Publicado el: Mar, Dic 9th, 2014

La rebelión de diciembre


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Plaza_Bolivar_dic_13_13_Petro 033APor Guillermo Segovia Mora

“Hace un año la gente repudió al Procurador”

El 9 de diciembre, Ordoñez madrugó a sancionar a los subalternos para ambientar el cocinado y sobre la media mañana espetó el díctum: destitución de Gustavo Petro e inhabilidad para el ejercicio de cargos públicos por quince años.

¿Qué hacemos si el Procurador destituye al Alcalde? Fue el corrientazo que me soltó Hollman Morris, en una charla con un grupo del sistema informativo de Canal Capital, un par de días antes del golpe. Miré al piso aturdido. La sorpresiva e inminente situación me estremeció. Cubrir la reacción de la gente, respondí lacónico y volví a mi asombro, no porque no fuera una posibilidad sino porque sentía que si sucedía sería una provocación, un ardid revestido con las formalidades legales.

El 9 de diciembre, mientras el Alcalde Mayor de Bogotá Gustavo Petro intervenía en un evento por la transparencia en el auditorio Huitaca en conmemoración del Día Internacional contra la Corrupción, en la propia alcaldía, con el ministro de justicia Alfonso Gómez al lado suyo, alguien se acercó y susurró algo en su oído. Petro, antes de la interrupción, acabada de ratificar como alcalde su reconocido compromiso en la defensa de lo público, que lo puso al frente de la denuncia del “cartel de la contratación”, una alianza de empresarios y funcionarios, del exalcalde Moreno para abajo, que saqueó la ciudad robándose hasta la plata de las toallas de los hospitales.

Al retomar la palabra, sorprendió al público: “O como exalcalde pues me acaban de informar que he sido destituido por el Procurador”. El impactó fue grande y la reacción no se hizo esperar, desde un noooo generalizado, abajos al Procurador Ordoñez y los primeros gritos de “Uh, ah Petro no se va” que se seguirían oyendo con el transcurrir del día y de los días sucesivos de miles de gargantas.

Un año atrás, igual en diciembre, impelido por una sentencia de la Corte Constitucional de dignificar la situación de la población dedicada al reciclaje en la ciudad, atrapado entre garfios legales y contractuales dictados en favor de empresarios que se han hechos multimillonarios manejando la contratación en el Distrito y el país, Petro dio luz verde a una empresa pública de aseo para manejar parte de la recolección de basuras y formalizó a los recicladores. Ahí fue troya.

La cortedad del tiempo para echar a andar el nuevo esquema obligó incluso a mantener contratos con los empresarios basureros, lo cual estaba justificado y para nada demerita la audaz táctica de Petro. Pero la lealtad no es cualidad de esa gente y aun así, como lo demuestran varios testimonios que han logrado que sean desestimados por la justicia, sabotearon la puesta en marcha de las medidas, para tratar de colapsar la ciudad, el 18 de diciembre de 2012. Meses antes, una sospechosa toma de la Superintendencia de Industria  a las oficinas del Acueducto, donde se preparaba la operación, obligó al alcalde a tomarse las instalaciones para advertir que no se iba a dejar manosear.

Sobre la base de una supuesta crisis de salubridad por algunas acumulaciones de basura en los primeros días, la aparente carencia de facultades legales del alcalde para tomar las medidas y el pecado mortal de haber afectado la libre competencia en un país doblegado al mercado, en julio de 2013, cuando los percances habían sido superados y la empresa distrital de aseo demostraba que estaba en capacidad de hacer la tarea, ahorrándole al Distrito una buena cantidad de millones que antes engordaban la cuenta de los empresarios basureros, el Procurador comunicó que abría investigación disciplinaria contra Gustavo Petro y otros funcionarios del Distrito. De nada valieron los alegatos de los abogados ni los descargos del alcalde. Lo querían fuera a como diera lugar.

