LA METRÓPOLIS APLAZADA

bogota_0Por: Héctor Pineda S.

“Los mapas dibujados en los textos donde aprendimos a reconocer el territorio,  propios de la caduca visión del poder terrateniente y su dominio territorial, de ningún modo, se corresponden con la compleja realidad de la dinámica de la gestión hídrica, en medio del cambio climático”

Finaliza el cuatrienio de Petro. Los logros y asuntos pendientes, para no repetir, allí están. Los documentos con respecto a la superación de la pobreza, disminución de la segregación, atención a niños y niñas, ancianos (muchos víctimas de las atrocidades del conflicto armado interno), de jóvenes que disfrutan la jornada escolar extendida y apoyos para la movilidad de los más necesitados, acceso al mínimo de agua potable y acciones para la mitigación de los estragos del cambio climático, entre los logros de nuestra “revolución social”, serán objeto de estudios y, muy seguramente, copiados más allá de nuestras fronteras.

Pero así como avanzamos en la revolución social, por varias circunstancias, un  añejo tema de Bogotá quedó aplazado. Por supuesto, no me refiero al metro, aplazado durante setenta años y, según anuncios, parece que se congelará otros setenta años. Pero no. En esta oportunidad hablo del asunto metropolitano, de la relación, muchas veces tirante, otras esquiva que mantiene Bogotá con los municipios cercanos.

El asunto no es nuevo. Varios estudiosos de la dinámica urbana, de las interrelaciones sociales, económicas y ambientales de Bogotá con su entorno territorial,  han sido objeto de extensas investigaciones. Por ejemplo el estudio multidimensional de la tesis de Maestría de la Arquitecta urbanista María Patricia Rincón, documento de lectura obligada para quienes nos impusimos la tarea de conocer el fascinante territorio bogotano, relata las muchas dificultades de Bogotá para mirarse en un escenario de planificación de escala regional para que así, “superando su aislamiento territorial, se enrumbe por la vía de ir más allá de reconocer su fuete dependencia regional, y logre conformar más decididamente  una opción solidaria entre ella y su entorno”, como también, con rigor, hace memoria sobre las decisiones arbitrarias con las que la Bogotá del modelo expansionista y autoritaria, sin derecho al pataleo,  anexó  cinco municipios vecinos.

Sin duda, así lo pensamos. El agua y su gestión no coincide con los límites caprichosos de los mapas político administrativos. Los mapas dibujados en los textos donde aprendimos a reconocer el territorio,  propios de la caduca visión del poder terrateniente y su dominio territorial, de ningún modo, se corresponden con la compleja realidad de la dinámica de la gestión hídrica, en medio del cambio climático.

Así pues, convencidos de la interdependencia del territorio bogotano con el entorno geográfico regional en la producción de alimentos y de agua, (para hablar de asuntos vitales), con los territorios departamentales coincidimos en la oferta de la asociación establecida en la LOOT (Ley Orgánica del Ordenamiento Territorial) de Región Administrativa de Planificación Especial –RAPE-  materializada en la institucionalidad conformada por Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Meta y Tolima de la Región Central. Avanzar hacia el sueño constitucional de un Estado de Regiones Autónomas Entidades Territoriales, queda en las movilizaciones y dinámicas de las ciudadanías residentes del variopinto territorio regional.

Por otra parte, reconocimos las dinámicas con los municipios  conurbados y aledaños. La propuesta de organizar el Área Metropolitana, como en épocas pretéritas, quedó aplazada. Los alcaldes, con excepción de las alcaldías de Soacha y Bogotá, se negaron a concurrir a formalizar la organización de la realidad metropolitana. Adicionalmente, por orientación del Vicepresidente Germán Vargas Lleras, el Congreso derogó la ley metropolitana vigente y aprobó una nueva ley en la cual se ordenó posponer la organización de la metrópolis sobre la cual pesa el desafío ambiental de la descontaminación del Río Bogotá, entre otras. Escasamente, por estos días, se logró un acuerdo de voluntades para dialogar e intentar acordar visiones armónicas en los POT.

¿Seguirá la dinámica de  orden territorial alrededor del agua? ¿Asumiremos los ciudadanos el ordenamiento territorial metropolitano para mitigar el cambio climático o será un orden impuesto por los constructores?  Amanecerá y veremos.

tikopineda@gmail.com

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