estrella en la capital de la Fania, sello discográfico que agrupaba lo más destacado de la música latina -que genéricamente se denomina salsa- en la ciudad de los rascacielos. Con él, salió su familia para prevenir represalias del régimen que ligaba colateralmente  a su padre en un conspiración contra Torrijos, y buscar un mejor sustento. Ya había dado sus primeros pasos en el acetato, el mayor de los cuales fue  el  álbum “De Panamá a New York”, con la orquesta del trompetista “Pete” Rodríguez en 1969, en el que la mayoría de los temas son de su autoría, incluyendo “Juan González”, que por la época de grabación enuncia ser un homenaje al “Che” Guevara y a la esperanza de los pueblos hambrientos,  y la rumbera “Descarga Caliente”. Pero el comienzo no fue fácil. Ingresó a la Fania como mensajero, luego en los coros y, poco a poco, gracias al apoyo de “Cheo” Feliciano, su “ídolo de siempre”, y a su talento, las distintas orquestas del sello comenzaron a grabar sus temas, algunos con su  voz líder.

 

Siembra

En 1977, Ruben Blades publica con la orquesta de Willie Colón “Metiendo mano”,   su primer trabajo oficial bajo contrato con la Fania, en el que literalmente metió mano y línea con temas de su autoría como  “Pablo Pueblo”, el drama de la pobreza  al estilo de crónica cantada con el que hizo carrera, “La maleta” y “Pueblo”; “Plantación adentro” de Catalino “Tite” Curet y “Según el color” de Félix Hernández, además de los sentidos “Lluvia de tu cielo” de Jhonny Ortiz” y el bolero “Me recordarás” de Frank Domínguez. Se apreciaba una  nueva sonoridad para letras sobre la injusticia,  las dificultades  de la inmigración, la solidaridad, la esclavitud y las diferencias sociales, que muy probablemente chocaron con un público alienado que, en medio de los rigores del día a día, vivía la salsa y el baile como un escape de la realidad, por lo que su acogida fue cautelosa. Siguieron colaboraciones en la misma línea para otras agrupaciones como “Canto Abacuá” para Ray Barreto; “Cipriano Armenteros” y “Vuelve Cipriano”  para Ismael Miranda; “Juan Pachanga”, en su interpretación, en el álbum colectivo Rhytm Machine, una deliciosa descarga sobre el dandi  desilusionado, que todavía suena en los bailaderos; “El cantante”, inspiración a la medida de la tragedia de Héctor Lavoe (“La voz”); y Paula C, colaboración en su voz para Loui Pérez, en homenaje a su gran compañera sentimental y de trabajo en los primeros años.

Con “Siembra” (1978) llegó el momento de Blades. De nuevo con la orquesta de Willie Colón graba el que se convertiría en el álbum más vendido de la música tropical en la historia, no obstante la apatía de los dueños de la Fania que apreciaban su contenido discursero (“mamerto”, dirían hoy) y tedioso para el bailador por la extensión de los temas. Innovación de magnitud en sonoridad y contenidos poéticos, mordaces y de acento social, sin desconocer el canon rumbero. En “Plástico”, la irónica entrada de expectativa con música “disco”  da paso al alegato  elocuente contra  la nadería, el arribismo y extranjerismo  de las clases medias y altas del continente, ajenas a las realidades de su entorno y enredadas en bobadas, al punto que sin entenderla la coreaban y bailaban, y culmina con un contundente llamado a vencer la ignorancia y trabajar “por una América unida y un mañana de esperanza y de libertad”. Tal también el sentido del tema “Siembra”. Y por si fuera poco, la crónica vibrante “Pedro navaja”, con su música pegajosa, sobre el episodio tragicómico de un “matón de esquina” en el barrio latino,  inspirada en el personaje  Marck the Knife  de la obra teatral la Opera de los tres centavos del literato, poeta  y agitador comunista alemán Bertold Brecht. La incidencia del tema  fue tal que generó varias versiones teatrales, cinematográficas y musicales. Gabriel García Márquez dijo que habría querido escribir “esa historia hermosa y terrible”.

