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Publicado el: Mie, Ago 15th, 2012

LA TRABA DEL PROCURADOR


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Por: Héctor Pineda S. *

La iniciativa de crear centros para la atención de drogadictos, debo confesarlo, la escuché durante el encuentro de los mandatarios de Ciudades Capitales, reunidos en el Distrito Turístico de Santa Marta, hace casi dos semanas. Lo oí de labios del Alcalde Petro y, haciendo uso de los medios alternos del periodismo digital, en tiempo real, sinteticé lo dicho por el alcalde en una breve frase que trasmití por el BBM.

En el momento, a mi lado, se encontraba la Ministra de Salud, Beatriz Londoño. Le pregunté sobre lo que acabábamos de escuchar en la voz de Gustavo Petro. Amable, como siempre, sonrió. Lo que dijo le salió del corazón, no de la razón, estoy seguro. Me prometí, para siempre, guardar en secreto lo que sus labios dijeron. Pero para no alargar el cuento, ese día, el asunto “pasó de agache”. El periodismo presente, atareado en la agenda de los mandatarios capitalinos, no se percató de lo que, días después, se convertiría en la “noticia bomba”.

Después del “puente patrio”, alentados por los conductores de noticias matutinos, se escucharon las opiniones y enfoques (varios verdaderamente distorsionados) de la propuesta del Alcalde Mayor de Bogotá. “No tenerle miedo a las iniciativas audaces”, opinó el funcionario del ente acusador colombiano; es una propuesta novedosa que se aparta del enfoque represivo, costoso y fracasado, palabras más  palabras menos, expresó vehemente un togado de un alto  Tribunal; el drogadicto es un enfermo y a los enfermos se les lleva a la clínica y no a las cárceles, ahondaba el Alcalde en sus argumentos; la idea del alcalde hace parte del clamor mundial por una política de despenalización y de enfoque de salud pública, dijo un “Padre de la Patria”, entre las varias manifestaciones de respaldo que se escucharon.

Pero no todo fue apoyo. La voz del Procurador, inquisidor, tronó desaprobando la propuesta de Petro y, de manera grosera, descalificó la profundidad y dimensión de la discusión con la trivial frase de “Petro se la fumó verde”. Luego, sin piedad, se largó un escrito pletórico de frases intimidantes sobre su poder disciplinante. La verdad, a varios, nos pareció un intento desfachatado por revestir con argumentación jurídica  la pretensión  de establecer la mordaza y la censura blandiendo el garrote del poder disciplinario. Otros, extasiados, aplaudieron la traba del procurador Ordoñez a la  propuesta de tratar a los drogadictos como enfermos y no como delincuentes.

Por estos días, aplacado el bochinche inicial,  podemos afirmar que lo dicho por el Alcalde bien puede ser, ni más ni menos, otra voz que se suma al clamor doméstico (incluida la del Presidente Santos), e internacional que reclaman un tratamiento de salud pública para los drogadictos (así lo estableció una reciente ley aprobada) y una política de despenalización (“legalización”, dicen también) para un tema en el cual, sin tremendismos, Colombia ha llevado la peor parte de la “política represiva y fracasada”: muertos y combustible para el conflicto interno. Aquí, recordé que entre los acuerdos firmados en la paz con el M-19 se estableció la creación de una “Comisión Académica” para buscar solución definitiva al tráfico de drogas ilícitas. Por supuesto, el Estado nunca honró el compromiso pactado.

Crear centros de atención dedicados a la rehabilitación de los drogadictos, sumado a políticas preventivas eficaces (¿D.A.R.E.S gringos?), sin duda, es la solución humana al drama planetario de la drogadicción. Para nosotros, lo que sigue, sin miedos, es hacer el deber de reglamentar, mediante ley, la lista del POS para la rehabilitación de los drogadictos. La dosis de marihuana, bazuco, éxtasis, cocaína y medicamentos que alivien la ansiedad, como lo establece el mandato constitucional de la “prescripción médica”. Sin trabas indeseables, por supuesto.

*Constituyente de 1991

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