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Publicado el: Jue, Ago 2nd, 2012

LA SEPTIMA: ¿DE TODOS O DE POCOS?


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Por Unicor

Sobre el espacio público se ha dicho y se ha hecho de todo. En el país se encuentran manifestaciones reiteradas de su violación por parte de quienes ostentan algún tipo de poder; el cual utilizan sin vacilaciones: islas, ríos, costas, terrenos, edificios,  humedales, parques y calles, hoy son propiedad o son sometidos al disfrute y goce de unos pocos; la carrera séptima de la ciudad de Bogotá, no es la excepción.El espacio público tanto urbano como rural, tuvo en la Constitución de 1991, artículos 63 y 82, su primer gran reconocimiento, al otorgársele rango superior se buscó su defensa, recuperación y promoción de su integridad, la Corte Constitucional desde 1992 hasta el 2007 no ha variado su jurisprudencia en cuanto “…es deber del estado velar por la protección de la integridad del espacio público y por su destinación al uso común, el cual prevalece sobre el interés particular…”

No queda duda, el valor privilegiado a proteger es el del espacio público, otra cosa es que en condiciones excepcionales, se permita su uso temporal y restrictivo, por ejemplo, de las calles, para ventas ambulantes por parte de familias en estado de vulnerabilidad, para que hagan efectivo su derecho individual al trabajo, “al mínimo vital”. Para el uso del espacio público en dichos términos, la misma Corte, ha desarrollado toda una línea de actuación que comprende la necesidad de analizar el contexto socio-económico, la realidad del desempleo, el desplazamiento, la pobreza, la desindustrialización, entre otros factores, que constituyen problemas reales, situaciones estructurales, que obligan, para enfrentar la problemática, ir más allá de la aplicación expresa de una norma. Esto a su vez, no significa una modificación a la obligación de protección legal por parte de las autoridades, menos, carta abierta para admitir todo tipo de uso y de abuso del espacio público, por parte de quienes, no sólo no buscan satisfacer sus necesidades básicas, sino, además del lucro, lo hacen sin el más mínimo respeto por los transeúntes que terminan desplazados de sus calles; impotentes ante el abuso.

Hoy nos encontramos ante una renovada perspectiva del espacio público: se entiende como  atributo urbano que condensa y articula los demás atributos de la ciudad (sistemas de transporte, localización de actividades económicas, ambientales, servicios públicos domiciliarios, vivienda, equipamiento urbano, sistemas de planeamiento y de control y vigilancia de la autoridad), es decir, es incuestionable su significación pública, su función de articulador social, de encuentro entre las personas, de animación urbana y de expresión comunitaria.

Mucha de esta construcción normativa y conceptual tiene origen en las experiencias ganadas en la ciudad de Bogotá, D.C. No se explica entonces el abandono y la anarquía que reina en el espacio público del distrito, lo que sucede en la actualidad en la carrera 7, la más emblemática del centro, la calle real, es el ejemplo paradigmático de una invasión masiva del espacio público: proliferación de todo tipo de ventas legales e ilegales, comestibles, discos compactos, planes de telefonía celular, mercancías al por mayor y al detal, presentaciones artísticas, mendigos, habitantes de la calles, etc, todo en una apoteósica desorganización, han desplazado al transeúnte como principal usuario de la carrera Séptima. La Bogotá Humana del Alcalde Petro, debe actuar conforme, no es permitiendo la apropiación indebida e irresponsable de la carrera Séptima por parte de invasores inescrupulosos que se construye una ciudad para el ser humano, es controlando el uso del territorio, implementando operativos permanentes y liberando el espacio ocupado, el comienzo de la dignificación del ser humano; tanto de quienes les toca batirse diariamente entre venta y venta para poder desplazarse a su residencia, lugar de trabajo o simplemente para darse un paseo, como de los vendedores; en su mayoría sometidos por mafias de contrabandistas, que los obligan a montar almacenes itinerantes, sin asumir ninguna obligación. Con la invasión masiva de la séptima, sólo ganan los que están al margen de la Constitución y de la ley, pierde la ciudadanía y las autoridades responsables de dicho abandono. Y eso que el término dado por el Consejo de Estado para su recuperación sigue corriendo.

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