Paradójicamente, mientras Blades lograba incursionar con sus letras cuestionadoras y  desafiantes en los Estados Unidos,  a través del aparato comercial de la Fania, y desde allí incidir en América Latina, con giras que lo llevaron incluso a dar un concierto en 1982 en Montevideo  en plena dictadura con el estadio de Peñarol abarrotado pero en silencio (“No por miedo sino por respeto” le aclararían después) y con un compilado de sus temas publicado en Argentina; apenas unos años atrás muchos intelectuales latinoamericanos comprometidos con propuestas comunistas, socialistas o simplemente con la identidad de sus pueblos, entre ellos escritores como Julio Cortázar, Manuel Puig, Eduardo Galeano y Mario Benedetti, y autores y cantores de la que se conoció como canción protesta, promotores del cambio o de la lucha contra las dictaduras, desde el folclor o la innovación, como la “Tropicalia” de los brasileños  Caetano y María Bethania Veloso, Milton Nascimento y “Chico” Buarque; y los “conosureños” Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Horacio Guarany, Nacha Guevara, María Helena Walsh, Piero, León Gieco, Leonardo Favio, Astor Piazzola, Alberto Cortéz, Daniel Viglieti, Alfredo Zitarroza, Los Olimareños, Inti Illimany, Quilapayún e Illapu, quienes  tuvieron que huirle a  la muerte abandonando sus países o recibirla estoicamente  como Víctor Jara. El eco de muchos de ellos se escucha en la obra de Blades. Como también de la Nueva Trova y la música popular cubana, a pesar de su distancia con el régimen.

Maestra vida

Con la licencia prodigada por el éxito, Blades produce en 1980 el tercer trabajo  con la orquesta de Colón, el álbum doble “Maestra Vida”, un proyecto novedoso,  musicalmente atractivo pero  dirigido, más que al baile,  al buen acompañamiento para la reflexión, en el que  al estilo de la tradicional radionovela (el escritor venezolano Cesar Miguel Rondón, autor del “Libro de la Salsa”, hizo la narración en off y el dramaturgo y periodista panameño Raul Leis aportó textos), se narran  los avatares y esperanzas de una familia prototipo latinoamericana, la del sastre Carmelo,  y se dejan advertencias y constancias: “Maestra vida camará, te da y te quita, te quita y te da”. El binomio Blades Colón continúa con el álbum “Canciones del solar de los aburridos” que contiene los temas “Tiburón”,  salsosa denuncia de la agresión imperialista a Centroamérica y el embargo contra Cuba; “Ligia Elena”, ironía sobre la discriminación racial y de clase y el arribismo; “Madame Kalalú”, divertida narración sobre las adivinas embaucadoras; “Te están buscando”, las consecuencias de meterse en enredos con el bajo mundo; el bolero en ritmo de samba  “Y deja” (Piloto y  Vera), y “¿De qué?” , llamado a reflexionar sobre la acumulación egoísta. El quinto y último trabajo conjunto fue “The Last Fight“, banda sonora de la primera película de Blades como actor.

Con un contrato a medio cumplir, las relaciones de Rubén Blades con los propietarios de la Fania se hicieron cada vez más difíciles, pues con una posición justa, que ha mantenido siempre, reclamó el derecho sobre sus obras a lo que firma se negó.  Entonces, con  el fin de liberarse, crear su propia orquesta y buscar nuevo sello discográfico, regrabó composiciones  hechas para otras voces o realizó versiones de temas que le atraían, sin mucho entusiasmo, para entregar los tres trabajos pendientes: “El que la hace la paga” 1983, “Mucho mejor” 1984 y “Doble filo” 1987, en los que a su desgano se sumaron el desinterés y los abusos de Fania que irrespetó las orientaciones del autor para su publicación y los sacó al marcado a su antojo y conveniencia, como varios compilados y participaciones suyas en discos colectivos. Aun así, pegaron temas como “Cabeza de hacha”, tango ya versionado por el colombiano Noel Petro; “Lo Pasado No Perdona”, “Ganas”, “Privilegio”, “Noé”, “Amor pa’ que”, “Mucho Mejor” y varios boleros. Como acicate a los retos, intervino en el trabajo “Entre amigos”, con Lui Ramírez y el Conjunto Quisqueya con un aporte  premonitorio: “Sigo pa´lante.

