Publicado el: Jue, Mar 21st, 2013

La Estrategia del Avestruz


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3cainesPor Mario Serrato/

La televisión colombiana se ha caracterizado por la figura del monopolio y por el irrespeto constante al televidente: en ocasiones en un programa de 30 minutos en franja de alta audiencia se presentan 10 o 15 minutos de comerciales. Esto último sucede por que el dueño del canal lo es también de las toallas higiénicas, los jabones y cremas de tocador, de las papas fritas, de la leche en bolsa y de los pañales. En otras ocasiones modifican el horario de emisión de un espacio que ya ha ganado audiencia sin importarles el televidente.

También encontramos, bajo el título de premier, algunos enlatados tan viejos que incluso han perdido color y parecen artículos de museo en mal estado. Estas y algunas otras piezas de joyería presenta nuestra televisión mientras la Comisión Nacional de Televisión o lo que sea ahora, emplea la mayor parte de su tiempo, por supuesto, remunerado, en impedir que un funcionario del gobierno sea parte o intervenga en las sesiones de su junta directiva.

Pero al bajo nivel en el contenido de nuestra televisión y las maniobras burocráticas de la comisión de televisión debemos sumarle un factor más que hace de nuestra mediocridad cotidiana un elemento de nuestra nacionalidad: la censura hipócrita. En efecto una cadena de televisión se le midió a la realización de un dramatizado en el que se muestra un visión del tema de la aciaga familia Castaño, dramatizado que constituye una opinión, una propuesta o una manera de ver la historia reciente del país, resultado, por cierto, de una investigación seria y documentada de varios comunicadores sociales y periodistas investigadores.

A este columnista le tocó conocer el tema de la violencia en Colombia en los relatos siempre apasionados de sus padres y sus contemporáneos en la mesa de casa, hasta que un libro de Arturo Alape, producto de una investigación de años, lo ilustró sobre el tema Gaitán y su devenir histórico. Igual asunto aconteció con hechos históricos de gran importancia que fueron dichos en las tediosas clases de historia siendo colegial y que entendí solo cuando Diana Uribe, en estilo suelto y relajado me introdujo en la China, las guerras mundiales, Alejandro Magno y Roma.

A la propuesta o investigación que llevó el tema de los Castaño a los televidentes le nació un grupo de censura que argumenta cosas como estas: los colombianos no estamos preparados para ver estas realidades; el programa es una apología a la violencia; se reivindica el nombre y la figura de la familia Castaño; genera más violencia etc., estas y un sinnúmero de majaderías constituyen los argumentos de los censuradores de oficio.

Me pregunto: ¿Quien está facultado para establecer cuando un país y sus pobladores se encuentran preparados para conocer una verdad o una investigación sobre su realidad? ¿De que modo se precisa la mentada apología a la violencia? ¿Efectivamente se hace una reivindicación del nombre de los Castaño y su gesta criminal cuando en el seriado se relatan con claridad sus miserias, sus mezquindades y sus alianzas criminales con miembros de la cúpula militar y política del país?

El medio televisivo sin duda alguna atrae a más personas a su entorno que la mas inteligente cátedra de historia o la más interesante conferencia científica. Los colombianos tenemos en la televisión y en la radio instrumentos ágiles con los que podemos ilustrarnos y conocer de modo eficaz, ameno y comprensible nuestras realidades.

Seriados como los Caines, el patrón del mal o, en su época, la mujer de presidente, han ilustrado mas sobre lo que somos, y a mas personas, que un millón de horas de cátedra o miles de millones de sermones de mojigatos que frente a nuestra realidad o la posibilidad de conocerla optan por la estrategia del avestruz, y meten la cabeza en la arena.

Antes que censurar un seriado o una opinión sobre la realidad e historia de un país, sus gentes deberían enfocar sus energías a impedir que su televisión y su radio sean invadidas por basura rosa, culebrones lacrimógenos y comerciales interminables.

 

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