LA PAZ Y LA SOGA DEL AHORCADO

pazPor: Héctor Pineda S.

El Presidente Juan Manuel Santos, literalmente, el pasado Domingo (El Tiempo 17-01-16), tomó la decisión de expresar los verdaderos alcances que para el Gobierno tendrán las negociaciones que adelanta el gobierno nacional con las FARC en La Habana.


Desoyendo las recomendaciones de los expertos internacionales y domésticos, a los que han echado mano para pedir consejos a cambio de generosos contratos, de la necesidad de renovar el lenguaje en estos asuntos de paz, el Presidente, como general en plena batalla, anuncia “cantar victoria” cuando se firme el acuerdo. Es decir, como ha sucedido en pretéritas ocasiones, sin despeinarse,  Santos se arroga por adelantado todos los probables laureles que traiga consigo la paz, sin compartir el espacio conjuntamente construido con la contraparte, con la insurgencia.

Con displicencia, al final del reportaje, rememora los anuncios que han hecho los banqueros  y sus bancos para apoyar el proceso. Reitera sobre  los buenos resultados de las conversaciones no sin antes advertir, “por si las moscas”, que “muchos procesos se han quemado en la puerta del horno”. Lo que no dice es que plata que ponga la banca, nacional o internacional, más temprano que tarde, deberá regresar a las bóvedas bancarias con crecidas ganancias. “Nada es gratis”, dicen los economistas, ni siquiera la paz.

Así pues, a las puertas de la fecha para la firma del acuerdo final, 23 de marzo,  dice Juan Manuel Santos que la refrendación de lo acordado, a pesar de la cerrera oposición del Centro Democrático y las FARC, se realizará mediante el mecanismo del Plebiscito. “La constituyente no es un mecanismo de refrendación y el referendo no es viable”, advierte el mandatario de los colombianos. A continuación, motivado por las preguntas, se explaya en el tema del desarme: el camino, no otro, es el desarme. “Hay muchos caminos para llegar a Roma. Lo importante es llegar a Roma y llegar a Roma es que las Farc estén desarmadas,  desarmadas”inos para llegar a Roma. Lo importante es llegar a Roma y llegar a Roma es que las Farc est referendaci”, reitera el Presidente en metáfora geográfica de advertencia. La dura advertencia, por supuesto, es matizada con la promesa de apoyo para los excombatientes que de desmovilicen y quieran permanecer   en el campo desarrollando proyectos productivos. ¿Terminarán en total quiebra los proyectos agrarios del posconflicto?  ¿Es posible sostener empresas campesinas sin modificar las relaciones económicas en el agro, incluida la desactivación de las mafias y bandas criminales?

Insistiendo en recetas de placebos para “superar la pobreza”, anuncia que la prosperidad llegará de la mano de las vías terciarias, en “los bienes públicos: carreteras, escuelas, hospitales”, de la “Misión Rural”, uno de los apartes del tema agrario acordado con la guerrilla. Pero, sin disfraz, nuevamente asoma en las palabras presidenciales las verdaderas intenciones del gobierno en el posconflicto: reforma tributaria con aumento del IVA, infraestructura vial entregada a los privados, ventas de activos públicos rentables (como la privatización de ISAGÉN), etc. En fin, la fórmula neoliberal de vender lo público, de feriar cuanta empresa pública puedan vender, en alianza con mandatarios locales, e insistir en pavimentar la geografía. Paradigmas para generar riquezas cuidando la naturaleza, por ahora, no es preocupación de la presente  paz.

Finalmente, para “contentillo” de los ánimos belicosos, el Jefe de Estado revela continuar el Plan Colombia con los gringos. La esperanza de disminuir el gasto militar para invertir en lo social no está en el horizonte gubernamental. Se anuncia la firma de la paz. En el entretanto los guerreros, envejecidos en la guerra, alardean con zapatillas de marca. Santos muestra lo que será la soga del ahorcado. Los banqueros aplauden. Otros, invocan a la resistencia social.

tikopineda@gmail.com

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