Por entonces, en el “Cono sur”, con  miles de torturados, ejecutados, desaparecidos, niños raptados tras asesinar a sus padres, exiliados,  los militares anunciaron la “pacificación” y la reconducción ideológica hacia los “valores tradicionales” y pusieron en marcha en calma chicha el modelo económico neoliberal en países ahogados por la deuda externa robada por la corrupción y cuyo pagó se trasladó a los hombros del pueblo. Al tiempo  que en Centroamérica, el  19 de Julio de 1979, el triunfante Frente Sandinista de Liberación Nacional arriba a Managua y acaba la satrapía de los Somoza, con Carlos Mejía Godoy y Los Palacagüina en la banda sonora de la revolución,  y en El Salvador y Guatemala irrumpen alianzas  de las guerrillas y los grupos de oposición contra dictaduras sanguinarias al servicio de oligarquías adscritas a Washington, en medio de una demencial represión. La iglesia de los pobres jugó un papel determinante en la concienciación y defensa del pueblo, tal actitud le costó la vida a numerosos sacerdotes y monjas, entre ellos a Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, al que los escuadrones de la muerte asesinaron en plena eucaristía y ante una feligresía conmocionada, mientras exigía “En nombre de Dios, en nombre de este pueblo, les exijo, les ordeno: ¡Cese la represión!, luego de que la milicia había ametrallado una manifestación en plena plaza principal, causando decenas de muertes.

 

 

Buscando América

En 1984, Blades estrena su agrupación musical Seis del solar, en la que suprime trombones para diferenciarla del sonido de la orquesta de Willie Colón y prioriza el vibráfono; así como  su vinculación al sello Elektra y el hermoso álbum “Buscando América”, todo un manifiesto político sobre la realidad oprobiosa del continente, no exento de juicios jocosos, con ecos jazzísticos y caribeños.  En “Decisiones”,  en medio del goce, nos pone a pensar en las picardías evitables y sus consecuencias inevitables;  GDBD (Gente Despertando Bajo Dictaduras), raro guaguancó en el que narra el despertar cotidiano de un agente de un aparato represivo; “Desapariciones” por la denuncia, el llamado a la memoria y al recuerdo, a no doblegarse y a no renunciar, una prédica que  se convirtió en el himno en honor de los miles de víctimas de la desaparición forzosa por motivos políticos -los grupos rockeros “Maná” de México y “Fabulosos Cadilacs” de Argentina  lo hicieron suyo por la realidad de sus países; “Caminos verdes” ,  sofisticado y  esperanzador instrumental;  “El Padre Antonio y su monaguillo Andrés”,  sentido homenaje a Monseñor Oscar Romero y los sacerdotes sacrificados por acompañar el martirio de sus pueblos; “Todos vuelven”, del peruano Cesar Miró, la nostálgica añoranza de los emigrantes, una versión más, escogida por quien valora su mensaje; y, al final, “Buscando América”, un llamado por la patria grande lacerada.

La bestialidad dictatorial no aguantó el paso del tiempo en Suramérica. A mediados de los años 80, la resistencia interna, la lucha de los exiliados, la solidaridad internacional, de una parte; la represión, la corrupción y la incompetencia de los militares para gobernar y el fracaso de las FF.AA. en la Guerra de las Malvinas, reivindicación nacionalista con la cual quisieron ganarse al pueblo, por la otra,  llevaron  al fin de las dictaduras con procesos de democratización conducidos por los partidos tradicionales rehabilitados en alianzas amplias de oposición, la mayoría de los cuales, sin embargo, dio continuidad al  recetario neoliberal. Al tiempo, los sandinistas enfrentaban heroicamente la agresión,  el Frente Farabundo Martí acechaba a las puertas de la capital salvadoreña y el mundo asistía indignado a la masacre de indígenas en resistencia en Guatemala. Reagan y Bush insistían en doblegar la alternativa popular apoyando gobiernos indeseados y a la contrarrevolución, pero ya era imposible volver al pasado.

