LA CABAL, LOS PAJARITOS Y SÓFOCLES


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Maria-Fernanda-Cabal

Por: Mario Serrato

Otra vez esta honorable señora la embarra. En esta ocasión no lo hizo contra un muerto ilustre o una persona determinada, lo hizo contra una comunidad en general.

En su ya famosa imprudencia y limitada opinión, la señora Cabal considera que la comunidad chocoana: “ha vivido un desarraigo de 500 años y cuando uno de ellos tiene poder, lo quiere solo para él. Mira la historia de los alcaldes de Chocó. Si uno los pone a trabajar se agarran de las greñas. Ellos si tienen sentido de la propiedad, no quieren soltarse de las cosas porque vienen de no tener nada”.

La descripción se antoja racista y mezquina, pero ante todo resulta equivocada debido a que cualquier personaje que tenga o no tenga poder, haya sido víctima o no del desarraigo, sea de piel blanca, roja o negra, quiere el poder solo para él. El sistema nos ha  deformado.

En esta mezquina condición se encuentran insertas mujeres y hombres de la clase social a la que pertenece esa señora. En su club social se encuentran personajes que dejan el yate de lujo anclado en un club náutico dispuesto para ello y entre coctel y coctel, estiran la mano como cualquier limosnero para recibir un subsidio en Agroingreso seguro.

Más de un personaje del gremio de su esposo ha adquirido tierras a precio de ganga, sin que le hayan importado en lo más mínimo las razones del bajo costo de la tierra. Entre las que se cuentan el líder campesino asesinado, la mujer violada, el hombre de la tercera edad torturado y el niño desplazado.

A otros amigos de la señora se les conoce por que un centenar de sus vacas tienen más tierra que miles de familias campesinas.

El hombre que más admira la honorable representante,  y a quien considera un enviado de Dios, modificó la constitución, en una maniobra repugnante que llevó a la cárcel a una mujer y a dos hombres, solo para permanecer en el poder.

Resulta más apropiado asegurar que cuando uno de los amigos de  la  Cabal y la propia Cabal, tienen el poder, lo quieren solo para ellos, sin el requisito del desarraigo.

Por el contrario, más lo desean y lo pelean, cuanto más han gozado los privilegios que su condición social les ha deparado. En ocasiones en el más censurable derroche y del modo más inmerecido y tramposo.

Los pajaritos tienen una costumbre muy conocida por todos los habitantes del planeta: en cuanto aletean, popocean.

La señora Cabal tiene las mismas propiedades, con una diferencia: no necesita aletear, solo con abrir a boca consigue el efecto final.

Cada vez que la honorable señora opina, me viene a la mente la trilogía de Ayax, Antígona y Edipo Rey, de Sófocles. En algún episodio de Ayax, (el púgil que se enfrenta a Héctor en la Iliada)  este se dirige a su esposa y le dice:

Técmesa, en la mujer, es un adorno el silencio”.

Si bien no comparto esta incisiva frase de Sófocles, debido a que de muchas mujeres he recibido las más complejas, acertadas y profundas reflexiones, y tengo miles de razones para admirarlas y respetarlas  en su dimensión intelectual y humana, en el caso de la honorable señora Cabal, la frase resulta más que acertada y encaja con perfección.

El señor de Fedegan debería regalarle una edición de esa pieza inmensa de la literatura griega a su flamante esposa.

Quizás en la literatura, acompañada de largas jornadas de bordado, consiga un refugio discreto para su lengua desabrochada e imprudente. Tengamos fe.

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