Publicado el: Dom, Sep 6th, 2015

La Patria Grande de Bolívar


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simon-bolivarCarta de Jamaica 200 años

Por: Guillermo Segovia Mora

En 1815, en momentos críticos para el proceso independentista de las colonias de la monarquía española en América, ante la derrota de la Segunda República en Venezuela, la restauración de Fernando VII en el trono con el respaldo de la Santa Alianza, tras el revés de Napoleón Bonaparte en Waterloo, y la invasión de tropas realistas al mando de Pablo Morillo a Venezuela y Nueva Granada, Simón Bolívar llega a Cartagena para sumarse a la resistencia patriota, pero las rencillas internas y el rechazo de algunos  dirigentes locales lo obligan a instalarse en Jamaica para gestionar apoyos a la causa.

En medio de increíbles dificultades económicas para un hombre de origen mantuano, entre otras no tener con qué pagar la pensión donde se hospedaba,   las que comunicaba angustiado y urgido a su amigo y mecenas Maxwell Hislop y de las acechanzas de los sicarios pagados por la comandancia de las tropas imperiales, de uno de cuyos intentos a manos de un dependiente suyo sobornado logró salvarse al no ocupar una noche su hamaca y dormir en ella su amigo Felix Amestoy, que resultó asesinado a puñaladas, El Libertador concluye el documento titulado “Carta de un caballero meridional a un ciudadano de esta isla”, para la posteridad Carta de Jamaica, considerada, con los antecedentes Manifiesto de Cartagena y Manifiesto de Carúpano, uno de los escritos fundamentales de su pensamiento.

Dictada por Bo­lívar a su escribiente, el coronel Pedro Briceño Méndez, la profética epístola fue culminada y suscrita por el Libertador el 6 de Septiembre de 1815 e inmediatamente traducida al inglés por el voluntario canadiense Jhon Roberston.  La copia de la  Carta de Jamaica más antigua que se conoce está en inglés, fue impresa en 1818 por la “Jamaican Quaterly and Literary Gazzette” y se encuentra  en el Archivo Nacional de Colombia.

La primera versión impresa en español data de 1833, incluida en la Colección de “Documentos Relativos a la Vida Pública de El Libertador”, reunida por Francisco Javier Yánez y Cristóbal Mendoza. El hallazgo de una copia del original en castellano, localizada en el archivo histórico del ministerio de Cultura del Ecuador, una vez verificada su autenticidad, fue anunciado por el gobierno de ese país junto con el de Venezuela el 5 de noviembre de 2014, con la advertencia de la falta de la última página que debería contener la firma de Bolívar.

El documento tenía como propósito dar contestación posiblemente al ciudadano canadiense Henry Cullen, aunque también especialistas sostienen que se trató de una proclama hacia el universo con un destinatario simulado. En ella, Bolívar expone las razones de la derrota que permite el retorno de los españoles, describe las luchas de los patriotas a lo largo del continente, analiza las condiciones de los pueblos dominados por la monarquía, sus fortalezas y  debilidades; justifica el esfuerzo libertario y demanda solidaridad de Europa y Estados Unidos, observadores pasivos en una tramposa neutralidad que les permitió apoyar a las tropas monárquicas mientras dificultaban la labor de los rebeldes.

Con vehemencia denuncia la violencia, el aniquilamiento de los pobladores originarios y sus dignidades, la expoliación y el humillante sojuzgamiento a que están sometidos los hijos de esta tierra y llama a la lucha: “Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más el de simples consumidores; y aun esta parte coartada con restricciones chocantes (…). Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?

Describe con prosa bella la angustia del momento “El velo se ha rasgado, hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas. Se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria”

Así mismo, razona sobre la inconveniencia del federalismo y la monarquía, defiende un gobierno fuerte y centralizado ante el atraso de las masas y las demandas de la guerra,  argumenta la necesidad de la unión para enfrentar el enemigo, postula  la integración como alternativa a las ambiciones de las grandes potencias y suscribe la irreversibilidad de la revolución “El suceso coronará nuestros esfuerzos porque el destino de América se ha fijado irrevocablemente.”

Si bien comparte el sueño de un solo gran país conformado por las comarcas liberadas al decir “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión (…), mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América.” Con extraordinaria lucidez señala las dificultades de ese propósito y, aun así, su enseña política y cultural en favor de la patria grande es clara “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande Nación del Mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

Aconseja que se creen estados de menor tamaño pero sólidos en Centroamérica y la unión de la Nueva Granda y Venezuela, que en 1819, en el Congreso de Angostura, se juntarían con Ecuador por un breve período debido a que los caudillismos, envidias y pequeñeces hicieron añicos el deseo del Libertador. Predijo casi que con recisión el mapa político de Latinoamérica constituida en su criterio por unos 17 estados regidos por gobiernos republicanos. Cuba y Puerto Rico, que continuaban siendo colonias luego de la Independencia de América del Sur, fueron motivo de sus preocupaciones, planes y gestiones para liberarlas del yugo español y juntarlas libres con Nuestra América.

También fue visionario al destacar la importancia de Panamá para abrir una vía interoceánica y previendo que algún día las naciones necesitarían de una sede para un foro planetario, postuló a ese país para tan noble causa, anticipándose a la Sociedad de Naciones y a la actual Organización de las Naciones Unidas. En la Carta de Jamaica, Bolívar da las primeras puntadas para la convocatoria a un congreso de la América libre que permitiera la constitución de una poderosa confederación de repúblicas con respeto en el mundo, intento escamoteado por intereses personalistas, chauvinismos, y las movidas del naciente imperialismo de los Estados Unidos: el malogrado Congreso Anfictiónico de Panamá.

Correspondería al patriota cubano José Martí valorar el alcance de la gesta bolivariana y sobre su senda elevar otra pieza magistral de ovación a la heredad, su gente, su cultura y la unidad como factor fundamental de soberanía e independencia: Nuestra América. Ante lo que todavía nos ata al atraso, con los ojos mirando la hazaña del Libertador y advertido de los obstáculos puestos por quienes siempre añorarán la condición de súbditos, plasmó un reto para los siglos: “Lo que Bolívar no hizo está por hacerse todavía en América Latina.”

Convocatoria que asumiría en 1929 el General de Hombres Libres Augusto César Sandino al mando del Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, un “pequeño ejército de locos”, al decir de Gabriela Mistral, que en una gesta heroica le enseñaron al mundo la dignidad de un pueblo. Rescatando el llamado de Bolívar y Martí, Sandino le dictó a su secretario personal, el pastuso Alfonso Alexander Moncayo, el “Plan para la realización del Supremo Sueño de Bolívar”, propuesta para un encuentro nuestro americano que condujera a un pacto para la defensa y la integración, que desoyeron la mayoría de los mandatarios latinoamericanos ante la mirada severa desde la frontera norte. Nuevos intentos distantes y cercanos han tenido lugar para que Indoamérica se junte frente al mundo y en ello no debe cejar pese a los instigadores y disociadores.

Hoy, cuando se conmemoran 200 años de la carta profética que expresó uno de los deseos más sentidos de Simón Bolívar, como fue la unión de la Nueva Granada y Venezuela, serias discrepancias las enfrentan. Un homenaje digno y justiciero para el hombre que condujo los ejércitos que nos dieron la Independencia, en una de las gestas más heroicas del género humano, será que mediante el diálogo constructivo y el respeto los presidentes de los dos países, con el acompañamiento de las naciones latinoamericanas, acuerden las salidas al actual problema fronterizo guiados por el pensamiento germinal, altivo y fraternal del Libertador “Para nosotros, la Patria es América”.

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