Tras actuar y cantar a dúo con el cubano exiliado Virgilio Martí y a capela “Todo vuelven” en la película, del también exiliado León Ichaso, “Crossover Dreams”, y recibir su grado en Harvard, Blades presenta, en 1985, el segundo trabajo con Seis del Solar, “Escenas”, del que con el tiempo resaltarían “Cuentas del Alma”, la soledad de una mujer enamorada y con hijos, tras la separación; “Caína”, los riesgos de la drogadicción; “Muévete”, del cubano Juan Formell, un llamado al mundo para la acción para el cambio, que años después interpretarían conjuntamente en Francia; y “Sorpresas”, que se destacó, no por impactar, sino por el debate generado al ser presentada por Blades como la segunda parte de Pedro Navajas. Luego explicaría que, ante la imposibilidad de usar su tema original, pues es “propiedad” de la Fania, decidió revivir a quien había  matado en una estupenda historia. En uno de los coros lo dijo todo “¿Éstos novatos qué creen? ¡Si éste es mi barrio papá!”. En Rubén Blades y Seis del Solar Live (grabación de un concierto en NY) fustiga con puya los peros que se pusieron a “Pedro Navajas”: “Si los que sabemos hubieran tenido que revisar El Quijote no lo habrían publicado por largo”. En una nueva incursión creativa e intelectual, musicalizó y cantó letras inspiradas en los primeros cuentos de Gabriel García Márquez, en el álbum “Ojos de perro azul”, aventura de “realismo mágico” y reivindicación latinoamericanista con poco swing para bailadores, cuyo resultado, según dijo el cantautor, burlonamente, les gustó a él y a García Márquez pero no a la gente, que no lo comprendió, “¿Y qué sabe de música García Márquez?”.

Con la caída del Muro de Berlín, simbolismo del derrumbe del campo socialista, la insurgencia en Centroamérica y una parte de ella en Colombia repensó la ruta. La realidad impuso la paz mediante acuerdos negociados que dieron paso a democracias formales, con garantías para la oposición y la implantación de algunas reformas políticas y sociales. Los primeros gobiernos electos, sin embargo, pertenecían a partidos pro estadounidenses con programas neoliberales, pero la guerrilla desmovilizada  se hizo fuerte en el legislativo, logró poder local y se convirtió en opción real sin temor de ser aniquilada. En Panamá,  el 20 de diciembre de 1989 (a ese día de dolor también le cantó Rubén), la aviación estadounidense borró del mapa sectores populares de la capital para dar al traste con el General Manuel Noriega, quien en una jugada a tres bandas, con un liderazgo populista, apoyaba a la izquierda latinoamericana, engañaba a la CIA y facilitaba rutas y refugio a los narcotraficantes, y claudicó al mando de una resistencia, por tales antecedentes tibia y desmoralizada. Invasión que, no obstante, repudió todo el continente.