Nuestro voto se respeta

El 9 de diciembre, Ordoñez madrugó a sancionar a los subalternos para ambientar el cocinado y sobre la media mañana espetó el díctum: destitución de Gustavo Petro e inhabilidad para el ejercicio de cargos públicos por quince años.  Se frotó las manos y comenzó a recibir llamadas de júbilo de la ultraderecha que ante los cambios recientes en el país tuvo que mostrar la cara  para advertir que no los va a permitir, como lo evidencia su posición frente a los diálogos para una solución política del conflicto armado.

La ciudad se puso tensa. Algunos aplaudieron a Ordoñez: “Por fin sacó a ese guerrillero hijueputa”, dijeron en varios tuits. Arizmendi y compañía gemían de placer en Caracol. Otros se exculparon: Estaba haciendo lo que se le daba la gana. Algunos más se aliviaron: Era un tipo jarto. Pero otros, muchos, miles, se indignaron. Aquél que bañando la perrita pensó “¡No jodas! Este man quiere los animales”. La otra que advirtió: -Lo odian porque les lleva años en la cabeza. Alexandra que dijo: -¡marica! Un combo de zorreros emputados que discutían cómo defenderlo. El Juanito que preguntó preocupado: Papá ¿nos van a quitar el agua? Y medio mundo que estaba berraco con ese “procuragodo”.

Me invitaron al canal, llegué y… al aire. Sin mucho tiempo para reflexionar, como muchos electores de Petro, lo que tenía claro era que mi voto era un derecho y desconocerlo una trasgresión a la Constitución y una alevosa provocación a la democracia. En consecuencia, alelado por las luces, el timbre del celular y el ambiente candente que se percibía, ante no me acuerdo qué pregunta, la respuesta fue automática: invito a quienes elegimos a Petro a defender nuestro voto, a movilizarnos, a llenar la Plaza de Bolívar, a exigir respeto por la soberanía popular. En otra, que se refería a qué había detrás, no dudé: es un golpe al proceso de paz, el mensaje a La Habana es que llegar al gobierno no garantiza poder ejercer. Petro es un ejemplo de las posibilidades de dejar las armas pero a la vez de las trampas de la democracia. El compromiso con las víctimas ha sido bandera y su gobierno un bastión de apoyo a la solución negociada.

En media hora, lo que me llevó ir del canal al centro, hacia las cuatro de la tarde, la cantidad de emputados presente presagiaba que, sobre las siete, la Plaza de Bolívar estaría llena. Desde allí agitamos, unos navegando en la oportunidad, otros con escepticismo disimulado y muchos con la camiseta bien puesta y marcada: ¡Alzados en almas contra el fascismo, Petro no se va! Al lado miles con carteles hechos a mano expresaban su ira. Travestis, recicladores, estudiantes, mujeres, artistas, raperos, grafiteros, los viejos del eme, ancianos, sindicatos, parte de la izquierda, pueblo y más pueblo llenando la plaza a partir de ese día, una y otra vez, el 10, el 11, el 12, el 13 y de nuevo el 13 y el 23 de enero de 2014.

Cuando salió al balcón, que dicen alguna vez utilizó Gaitán, Petro quedó impactado. Seguro estaba que la gente iba a responder, pero no que colmaría la plaza en todos los extremos. La multitud coreaba: ¡Petro se queda! ¡Resistencia, resistencia, resistencia! Arriba los chispazos inteligentes de Petro, los latigazos a los carteles y la extrema derecha, las remembranzas de las luchas populares en el país y el continente. A esa hora, media Bogotá estaba pegada a Canal Capital y la protesta de la plaza se conocía en el país y el exterior. Los detalles de esas jornadas los narré en varios escritos publicados en Actualidad Urbana. No supimos ni cuando empezó ni cuando terminó Navidad. Nuestros parabienes quedaron sembrados en la plaza, en un diciembre de rebeldía.

Y con todo ¡Petro se quedó!

