Publicado el: Lun, Dic 1st, 2014

La metáfora de Chespirito


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chespirito_cPor Unicor

De Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, se pueden afirmar muchas cosas, es más, conmocionados por su deceso, y “… que no panda el cúnico…”, el reconocimiento a su vida y obra, con seguridad estarán cargadas de emotividad, gratitud y elocuencia. Pero como no reconocer a todo dar, el aporte de un ser humano, que desde lo básico, y en medio de un mundo capitalista e individualista, nos dio clases fenomenales de amor, solidaridad, ingenio y humildad, esa fue su magia.

Por allá, en la década de 1970, en plena consolidación del hegemonismo estadounidense, de su cultura avasallante: marcas, modelos, armas, tecnología, valores y superhéroes, en los tiempos de Superman, el icono americano perfecto, esbelto, poderoso, el estandarte de la bandera de las barras y las estrellas. Un hombre, un humilde mejicano, empieza a dar forma o mejor a “deformar”, el concepto de Superhéroe con el Chapulín Colorado, ya el termino Chapulín se refiere a un insecto que brinca como pelota de hule, muy común, precisamente en México y Estados Unidos. Pero eso no es todo, el héroe latinoamericano al contrario del hombre de acero, era: “Más ágil que una tortuga… más fuerte que un ratón… más noble que una lechuga… su escudo es un corazón… es ¡El Chapulín Colorado!”.

Mientras que los EE.UU pretendían con Superman y los otros miembros del Salón de la Justicia, (digamos la OTAN), vencer a los malos, (digamos lo desconocido), a través de su poder incontestable, de una perfección inalcanzable, El Chapulín quien se enfrenta con un montón de villanos bonachones, incluyendo al Súper Sam, personaje que además de tonto, representa el poder económico del dólar, interpretado por ese gran actor de la comedia “Ron Ramón”, Ramón Valdés, el Chapulín se nos presenta como diría Nietzsche, “humano, demasiado humano”, Y así empieza Chespirito a configurar su reflexión y praxis. ¡No contaban con mi astucia!, diría.

El Chavo del Ocho, el Dr Chapatín, El Chómpiras, Vicente Chambón, Chaparrón Bonaparte, entre otros, seguirían la misma línea de contenido: personajes comunes, limitados, imperfectos, pero sobre todo, llenos de amor, de ternura, de humildad, de solidaridad, tomados de cualquier calle, barrio o pueblo pobre de nuestra tierra. ¡Hay chavito!, el niño tierno del vecindario, el más humilde, que se protege en el interior de un barril, que come de la caridad pública, que juega con juguetes imaginarios, o en el mejor de los casos, con carros de cartón y caballos de palo, que a pesar de los insultos y no pocas veces, de la inequidad frente a Quico, interpretado por el estupendo Carlos Villagrán, nunca mostró resentimientos, u odios, ¡El Chavo no entendía de maldad¡, ¿será que habla por cualquier niño pobre del mundo, inclusive, pudo haber hablado por nosotros?. ¿Será esa la comunión que existe entre ellos y nosotros?. “Eso, Eso, Eso“.

Toda la trama, todos los personajes creados por Chespirito son entrañables, en los tiempos de ahora, donde nos agobian las tiras cómicas que asesinan, que fomentan la violencia, con personajes psicodélicos que agencian antivalores por doquier, como no añorar una infancia recreada por los personajes de la vecindad, la Chilindrina y su picardía, por Don Ramón y su resignación frente a la vida, la Bruja del 71 y su soledad, Doña Florinda la señora amargada, Quico y sus berrinches, el señor Barriga y su infinita paciencia, su hijo Ñoño, el Profesor Jirafales y su señorío, etc. Todos, más allá del personaje que encarnaban y su relación con el Chavo, fueron muy divertidos y graciosos.

Punto a parte para Don Roberto, un maravilloso intelectual que a través de su genio construyó una conexión artística con una realidad en decadencia y que muchos reivindicamos, la realidad de lo simple y fundamental, la risa, el amor, la trasparencia. Ese es el genio de Chespirito, en una sociedad que equivocadamente busca lo material como sinónimo de éxito, su creación mantiene y promueve lo esencial, creo, que a él, tampoco le interesaba poner en jaque a ningún sistema, es más, es posible, que la trascendencia de su obra no haya sido planificada,“…Fue sin querer queriendo…”; eso no importa, lo cierto es que Roberto Gómez Bolaños, expresó mucho de lo que era en cada uno de sus personajes y toco fibras, ahora que ya no está, Chespirito se nos seguirá presentando en cada capítulo de sus creaciones recordándonos que como decía Saint- Exupéry en El Principito: “…lo esencial es invisible a los ojos…”

Y así brotó la magia, por ello, el Chavo, el Chapulín y los otros, no se irán, Gracias Don Roberto, ¡que legado, por favor!.

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