Prohibido olvidar

Rubén Blades reconforma su agrupación musical, con un acento más salsero, y da vida a Son del Solar con el que publica el álbum “Antecedente”, añoranzas a los sitios, amores  y situaciones de su infancia, y además: “Juana Mayo”, el drama sentimental y humano de la prostituta: “Dime varón si tú te acuerdas de ella”; “Contrabando”, una pormenorizada descripción de la práctica del matute por el Orinoco, o en cualquier frontera del continente; y “Patria”, la sentida descripción de los elementos sentimentales y naturales que nos aferran a una identidad: “Patria son tantas cosas bellas”. Con la colaboración de Sting, Elvis Costello y Lou Reed realiza el trabajo pop en inglés “Nothing But the Truth”. En 1991, da a conocer el segundo álbum con  Son del Solar, “Caminando”, en el que el corte  que sirve de título, en la línea de los versos de Machado pero con sabor caribe, llama a la búsqueda y  la experiencia; “Camaleón”, sabrosa increpación a la envidia; “Mientras duerme la ciudad” se perpetua  el statu quo; “Obalué”, referente de la religiosidad afrocaribeña; “Cipriano Armenteros”, crónica sobre el legendario bandolero veragüense; “Ella se esconde” (“¡Qué bandolera que eres tú! ¡Qué raquetera en el amor! Me has enredado en tu revulú Y me has robado el corazón”); “Él”, que tiene durmiendo dentro una mujer; “Raíz de sueños” en encomio del Caribe, y dos proclamas: “Prohibido olvidar” (lo que hicieron las dictaduras militares y las otras) y “Tengan Fe” que esto no se acaba aquí.

“Amor y Control” (1992) inicia una nueva etapa bajo el sello multinacional Sony. Con tres carabelas navegando en un mar apacible en la carátula,  fue  una entrega con varias motivaciones: la muerte de Anoland, la mamá de Rubén, a quien dedica “Canto a la madre” y “Canto a la muerte”; el desastre de los daños ambientales descrito en “Naturaleza Muerta” y “El Cilindro”; los 500 años de América, “Celebración” con los pueblos indígenas y “West Indian Man” con los del Caribe; “El Apagón”, una satírica referencia al atraso por el desgobierno y la grandilocuencia: “Quinientos años de cotorreo. Se fue la luz y siguió el saqueo”; el amor en “piensa en mí” y el alegre  “Creo en ti”; la crónica con mensaje de “Amor y Control”, sobre la unidad familiar frente a la amenaza de la drogadicción, compuesta tras una escena real durante una visita a su mamá enferma en el hospital; y “Adán García”, la tragedia del desempleado, que desilusionado de las promesas politequeras, en una acción ingenua y desesperada, encuentra la muerte. El rostro de angustia de Adán García, dice  Blades, se le aparece en forma recurrente. En 1995, se produce su esperado retorno con Willie Colón, “Tras la tormenta”, en el que rinden un homenaje a Héctor Lavoe;   Blades interpreta la estremecedora “Desahucio” del boricua “Tite” Curet Alonso, sobre los lanzamientos de ocupantes de vivienda por no pago, y  “Tras la tormenta, lo bueno viene ya”. El éxito comercial fue “Talento en televisión” de Amilkar Boscan en la voz de Colón.

Tras la invasión y la captura de Noriega, en Panamá vendría una seguidilla de gobiernos oligárquicos corruptos impuestos por la Casa Blanca y de orientación religiosamente neoliberal. En ese escenario, el ya reconocido compositor, músico y actor Rubén Blades regresó a su país y formó el partido Papa Égoro (Casa de todos en Kuna) con una plataforma de defensa de la soberanía, justicia social, administración pública pulcra y eficiente y plena vigencia del Estado de derecho, los derechos humanos y las libertades públicas,  con un promisorio respaldo inicial, lo que le dio varios escaños en la Asamblea Legislativa y un tercer lugar  como candidato a la Presidencia en 1994, respaldo que se fue menguando con los cambios políticos internos y el distanciamiento de su líder,  absorbido por una agitada vida artística.

