Publicado el: Vie, Jun 19th, 2015

LAS FARC PUEDEN SER DERROTADAS


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procuradorPor: Mario Serrato

Resulta obvio que las FARC pueden ser derrotadas militarmente. Es más, cualquier ejército o armada puede ser derrotado y todos lo han sido.

A los gringos Ho Chi Min les dio hasta por el fundillo en Vietnam. La derrota fue tan humillante que aún buscan el triunfo en las farragosas películas de Hollywood, en las que muestran soldados en poses grotescas adelantando acciones militares inverosímiles. También nos sobresaturan con imágenes de veteranos de guerra, resentidos e invencibles, que ganan solos las batallas que nunca ganó su ejército de verdad con todo su poder y su tecnología. Sin embargo la cantidad de muertos vietnamitas y norteamericanos, nunca contabilizados con exactitud, condena a la ignominia la historia de esa guerra tan miserable como todas las guerras.

A estos mismos soldados gringos los sacaron de Afganistán sin haber obtenido victoria diferente a la satisfacción del contratista beneficiado con la venta de bolsas negras para cadáveres. Si no me equivoco, más de cuatro mil artículos de su producto infame, han sido usados por el ejército de los Estados Unidos en Oriente Medio en la última década. ¿Cuánta sería la satisfacción del vendedor de bolsas si su contrato hubiese dado cobertura a los cadáveres de los milicianos afganos?

A los rusos en ese mismo lugar del mundo, unas décadas atrás, les dieron una tunda que nunca olvidarán. Miles de tumbas de soldados soviéticos derrotados quedaron ocultas en los médanos congelados de esa tierra hostil.

En 1805 a Napoleón lo volvió más enano la paliza que le dieron en Trafalgar, en donde toda su Armada se fue a pique. Diez años después, en Waterloo, su ejército sin propósitos, volvió a conocer el rostro amargo de la  derrota militar.

A Bolívar, tan victorioso e invencible en las clases de Historia de nuestros maestros ignorantes, más de una vez lo corretearon por varios rincones de América, y sus ejércitos mal armados e indisciplinados en muchas ocasiones desertaron al escuchar los primeros gritos salvajes de la batalla.

El general José María Obando, quien fuera presidente de la República y amigo del Libertador, murió en una escaramuza insignificante cerca de Subachoque a manos de una tropilla compuesta por menos de diez hombres trasnochados y sin experiencia militar.

El ídolo de muchos de los guerreristas de Colombia, Fidel Castaño, a pesar de disponer de recursos del narcotráfico y del apoyo económico y militar de ganaderos de Antioquia, Córdoba, Sucre y Bolívar, cayó muerto de un solo disparo en la región que mejor conocía, en un tiroteo que no duró 5 minutos.

Los romanos dejaron de joder en Nubia temporalmente  en el año 25 AC, después de recibir varias muendas en las que más de 15 de sus generales altaneros murieron decapitados por las cimitarras afiladas de un ejército casi invisible.

Las gestas fanáticas de los Cruzados, que aseguraban tener a Dios de su lado en sus incursiones de saqueadores en Tierra Santa, en cada una de las invasiones que tuvieron ocasión entre los siglos XI al XIII, y que fueron financiadas por aristócratas depravados, fueron repelidos y derrotados de un modo tan contundente que a los cristianos no les quedó opción diferente al turismo religioso para visitar sus sitios sagrados.

El 22 de enero de 1879, un poco más de 20 mil zulús armados de lanzas de madera y escudos de cuero derrotaron al bien armado y orgulloso ejército británico en la batalla de Isandhlwana. La paliza fue de tal magnitud que hasta la reina Victoria pensó en viajar a África para apoyar a sus hombres. Un ex primer ministro judío, y su amigo entrañable, la convenció  de no hacerlo. Sin duda fue una buena decisión pues, de no haberla tomado, es posible que Inglaterra estuviera hoy ocupada por zulus victoriosos.

La historia nos demuestra que toda fuerza armada puede ser derrotada militarmente.

Constituye un acto de majadería y cretinismo ponerlo en duda. Con solo un poco de inteligencia se llega a esa conclusión. No es necesario consultar a Leónidas de Esparta, ni el General Patton para comprobarlo.

En el caso colombiano esa realidad confirmada por la Historia en muchas ocasiones no varía nada.  Lo inteligente y extraordinario consiste en formularse y responderse preguntas pertinentes como estas: ¿A qué precio se consigue la derrota militar de las FARC? ¿Cuántos colombianos pobres deben morir para demostrar que se les puede derrotar? ¿Qué clase de personas prefieren una guerra prolongada e incierta antes que una paz maciza y sólida? ¿Estamos todos dispuestos a sacrificar a nuestros hijos en las batallas finales? ¿Estamos seguros de que la victoria militar sobre la guerrilla nos traerá la paz, o solo la victoria militar? ¿Saben los guerreristas colombianos cuántos corazones con rencor irreconciliable y amargura insondable quedan después de cada batalla? Deberían saberlo: su líder es un símbolo de ello.

Mucho me temo que los guerreristas de derecha no entienden, o no quieren entender. Tal vez se deba a que tienen mucho por perder con la paz.

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