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Publicado el: Mie, Nov 28th, 2012

Diferendo limítrofe: La oportunidad perdida


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Por Unicor

Colombia perdió un litigio jurídico con Nicaragua, hoy después de la sentencia correspondiente, se escuchan lamentos, actos de contrición, llamados a la contumacia, demostraciones de patrioterismo, pasa de todo y no pasa nada.

La Edición virtual del Tiempo nos “informa” que la Cámara de Representantes sesionará en San Andrés, dice el titular “Este martes, en el Centro de Convenciones del Hotel Mar Azul a partir de las 10 a.m., el pleno de la corporación tendrá una sesión informal para buscar estrategias ante la posible afectación de los pescadores sanandresanos, tras el fallo de la Corte de La Haya…”, para ajustar esa buena noticia nos hace saber que también “…Se espera la presencia de la canciller María Ángela Holguín y del Mininterior Fernando Carrillo. El Presidente Santos por su parte pretende aportar a superar la crisis creando nuevos empleos con la convocatoria de seis expertos “…quienes determinaran las acciones a seguir frente al fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ)…” en mi criterio, esas actuaciones resultaran inanes.

Lastimosamente se debe decir que Colombia no ha sido capaz de ejercer acciones efectivas y consistentes por la defensa, conservación y promoción de su territorio, el país ha tenido una historia de graves ataques a su integridad territorial, recordemos que según los límites fijados por España, expresados en los títulos jurídicos que son los mapas del “virreinato de la Nueva Granada”, Colombia llego a tener una posesión territorial aproximada de dos millones de kilómetros cuadrados, hoy los mapas señalan que nos quedan 1.141.748 Km2. Nuestro país ha perdido territorio con Venezuela, con Perú, Ecuador, y como habría de esperarse con Brasil, si no logramos defender nuestro territorio frente a los países pequeños, menos lo íbamos a hacer con Brasil, al final, lo que se hizo con el Gigante Sur Americano fue protocolizar todas las usurpaciones que había realizado ese país por las vías de hecho, conclusión, ricos y extensos territorios colombianos de la hoya del Amazonas, del Caquetá y del Putumayo fueron desmembrados, invasiones protocolizadas en los tratados limitrofes de 1853, en 1907 y en 1928.

No obstante la gravedad de lo descrito, la gran pérdida para nuestro país se consuma con el despojo de panamá; el que era a fines del siglo XIX y comienzos del XX, un departamento olvidado por el gobierno colombiano. El sistema centralista que nos ha caracterizado, siempre lo tuvo relegado y el descontento era general entre los panameños. En 1914 se firmó el tratado Urrutia-Thompson, entre Colombia y los Estados Unidos, y en 1924 entre Colombia y Panamá, acordados los límites entre los dos Estados, quedaba sellada y reconocida la pérdida. No muy diferente ha sido la historia con los países centroamericanos, entre ellos, Costa rica y la hoy protagónica Nicaragua; la primera llevándose su parte y la segunda hoy jubilosa por un fallo a favor.

Pero cómo se explica que todos los países, pequeños y grandes con los que compartimos límites fronterizos, se sientan con la fortaleza para reclamarnos, exigirnos y arrebatarnos territorio y riquezas, siguiendo a la Profesora María Cristina Bernat de Bonilla en su Ensayo Pérdidas territoriales colombianas, podemos responder: porque hemos tenido gobiernos débiles y temerosos al negociar con los países vecinos, porque la clase que ha dirigido este país se ha caracterizado por una mentalidad entreguista, derrotista y vasalla en la Política Exterior, agravada por la falta de políticas de Estado consistentes para la defensa de la soberanía, concepto poco reivindicado por las elites dirigentes. Ya sabemos que el Ministerio de Relaciones Exteriores se ha convertido en la joya de la corona burocrática para dichas elites; de la carrera diplomática poco se habla, los cargos superiores, empezando por el de canciller son una prerrogativa para hijos de expresidentes, exministros y similares.

A Todo lo anterior se suma el centralismo asfixiante, el abandono histórico por parte del Gobierno Nacional del territorio limítrofe (Choco, la Guajira, Golfo de Urabá) y  de sus mares, a propósitos de los mares: Colombia es el único país del subcontinente con costas sobre los océanos Atlántico y Pacífico, nos preguntamos, ¿se ha utilizado esta ventaja comparativa para ganar un espacio en el panorama internacional como eje comercial e industrial y que dicho desarrollo se materialice en mejores condiciones de vida para sus habitantes?.  La respuesta también se torna evidente, Colombia no ha ejercido soberanía integral en estos territorios y mares, no ha hecho las inversiones estructurales necesarias, más aún, han estado en grave abandono, por ello, son reconocidos como rutas eternas de narcotraficantes, guerrillas, de contrabandistas, como tierra de nadie, sitios donde se construyen por colonos invasores hoteles, edificios privados que invaden playas, que arrebatan a los nativos sus derechos y patrimonios, todo con el concurso necesario y siempre presente de militares, policías y funcionarios corruptos que legalizan los despojos e imponen la ley del mas fuerte, condenando a los pobladores originales al desplazamiento, a la violencia, al rebusque y a la pobreza.

Hoy nos encontramos ante una situación muy parecida a la de antaño, después de un largo litigio, la Corte Internacional de Justicia ha resuelto el diferendo limítrofe entre Colombia y Nicaragua, la sentencia nos fue adversa y perdimos según cálculos preliminares de la Armada 75.000 kilómetros cuadrados de mar, ya se presentía un fallo adverso a los interés de Colombia, según la imperturbable señora canciller; hoy son múltiples las voces que objetan la decisión, pero eso fue, una decisión judicial, posterior a un debido proceso y éste, posterior a unas posibilidades políticas no utilizadas con profundidad, hoy precarias.

En este sentido es más sensato no seguir lamentándonos por la oportunidad perdida, peor aún, buscar culpables por fuera del mismo Estado Colombiano, Nicaragua como Colombia aceptaron la jurisdicción de la Corte, consecuentemente, el fallo en las condiciones que se profiriera, vociferar lo contrario, acudir a recursos demagógicos y emotivos toca casi con lo absurdo, las estrategias, el plan, la inclusión de especialistas, las manifestaciones de soberanía y dignidad nacional, debieron ser previas y/o concomitantes al proceso de defensa, hoy es poco lo que se puede hacer a favor de los pescadores y habitantes de San Andrés y Providencia afectados con la decisión, por fuera del dialogo y del respeto mutuo entre países hermanos, la tarea que sigue pendiente por parte del Estado es el reconocimiento real de los territorios consuetudinariamente abandonados y desprotegidos, la realización de inversiones serias, planificadas y sostenidas a favor de las comunidades raizales, sin olvidar que dicho abandono se nota afuera, y que ya es hora de que los conceptos de dignidad y soberanía hagan parte de los insumos de nuestros representantes ante el mundo.

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