Publicado el: Sab, Ene 4th, 2014

La Drummond nos trata como País “Mongólico”


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DrummondP1150307Por Mario Serrato/

“Si alguien, persona o nación, se obliga conmigo en un contrato tan mongólico como el suscrito por Colombia con la Drummond, jamás sentiría respeto por ella”.

Esta compañía transnacional representa una interesante modalidad de la arqueología. En efecto, el modo en que se contrató con ellos la explotación del carbón, su transporte a puerto, más lo que hacen en el puerto, más parece un acuerdo entre Gen Gis Khan y algún pueblo invadido de la estepa mongola que una concesión entre una nación legítima y soberana y una compañía transnacional.

El contrato inicial incluye el transporte del material explotado desde el sitio de explotación hasta su disposición en puerto, tales costos, por acuerdo entre las partes, se pagan con las regalías. Esto quiere decir que en la Colombia actual el ente que más recibe regalías directas no es un municipio, un departamento o una institución o ministerio, lo es la Drummond, una empresa privada.

Al respeto Mario Alejandro Valencia, analista de Cedetrabajo, explica lo siguiente: “Colombia participa en un porcentaje de las ganancias de Drummond, pero ésta se encuentra atada al “costo presuntivo” del transporte que define la propia empresa. Para su cálculo se determinó un trazado inicial de 465 kilómetros, con 6 movimientos de cargue y descargue hasta Ciénaga, para lo cual se estimó un costo -hasta 6 millones de toneladas- de 13.305 dólares. Sin embargo, cuando Drummond entró en operación el trazado que realmente se realizó tenía una distancia de 193 kilómetros, con 4 movimientos de cargue y descargue, que inexplicablemente pasó a costar 17.508 dólares. Significa que la “ganancia presuntiva” de la empresa en el contrato quedó definida con una pérdida de 3,55 dólares por tonelada, aunque en realidad sus ganancias sean multimillonarias. Por esta situación, el Estado nunca ha participado de las ganancias”.

A cualquiera, esta situación le puede resultar insólita, incluso cómica, sin embargo es así como los administradores públicos colombianos adelantan los acuerdos con las multinacionales.  Así es como hacen patria. Pero este asunto no termina aquí: para abaratar los costos de embarque del carbón, la Drummond lo deposita en unas barcazas a cielo abierto en pleno mar en una maniobra expuesta a los vientos huracanados del caribe.

Es decir, la actividad minera presenta dos cielos abiertos: la extracción en sí misma y el embarque en la playa. Esta última maniobra por la fuerza del viento, empuja toneladas de polvillo de carbón hacia las playas. Todo indica que las autoridades ambientales y la Drummond son las únicas que no habían notado la situación. Tanto es así que la reciente sanción impuesta a la Drummond la ocasionó el hecho de haber sido fotografiados en el acto mismo de desocupar en el mar todo el contenido de carbón de una barcaza con fallas mecánicas. Si esa foto no se hubiera tomado ningún estudio habría establecido el daño, o peor, nadie lo habría reconocido, menos la Drummond.

Después de la foto inapelable y tras casi una década de emisiones de carbón sobre la playa, vegetación y población contiguas al puerto, las autoridades ambientales obligaron a cubrir el carbón en los vagones y al momento del traslado a la embarcación para su transporte con el fin de evitar la afectación que producen estas emisiones. La respuesta de la Drummond no se hizo esperar: continuaron operando con las barcazas a cielo abierto en un franco desafío a las autoridades.

No los culpo. Si alguien, persona o nación, se obliga conmigo en un contrato tan mongólico como el suscrito por Colombia con la Drummond, jamás sentiría respeto por ella. No haría nada diferente a esperar a que sus autoridades dejen presionar, sus medios se olviden de la noticia y los enfermos se mueran.

El modo en que nos trata la Drummond me recuerda los contratos de las bananeras y sus masacres. También los contratos de país invadido suscritos por Colombia con la International Gold Mining con los que se explotó el oro del Chocó y Nariño sin que dejarán atrás cosa diferente a miseria y sudor de obrero.

Aquí les entrego un ejemplo de lo que piensa Santos al hablar de locomotora minera y Uribe cuando se refiere a la confianza inversionista.

 

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  1. Muy interesante la columna de Serrato. Y, ante todo, bien documentada. Escritos como este hacen conmover el espíritu, y obliga a reflexiones patrióticas. En algún momento los colombianos honestos tendrán que frenar, y para siempre, la osadía de los neoconquistadores.

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