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Publicado el: Mie, Dic 3rd, 2014

LAS MUJERES TIENEN LA RAZÓN


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fotomujeresafroPor Mario Serrato/

Caminaron durante más de 600 kilómetros. Durante toda la faena fueron observadas desde los fusiles apostados en las retroexcavadoras del minero ilegal. También las miraba con interés y cavilando, el jefe del departamento de seguridad de una de las multinacionales que tiene licencias de explotación minera sobre su territorio.

Sus cuerpos macizos de mujeres acostumbradas a labores rudas, contrastan con sus profundos ojos negros  de miradas limpias y esperanzadas.

En cada uno de los días de sus vidas han atendido la visita de la adversidad.

Todas las mañanas con la lluvia eterna del pacífico, se dirigen con la batea y el almocafre, a desentrañar las orillas de esperanza incierta,  pesada en gramos, de un trabajo que no ha cambiado nada desde las épocas amargas de la esclavitud.

Sus cinturas permanecen dobladas en la posición sometida que exige el oro esquivo, y sus manos, metidas siempre en el agua durante el largo paso del sol, conocen la artritis desde la adolescencia.

Desde el vientre, sus hijos están en las cuentas canallas de los reclutadores regulares e irregulares. Y sus hijas tienen en sus pieles de sol, los surcos amargos de las vetas de oro.

Durante años sus  vidas transcurrieron entre lluvias de otras épocas, el orito acurrucado en el centro de la batea y la pesa implacable del paisa que lo compraba dejando atrás solo miseria.

Un día llegó una nueva constitución: les habló de tierras colectivas, de organización propia y del derecho a conocer  y a conducir  su destino.

Aprendieron que el poder del gobierno tiene límites y que no es cierto que deban aceptar que su tierra solo es un instrumento que el poderoso otorga a extraños para que se lo lleven todo.

Una de ellas, valiente y osada, presentó una tutela en la que reclamaba la ejecución de una sentencia que las favorecía. El gobierno, siempre lleno de pretextos, se niega a aplicarla con el argumento de haber entregado concesiones a  extraños antes del fallo de la Corte y se soporta en el ardid de respetar la palabra empeñada con quienes no tienen con la tierra compromiso diferente al de su aprovechamiento inmediatista y sin escrúpulos. 

Francia Márquez, la mujer valerosa que presentó la tutela,  huye con sus hijos mientras los propietarios de las retroexcavadoras los acechan agazapados tras las cortinas de la impunidad.

El gobierno viste con su raza el no rotundo. Una viceministra oriunda de Buenaventura es la carta que presenta para hacerlas entender que sus razones no pueden obstaculizar las razones de estado.

 Las mujeres de La Toma están cansadas de los argumentos del poder. Están cansadas de escuchar que sus razones son irracionales y que sus necesidades deben hacerse a un lado para satisfacer las necesidades del minero armado.

Ya no soportan más a los hombres bestiales que ensucian sus aguas con el mercurio de su ambición desmedida y no quieren ver a sus hijos uniformados con las prendas del ejército oficial, mientras protegen los intereses de la multinacional que obtuvo la licencia para explotar sus tierras y sus ríos sin que jamás se les consultara.

Las mujeres de La Toma son un reflejo más de las incomprensibles contradicciones del gobierno. Con su protesta valiente y legítima desnudan un modelo que ataca y destruye a la esencia de la nación, a cambio de la satisfacción mentirosa y momentánea de unas regalías pactadas en condiciones de país invadido.

Las mujeres de La Toma identifican mejor a Colombia que la bandera y el himno nacional. Ellas constituyen un símbolo de lo que somos y de lo que tenemos.

Su valentía y razones merecen más apoyo que el que solemos dar a líderes mezquinos enlodados en la amargura y  el odio de sus tragedias personales.

Su coraje y su forma de lucha nunca justifican el secuestro, el campo minado, el niño reclutado, ni la soberbia brutal de quienes se creen revolucionarios.

 Colombia tiene en las mujeres de La Toma una genuina e invaluable manera de encontrarse consigo misma y con su destino.

Un destino en el que nuestra tierra, nuestros ríos y nuestra riqueza natural sean usados en nuestro beneficio y el del medio ambiente y en el que sea asegurada para los renacientes la riqueza que hoy tenemos.

Mujeres de La Toma, ustedes tienen la razón, no levanten su legítima protesta hasta que Colombia entera razone.

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