Publicado el: Lun, Ago 17th, 2015

El poder político de la comida


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Por Mario Serrato/ La mujer vive ahora en el barrio de los ricos de Montería. Allí, en épocas pasadas, compartían el vecindario Salvatore Mancuso, Diego Vecino, el Ñoño Elías y Musa Besaile. Después de dejar el puesto de secretaria en una emisora fracasada, fue llamada a “negociar” con los funcionarios departamentales.

El primer “contratico” le sirvió para demostrarles a sus amigos ubicados en cargos de dirección y manejo, que cumplía con los acuerdos y que era mujer de palabra.  Su actuación fue tan “seria” que pronto varios contratos le fueron otorgados para que los ejecutara en confianza.

El nivel de eficiencia en estos tratos se mide de acuerdo con el cumplimiento que tenga con quienes le adjudican los contratos.

La  nutrición, la talla, el peso y la capacidad de los niños para concentrarse en clases ocupan un renglón secundario en la medición de su calidad como contratista. Varias instituciones del Estado le han entregado más de 15 mil millones de pesos en 10 años para que les suministre desayuno y almuerzo a los niños pobres de Córdoba, Sucre y algunas regiones de Bolívar.

Gracias a una medición incomprensible, los funcionarios de Bienestar Familiar tasaron (para Colombia entera) un desayuno para un niño, en 970 pesos y un almuerzo para ese mismo niño en 1.320. Leda Guerrero Ortega, a su vez, empleó menos del 5%  de esa cifra en la comida de los niños pobres. Durante esos mismos 10 años en que cumplió con rigor los acuerdos alcanzados con los facilitadores de los contratos, invirtió menos de 70 pesos por muchacho en cada almuerzo y en cada desayuno, sin que los funcionarios encargados de su supervisión, vigilancia y control  hicieran absolutamente nada. Las raciones son tan pobres que escandalizarían a un Fakir en huelga de hambre.

Los políticos de la región, conocedores de esta situación, antes que denunciar la maniobra miserable, han conseguido que los recursos alimenticios de los niños pobres se conviertan en la caja menor de sus compromisos locales.

Por su parte, Leda Guerrero Ortega hizo un imperio. Un apartamento de 400 metros cuadrados en un una zona exclusiva de Bogotá, una casa de ensueño en el mejor barrio de Montería, varias bodegas y almacenes en diferentes poblaciones de la Costa y un intrincado listado de fundaciones y negocios de construcción, incrementan su patrimonio al mismo ritmo en que se reducen las raciones de los niños pobres que tienen la mala fortuna de ser el objeto de sus contratos indolentes.

Por supuesto los hijos de los funcionarios del ICBF, la secretaría de Educación de Córdoba y Sucre y los funcionarios del ministerio de Educación, no tienen necesidad de nutrirse con los vestigios alimenticios que sirve Leda Guerrero, razón por la cual nunca han puesto una queja, señalado un error o manifestado incumplimiento en la actividad desarrollada por la contratista “cumplidora”.

Mientras esto pasa, el procurador general de la Nación está dedicado a corretear maricas, el contralor general de la República ocupado en atender homenajes en los clubes de alto estrato de Colombia y el fiscal general en un tropel inocuo contra el ministro del Interior.

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