Publicado el: Lun, May 12th, 2014

LAS ANGUSTIAS DE MOISÉS SEPÚLVEDA, EL PADRE DEL HACKER


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SerratoPor Mario Serrato/ 

En sus naturales angustias, el señor Moisés Sepúlveda, padre del Andrés Sepúlveda, el hacker que se asegura ser héroe de la patria,   afirmó que su hijo trabajó para organismos de seguridad del estado, situación que lo llevó a concluir: “Si uno combate la delincuencia, no puede ser un delincuente”.

En principio la premisa es cierta. El combate a la delincuencia debe darlo un cuerpo ajeno a la misma y deben dirigirlo personas libres de toda tacha en relación con el delito.

El problema en Colombia consiste en que a ese combatir la delincuencia le tenemos que sumar al infaltable Álvaro Uribe, razón por la cual la ecuación se modifica debido a que en esta ocasión arroja por resultado a María del Pilar Hurtado, al ex general Álvaro Tamayo y a Jorge Noguera.

En pocas palabras, personas que de un modo u otro han alcanzado la condición de perseguidores del delito, y entidades que han sido montadas para ello durante décadas de esfuerzo institucional, con la llegada de Álvaro Uribe, o ante su influencia, unos y otras,  han dejado a un lado el combate a la delincuencia para enfocar sus acciones y recursos a la persecución de los enemigos de Uribe o la satisfacción de algunas necesidades de sus amigos.

El DAS, con sus históricas y probadas violaciones a los derechos humanos y su compromiso en hechos de tortura en las aciagas  épocas de Turbay, a lo sumo padeció reformas internas, marginamiento disciplinario de funcionarios, o cambio de director, pero  con el paso de Uribe, lo único que quedó por hacer fue liquidarlo.

Todos y cada uno de los directores nombrados por el expresidente Uribe en el DAS terminaron cuestionados, sus vidas públicas destruidas, en exilios sin soporte y uno de ellos condenado a más de 40 de prisión años por matar a alguien que criticaba desde la academia el accionar y la ideología del presidente que lo nombró.

En relación con la guardia personal del presidente resulta lógico pensar que para los uniformados de la Policía constituye un honor alcanzar semejante condición, y que quien la alcanza debe ostentar una hoja de vida que envidiaría un sacerdote tibetano.

Pero con la llegada de Uribe al poder, fue seleccionado un personaje oscuro, con un pasado enrarecido, vinculado a diferentes actos reprochables de persecución a la oposición armada o desarmada. Con amigos y relaciones en las bandas de criminales que azotan la seguridad en Medellín y Antioquia.

Este hombre, miembro de la Policía Nacional de Colombia, en la que alcanzó el rango de general, fue extraditado a los Estados Unidos de América por narcotraficante y por vínculos con los bandas de ultraderecha responsables de miles de masacres de campesinos indefensos en Colombia, las que tenían en común entre otras cosas, su afinidad ideológica con Uribe.

Después del gobierno de Álvaro Uribe, cientos de miembros del ejército de Colombia han sido encontrados culpables y condenados por más de tres mil ejecuciones extrajudiciales denominadas “falsos positivos”. Ejecuciones que se perpetraron durante 8 años de gobierno en los que cualquier madre sufrida y angustiada por la suerte de sus hijos que se atreviera a preguntar por su destino o a denunciar en los medios su desaparición, se le consideraba peligrosa terrorista aliada de las FARC.

La frase del padre del hacker recientemente detenido, tiene un soporte moral, pero este se desvanece cuando revisamos el contexto en que se presenta el combate a la delincuencia en Colombia y el modo en que se concibe el delito en nuestro país.

Resulta claro que la medida del delito se establece según la conveniencia del señor Uribe, el asunto es que quien se pone a creer semejante barbaridad y que por serle fiel y seguirlo a ciegas cree estar por fuera del accionar de la justicia, en algunos casos termina cuestionado, con su hoja de vida tirada al cesto de la basura, exiliado, condenado a pasar décadas en la cárcel o extraditado.

Lo lamento señor Sepúlveda, su hijo es otro más a quien  la vida se le enrareció para siempre por su fanatismo con Uribe. Si de algo le sirve de consuelo, no será el último.

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