Como legalmente había recursos a ello se aplicaron los abogados, incluso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humano -de por medio está la jerarquía del  voto popular frente a las funciones de los organismos de control. El 23 de enero, temprano, como lo todo el mundo lo presentía, Ordoñez señorial se ratificó. Pero la batalla no estaba perdida, algo se ganó en el 91. A punta de tutelas se suspendió el fallo de la Procuraduría.

Semanas después, una multitud feliz asistía a la Plaza de Bolívar para celebrar el otorgamiento de medidas cautelares por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que debía ratificarse por el gobierno colombiano. Ad portas del festejo, desde la tarima alquilada al efecto, llegó el baldado de agua helada. El Presidente Santos se mareó y negó la garantía si no era ordenada por un juez nacional. La gente en velorio y Petro para afuera. El Presidente  nombró a su ministro de trabajo Rafael Pardo como alcalde encargado. Éste recibió aplausos  inaugurando  obras agendadas con anterioridad o haciendo presencia mediática. Hasta que otro juez en un alegato fuerte cuestionó de fondo al Procurador y ordenó cautelar. Santos recogió el guante. Petro volvió.

De ahí en adelante el paso ha sido frenético. Los enemigos a pararlo con sus armas jurídicas, mediáticas y legales. El hombre poniendo el pecho y para adelante. Los intereses de terratenientes y constructores  agiotistas e insaciables frenaron el Plan de Ordenamiento Territorial -una pieza de urbanismo de vanguardia-, a pesar de una sesuda argumentación de la juez de primera instancia. La Superintendencia de Industria y Comercio lo sancionó en línea con la Procuraduría, rindiéndole culto a la doctrina neoliberal de libre empresa, y le ordenó echar para atrás el nuevo esquema de recolección de basuras, en contravía a lo dictado por la juez administrativa que cuestionó la defensa del mercado por encima de lo público. El desenlace de esa escena está pendiente.

La quinta columna mediática ha sido implacable con mentiras, manipulaciones, verdades a medias e información a desgano. El Concejo, con excepciones, una alianza de politiqueros corruptos con sed de venganza, clientelistas mediocres, y progresistas llevados allí por el arrastre del alcalde, pero ahora distanciados con la mira puesta en las elecciones, como no pudo negociar prebendas y coimas al estilo del pasado, se atravesó cada que pudo contra los intereses de Bogotá de forma descarada y con la complacencia o indiferencia de los partidos, opinadores y líderes de la ciudad. Allí tiene mucho que hacer el electorado.

La paz y los pobres en la agenda

En las semanas de suspensión, Petro no se quedó quieto. Llenó plazas en la Costa y Cali para abrirle espacio a su propuesta humana y recibir la solidaridad que brotó por todo el país con su proyecto y contra la seguidilla de abusos, sanciones y catilinarias de la doctrina reaccionaria de Ordoñez. Y no bien rotos los sellos de su despacho hizo borrón de la patraseada de Santos frente a las cautelares y, en una lectura clarividente de alto olfato político, llamó a votar por la continuidad del proceso de paz en las elecciones presidenciales, ante la posibilidad cierta del triunfo del uribismo (Centro Democrático), que ya había logrado colocar varios peones en el Congreso, y está decidido a hacer lo que sea, como lo demostró en la campaña, con tal de ver la paloma apuñaleada yacer en un charco de sangre.

En la reelección de Santos, Bogotá puso su cuota. Se siente orgullo, si se es sensible ante el dolor de la guerra, cuando en los en los tableros de los trasmilenios se lee: Bogotá, capital de la paz. En 2015, 10 mil gestores de paz, muchachos de escasos recursos pagados por el Distrito, harán conciencia puerta a puesta sobre la bondad de acabar el conflicto por las buenas.

