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Publicado el: Lun, Jun 24th, 2013

Las Culpas


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Mario Serrato 2013Por Mario Serrato

No conozco ningún ente de control que haya exigido a los recolectores privados de basura la reversión de los camiones y enseres para su recolección, pero si conozco que ahora apareció Guille, el hermanito de Mafalda, estableciendo culpas.

En una tarde soleada se encuentran sentados en un  andén Mafalda, Manolito y Guille, este último hermanito de Mafalda quien habla con la lengua pegada. Mafalda se dirige a Manolito y le dice

-que calor tan intenso estamos padeciendo.  Guille interviene y la dice a su hermana

-¿Es pod cudpa del gobiedno, ciedto? Mafalda lo mira con lástima y le dice,

-no, es por culpa del verano. Tras ello se dirige a Manolito y le explica

– Está muy pequeño y todavía no sabe repartir las culpas.
Esta conversación me recuerda a los medios de comunicación y a los órganos de control distritales y nacionales  cuando se trata de establecer la responsabilidad en el manejo de las basuras en Bogotá.
Tuve acceso a un par de fallos proferidos por jueces de juzgados administrativos en relación con acciones de cumplimiento presentadas por un ciudadano en las que pedía, palabras más, palabras menos, que se mantuviera el esquema de recolección de basuras de la ciudad, mediante la convocatoria a una licitación pública en la cual se protegiera la libre competencia económica, situación que se alcanzaría con la continuidad del contrato en manos de los recolectores privados de basuras.
En su pretensión el peticionario admitió que desde el 11 de octubre de 2012, el Distrito adelantaba diligencias y actos tendientes a que la EAAB prestara dicho servicio durante un año, mientras, la UAESP adelantaría las gestiones exigidas por la ley para llevar a licitación el contrato de recolección de basuras en Bogotá.
En varias ocasiones el alcalde Gustavo Petro señaló en los medios que requería la devolución de los elementos que formaban parte de la concesión, debido a que esta llegaba a su término.
Los operadores privados de la recolección de basuras se negaron a hacerlo con el peregrino argumento según el cual los elementos adquiridos y utilizados por sus empresas para la recolección de basuras, les pertenecían y no formaban parte de lo pactado por devolver o revertir.
Algo así como entregarle en concesión una carretera a una firma de ingenieros y que al momento en que termine el periodo de la concesión, la firma de ingenieros decidiera entregar desde el kilometro 1 hasta el 20 y desde el kilómetro 25 hasta el 152, guardando para su patrimonio los kilómetros 21, 22, 23 y 24.
En relación con la decisión de no entregar los elementos para la recolección de basuras, el juez Noveno Administrativo de Bogotá manifestó: “en este caso servicio público de aseo, que su razón de ser es para evitar traumatismos en la continuación de las actividades que fueron objeto de la concesión y por ello se deben entregar todos los bienes necesarios para esa continuidad del servicio a la entidad estatal cuando termina el contrato y especialmente que desde la propuesta se tiene definido que se financiaban con la contraprestación que recibe el contratista y por ello desde el principio son bienes de propiedad de la administración pública.”
No hace falta ser un genio del derecho administrativo para comprender que los camiones recolectores de basura y demás enseres usados en esa tarea nos pertenecen a los bogotanos y no a los recolectores privados de basuras, y que estos debieron entregarlos porque así lo ordena la ley, porque así lo establece la concesión,  porque pondrían en peligro la salubridad de los bogotanos y porque les fueron solicitados de manera pública.
Por otra parte, el traumatismo con las basuras desde el 16 de diciembre del año pasado, el cual continuó el 17 y el 18, se explica revisando el control de toneladas de basura que ingresó al depósito Doña Juana en esas fechas, momentos en que estaba vigente la concesión y los privados mantenían bajo su control los camiones recolectores. Pues bien, el ingreso se redujo en casi un 30%, es decir, los operadores privados dejaron tiradas en las calles de Bogotá más de 4 mil toneladas de basura y además obligaron a traer camiones recolectores de otras partes del mundo, mientras nuestros camiones, es decir los de nosotros los bogotanos, se mantenían cautivos en sus parqueaderos poniendo en jaque la salubridad pública para presionar la renovación de sus privilegios contractuales.
No conozco ningún ente de control que haya exigido a los recolectores privados de basura la reversión de los camiones y enseres para su recolección, pero si conozco que ahora apareció Guille, el hermanito de Mafalda, estableciendo culpas.

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