La rosa de los vientos

Con “La rosa de los vientos” (1996), abre una nueva etapa para poner en práctica sus criterios como productor musical: graba con músicos y autores panameños (sólo 2 de los 14 temas son suyos), variedad de ritmos con acento en los propios del istmo, y libertad conceptual. El disco se apreció con los años, como el bello tema “Vino Añejo” sobre el amor maduro que canta Rubén, al igual que el vallenato “Eres mi canción” y “Un son para ti”, donde imposta la voz para dar vida a “Medoro Madera”, su alter ego sonero. Interpreta  también “El semáforo”, la vitrina callejera del tercer mundo, y un aparte promisorio del Chilam Balam, los relatos de la civilización maya. En 1999, con el Trio Editus de Costa Rica y músicos panameños produce el álbum “Tiempo”, en el que la experimentación instrumental y sonora y la reflexión en distintos ámbitos,  se amplía a ritmos y géneros latinoamericanos. Con sentimiento, Blades afirma que no escribió sino que parió el trabajo y lo concibe como un disco no comercial -ni bailable- sino un trabajo de buena música. “Sicarios”, es un reportaje cantado de la figura criminal que hiciera carrera en Colombia; “Hipocresía”, el retrato de las ambigüedades y distorsiones en la época que corre, en la que no se entiende “porque lo sueños se vuelven mierda”;  “Vida” reconoce  la  involuntariedad  de la existencia pero apela a la razón del ser, “Tiempos” nos habla de los momentos que son la vida y  como coda nos enfatiza, en “Creencias”, que “En algo hay que creer”.

El segundo trabajo con Editus, “Mundo” (2002),  al que son invitados Boca Livre de Brasil, el coral femenino De boca en Boca de Argentina, la canadiense Luba Mason ,su esposa,  y otros músicos destacados de todo el continente, tiene una pretensión musical e intelectual de mayor horizonte. Bajo la premisa de un planeta sin fronteras y una fuente vital común, producen una fusión de ritmos e instrumentos que se pasea y cruza por África, Europa y América con soltura y contenido, destacándose los temas “Estampa”, evocación a la influencia afrocubana en la música neoyorquina, con una letra dedicada a las diversas manifestaciones humanas y a su única raíz;  “Primogenio”, una gaita irlandesa sobre un guaguancó canta a Eleggua, al África madre de la humanidad; “Como nosotros”, la infancia y la solidaridad en los barrios de ayer en el recuerdo de Rubén; en canto flamenco: “Bochinches”, letra   de ironías situacionales y en homenaje a los gitanos,  “Parao”, la admiración por la firmeza ante la discriminación, “Ella”, auto confesión sobre los dilemas de la reciprocidad en el amor y “La ruta”, la memoria común legado de los ancestros y la necesidad de seguir su camino.

En “El capitán y la sirena”, con base rítmica asiática, canta con De Boca en Boca a los desafíos de los amores aparentemente imposibles; “Sebastián” al  querido loquito de todos los barrios y su sueño de  amor, adornado por la gaita; “Jiri Son Bali”,  un canto tradicional de Malí, sobre el cuidado de la vida, con nueva letra de Blades y cantado por  De Boca en Boca y “Medoro Madera”, en ritmo de mambo como homenaje a Eddi Palmieri; “Consideración” (versión de Blades de Oriente de Gilberto Gil) con Boca Livre,  es una invitación a imaginar;  “Danny Boy”, canción tradicional irlandesa en la voz de Luba Mason, sobre gaita irlandesa, violines y flautas, recuerda  a New York y las víctimas del 11 de septiembre; como “ñapa”, por la paciencia de sus escuchas, les ofrenda al final “San Patricio”, un homenaje a Irlanda en clave salsera, sonea “Medoro Madera”.

A comienzos del siglo XXI, tras el desolador panorama heredado del neoliberalismo, con las economías arruinadas por una apertura incondicional y desequilibrada, la propiedad pública subastada a precio de ganga a  inversionistas foráneos y las mayorías en la pobreza, el desempleo y el rebusque, las luchas sociales orillaron las propuestas tradicionales y dieron la alternativa a un variado menú de apuestas genéricamente ubicadas en la izquierda, cuyo acento social resalta, aún en el más crítico balance, en la mayor parte de los países de Latinoamérica y El Caribe. En 2003, Panamá celebró los 100 años de Independencia, entre los actos conmemorativos se destacó un concierto gratuito de Rubén Blades, con Gilberto Santarrosa como invitado, en homenaje a las glorias del país, al margen de los actos oficiales de la alcaldesa capitalina Mireya Moscoso.  Al año siguiente, el  socialdemócrata Martín Torrijos -hijo del General-, apoyado por Blades logró la Presidencia de la República. Rubén fue nombrado Ministro de Turismo, encargo que desempeñó con entusiasmo hasta el año 2009, apartándose del mundo artístico por cerca de un lustro. La exitosa gira latinoamericana “Todos vuelven” marcó su regreso a la música.