Algunos creyeron que Petro volvería manso pero el hombre es recio. Lleva meses con una agenda que no tiene día libre. Mientras los titulares lo ningunean, los comentaristas lo enlodan y los politiqueros lo agravian de envidia, todos los días inaugura un jardín infantil, instala una Casa de Justicia, cuenta los huecos tapados por una máquina que se les tiró otro negocio a los contratistas, abre la llave del agua para una comunidad pérdida en la ruralidad, entrega patrullas y ambulancias, sonríe con los ancianos indigentes en un hospedaje nuevo, saluda a algunos  de los 220 mil niños, niñas y jóvenes estudiantes de jornada completa vinculados a los centros locales de artes, entrega una sala hospitalaria para operaciones complejas, abre alguno de las decenas de eventos culturales gratuitos que alegran la vida de los bogotanos y bogotanas o arma el tierrero anunciando que familias desplazadas vivirán en viviendas que el Distrito construirá en el corazón del Chicó, como ya lo hizo en pleno centro, el el conjunto residencial La Hoja.

Saneó las finanzas del sector hospitalario esquilmadas sin vergüenza por la politiquería y los carteles, culminó y puso a funcionar las troncales de la décima y la 26 tras la parálisis por el robo del cartel de la contratación que explotó apenas hace 3 años, habilitó la Séptima al norte con buses híbridos y carril exclusivo y en el centro como corredor cultural, introdujo la electricidad en el transporte, compró para el Distrito el complejo del Hospital San Juan de Dios y las edificaciones que lo integran con miras a hacer realidad el proyecto Ciudad Salud, en el papel desde la alcaldía de Peñalosa, colocó a la educación en la cima del presupuesto y a la ciudad a la cabeza en el país en los resultados de evaluación de la básica, fortaleció las empresas distritales de servicios, redujo la pobreza y el desempleo. Voltea las conclusiones de los intérpretes de encuestas que lo quieren por el suelo y le hace ver a la gente que, por el contrario, la ciudad estaba en el piso, la está levantando y que, si lo dejan, su huella será imborrable.

 Si es de Petro, que no haya metro

Como se había comprometido, presentó los estudios más completos sobre la primera línea del metro, juntó platas para el case  y comprometió el Gobierno Santos con su construcción y la de otras obras para mejorar la movilidad de una ciudad que, hipnotizada (o idiotizada) por TransMilenio, se olvidó que éste apenas es útil como  parte de un sistema y que ya demostró sus limitaciones. ¡Qué paradoja! Antes de Petro todo el mundo pedía metro, ahora muchos se desdicen pero el más patético es el exalcalde Enrique Peñalosa que con el gobierno de Samper firmó el inicio de uno de fantasía.

El gestor en Colombia del BTR, que es como se denomina en inglés ese tipo de transporte, pomposamente nombrado en gesto adánico TransMilenio -cuya infraestructura corre a cuenta del erario y a cambio la ciudad recibe el 3% del recaudo-, con el mismo ego que lo llevó a variar el plan de las troncales y priorizar la 80 para alcanzar a inaugurarla, ahora cuestiona a Petro por cumplir con el mandato programático que le impuso el voto, intenta pintarlo oportunista y sale a cuestionar el metro en favor del BRT, ocultando que en todas partes es un medio alimentador de aquél y no su alternativa. Ni para qué hablar de la chambonada y el monumental detrimento patrimonial con la troncal de la Caracas, la corrupción a que dio lugar la contratación de las troncales de 26 y la décima y todo lo que pasa adentro de los articulados que se dijo hasta la saciedad serían cosas del pasado y no tardaron una década en mostrar cuan efímeros son los trucos que venden los ilusionistas.

Para enmendarle la plana al periódico del Grupo Aval -que en un arrebato de entusiasmo hizo un especial promisorio sobre el metro- reciclan un artículo publicado el 14 de octubre en el mismo diario días después de que Petro entregó los estudios, en el que el  exalcalde “duda” y afirma que el metro tendrá un impacto insignificante- y con el sepulcral título ¿Y cómo se movilizará el 95% que no irá en el metro? maniobran con cifras para ahora exponer “cuestionamientos de fondo” y “fundamentar” algo evidente, evaluado y la razón por la que se construye: el metro solo moviliza una parte de pasajeros. Así es y por eso es parte de un sistema integrado de transporte público que a pesar de sus problemas Petro echó a andar y de una política pública de desincentivo del vehículo particular y de desarrollo orientado al transporte sustentable, paralizada con la suspensión del POT. Al poner el metro en el debate con una propuesta concreta Petro se puso adelante y ahora intentan frenarlo para que el mérito lo tenga un patricio de esta ciudad.

Se desnudó un artificio antidemocrático

Desde la victoria electoral de Petro fue evidente que sus opositores no desperdiciarían la oportunidad para sacarlo de la Alcaldía e impedir que realizara su programa Bogotá Humana. La oportunidad, tras la permanente provocación y la ambientación mediática, la encontró el Procurador en el cambio de modelo para la recolección de basuras. La corrupción recurrente llevó a que los constituyentes del 91 otorgaran al Procurador la posibilidad de destituir funcionarios de elección popular por faltas disciplinarias, facultad desarrollada por la ley sin mayores limitaciones. Una extravagancia, excepcionalmente utilizada. Hasta que Ordoñez encontró en ella el arma ideal para dar cuenta de gobernantes y legisladores adversarios de su credo medieval.

La batalla jurídica y política de Petro, la presión del pueblo en la plaza y el peso de no pocos columnistas puso en cuestión la legalidad del abusivo fuero dado al Procurador. Mientras los fallos de tutelas confrontaban visiones sobre el tema, tomaba fuerza el argumento de la ilegalidad de fallos disciplinarios que determinen suspensión de cargos de elección, a excepción de que la medida sea precedida de una sentencia judicial. Así lo preceptúa la Convención Americana de Derechos Humanos, constitutiva de nuestro bloque de constitucionalidad. Más aun, entre las exigencias de la OCDE para un posible ingreso de Colombia, está la de que ninguna autoridad disciplinaria puede imponer la destitución de un funcionario elegido por voto popular.

El Consejo de Estado aún tiene pendiente decidir una súplica del Procurador contra las cautelares otorgadas en la demanda de Petro la jurisdicción administrativa. Sobre el mismo caso, la Fiscalía acaba de archivar la investigación contra el alcalde al encontrar sus actuaciones ajustadas a derecho, exageradas las actuaciones del ente de control, por lo que abre investigación contra los miembros de la sala disciplinaria que fundamentaron la sanción, y la inexistencia de dolo. El Procurador dijo que una cosa es la justicia penal y otra la disciplinaria, pero mantener el fallo, en caso de que el Consejo de Estado le diera la razón, sería un exabrupto. Ya esa corporación, influida por el Caso Petro, echó para atrás la destitución del exalcalde de Medellín, Alonso Salazar.

Petro con su determinación como gobernante y luego con su defensa desnudó una aberración jurídica y abrió varios frentes de importantes debates. Entre otros, ¿Está el mercado por encima del Estado? ¿Las superintendencias vigilan a favor de la empresa privada o de la sociedad? ¿Los servicios públicos son mercancías? ¿Puede una autoridad disciplinaria desconocer la voluntad popular? ¿Es imparcial la justicia colombiana? ¿Puede la Procuraduría ejercer a contrapelo de los mandatos constitucionales cuando su función es garantizarlos? Todo un menú que evidencia que en términos de democracia el déficit es grande y que esas preguntas deberán ser respondidas tarde que temprano por el Estado, para lo cual urge un cambio en la  orientación neoliberal del país. Eso  quedó a la luz con la sentencia del 9 de diciembre, mediante la cual, la Procuraduría creyó entregar en bandeja la cabeza de Petro y, por el contrario, casi la pierde el  Procurador.

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