Cantares del subdesarrollo

Liberado de las responsabilidades oficiales, da a conocer “Cantares del Subdesarrollo”, grabado en el garaje de su casa en Los Ángeles (California), terminado en 2003 y guardado hasta nueva orden,   en homenaje a Cuba y Puerto Rico, álbum en el que elaboró todas las letras, ejecutó casi todos los instrumentos (maracas, bongó, campana, tres cubano, guitarra acústica, con cuerdas de metal y de 12 cuerdas; Walter Flórez ejecutó los demás: flauta traversa, cajón peruano, percusión menor, bajo y percusión sintetizada) y cantó en su voz y en la de “Medoro Madera”  e hizo los coros, produjo por su cuenta y vendió por Internet. Una continuación de los personajes de “Maestra Vida”,  con la temática de la vida, el barrio y el país vistos con amor,  humor y mordacidad; sabrosura, salsa, sones y guaguancó. La nostalgia de “Las calles”  de los duros y “El reto” a los cobardes; el  “País portátil” que se vende por los indignos e incapaces que lo gobiernan; la erección por la que “El tartamudo” ruega a la prostituta y ante su negación le advierte: tú te lo pi pi pi pierdes, grabado originalmente en un álbum de rock que patrocinó para varios artistas jóvenes y de descarga gratuita y éxito de 2004 cuando lo interpretó con la Spanish Harlem Orquesta; el sentimiento en “Olaya” (incluida en el trabajo “Arrasando” de Los Van Van de Cuba)  y “Moriré”; la diversión del beisbol en “Segunda mitad del noveno”, aquí se decide el juego y no se pude perder;  el ruego por protección en “Bendición”; y la cuota de mensaje en “Símbolo” y en  el coro marcial de “El himno de los olvidados”.

En 2012, otra sorpresa, el álbum conjunto con “Cheo” Feliciano, “eba say ajá” (contracción en inglés de “Ahora todos digan ajá”, animación tradicional de “Cheo” Feliciano, que bien podría ser una frase en lengua africana) en el  que cada uno interpreta cuatro éxitos y un tema inédito del otro. Rubén la composición de “Cheo” “De aquí pa´lla” y “Cheo” “Inodoro Pereira” (homenaje a Fontanarrosa) de Rubén, sobre el hombre inútil, hipócrita, sabiondo, quejón, negativo y oportunista: “en cualquier sistema no sirve pa´na”; a dúo: “Si te dicen” y “Lo bueno ya viene”.  Como el sonero “Medoro Madera” colabora con   versiones de “Lágrimas Negras” y “Contéstame” en el cd “Vamos pa´la fiesta” del tradicional Septeto Santiaguero de Cuba.

Rubén Blades es un hombre sensible, comprometido, con una posición política definida en favor de un Estado social, eficiente, democrático  y participativo, enmarcado en la primacía de los derechos y libertades plenas del ser humano; partidario convencido de la integración latinoamericana por las raíces históricas  culturales y como forma de potenciar a la región en el mundo, crítico del mercantilismo en el arte y del papel de evasión y ocultamiento y distorsión de la realidad por los medios de comunicación. Califica su arte como “cuentos musicalizados” o “música urbana”. Polifacético, además de excelente compositor y músico con 20 álbumes propios, muchos temas de los cuales han sido versionados varias veces, y decenas de colaboraciones; ha participado como actor en más de 30 películas, varias con el sello Hollywood, en la más reciente de las cuales, “La Cristiada”, interpretó al Presidente  mejicano Plutarco Elías Calles, a quien, junto con el suceso, investigó a profundidad para una versión creíble y reivindicativa; actuó en 2 series de televisión; musicalizó algunos filmes y series de tv; hizo parte de la nómina del musical “The Capeman” en Broodway y han sido un suceso sus conciertos desde la época con la Fania hasta “Todos vuelven”.

Recibió  como reconocimiento 10  premios Grammy a su música y nominaciones como actor; participó en el álbum colectivo de estrellas de la canción mundial “Carnival” para promover la protección de los bosques con la canción “No te dejaré arder” y creó la letra de “El control” para una campaña anti Sida en Puerto Rico; fue honrado con  la Medalla de Honor  Pablo Neruda del Gobierno chileno por su contribución a la cultura, el premio My Hero de Aids for Aids por su aporte en la lucha contra el Sida, el nombramiento como Embajador contra el Racismo de Naciones Unidas y el Premio Herencia Hispánica de la Fundación Heritage.  En 2013, realizó con la Orquesta Sinfónica  Juvenil  de Venezuela, dirigida por Gustavo Dudamel, una versión de “Maestra Vida”; en Buenos Aires presentó una versión de “Pedro Navaja “ en tango y prepara un trabajo en esa línea con Carlos Frazetti; tiene en curso un proyecto con Paco de Lucía, otro con la Sinfónica de Praga y un disco de boleros; aspira a continuar sus estudios para un doctorado en estudios sociales; celebra sus cumpleaños porque es “quitarle tiempo a la muerte” y no tuvo hijos por el temor de no tenerlo para dedicárselo; no descarta la competencia política, o mejor electoral, puesto que política, y de la buena, es lo que ha hecho siempre con su música.

No te compran si no te vendes

Para el  final, una muestra de su pensamiento, oportuna para los momentos de impotencia ante los liderazgos “plásticos”, estructuras político-administrativas obsoletas, políticas insatisfactorias o de privilegios y la epidemia de la corrupción, que, no obstante, los cambios aún infectan a América Latina y El Caribe; y provocadora, por la forma en que nos fustiga a los “mal gobernados” como corresponsables por pasividad e indiferencia, reclamo válido hoy cuando para sostener el poder no basta con la represión: “Le indico al pueblo, joven o adulto, que la culpa de que en política y en el sector privado haya gente corrupta, sinvergüenza, mediocre, sin imaginación y sin deseo verdadero de servir al país la tenemos todos. La corrupción no es un problema político: es un problema moral, espiritual, es una calamidad nacional. Es una soberana estupidez afirmar que el que va al Gobierno va a robar o que el Gobierno corrompe a la gente. Lo que ocurre en muchos casos es que pocos ciudadanos participan en el proceso político de forma responsable.

“Votan por gente sin tener realmente intención de fiscalizar el desempeño de quien envían al trabajo administrativo y no consideran ellos mismos reemplazar a los que critican participando en la administración pública. Lo escuché una y otra vez: “No entro en el Gobierno porque me ensucio”. Es absurdo. Si no cambiamos a los que criticamos, ¿cómo carajo vamos a salir de ellos? Cuando trabajé cinco años, lo hice con afecto y espíritu, y no robé, ni actué deshonestamente. Dejé de ganar dinero como artista y di mi tiempo completo, cinco años, a hacer bien las cosas y a educar a través del ejemplo. Pocos hacen eso, por desgracia: dejar sus ocupaciones exitosas, que dan bienestar económico, y trabajar en el Gobierno, hacerse responsables ante el pueblo. A los jóvenes, les digo: voten con sensatez y participen del proceso. Y acuérdense de esto: no te compran si no te vendes”.

Como no estar de acuerdo con la propuesta de “crear lo que hasta este punto ha sido un lugar mítico: una Latinoamérica que se respeta y se ama, es incorruptible, romántica, nacionalista y tiene percepción humana de las necesidades del mundo que la rodea”. “Usa la conciencia latino, no la dejes que se duerma, no la dejes que muera” (“Siembra”) “que lo bueno ya viene” (“eba say ajá”).

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