Publicado el: Jue, Mar 20th, 2014

Juan Manuel Santos y el papel higiénico


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SerratoPor Mario Serrato

“Creo que si se trata de ser sinceros, la respuesta que la canciller debe dar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su nota diplomática, sería ésta: Con sus medidas me limpio el culo. Atentamente, Juan Manuel.”

En el palacio de Nariño suelen presentarse vacíos de extraña naturaleza, también sucede que en muchas ocasiones el suministro de materiales para el desarrollo de las actividades de la casa presidencial es insuficiente.

En el gobierno de Gaviria, por citar un ejemplo, se presentó un gran vacío de criterio, el que permitía concebir que un modelo económico como el que puso en marcha,  pudiera generar más problemas de desigualdad y abandono que las monarquías saudíes, yemenitas y kuwaitíes.

Durante los cuatro años de Pastranita se presentó un protuberante vacío de inteligencia. Ese muchacho, incompetente como nadie y frívolo hasta la médula, se paseó por el mundo en muchas ocasiones recibiendo homenajes y exhibiendo su bigotito de adolescente, mientras guerrilleros y paramilitares acrecentaban sus aparatos de guerra, con los que la población civil, como siempre, padecería su accionar.

Cuando el inquilino fue Turbay Ayala, se comentaba que ríos de alcohol y mujeres de pocas prendas y mucha disponibilidad calentaban las frías noches de ese frio palacio. En aquella época, el vacío moral y ético, era llenado por la lujuria y el cinismo.  

En los cuatro años en que estuvo el señor Samper, el vacío mayor lo determinó la verdad.

En los gobiernos de Uribe el gran vacío se encontró en la búsqueda de paliativos para el odio y la venganza. Su visión de las cosas, completamente sesgadas por su amargura familiar, lo llevó a otro vacío: la imposibilidad de considerar que no todo el que discrepaba de su opinión era terrorista.  

En el gobierno de Santos, no se encuentran vacíos, se presenta una carencia muy rara, casi venezolana: En palacio hace falta papel higiénico, por lo que el Presidente, angustiado con otra modalidad de la falta de control  de esfínteres, optó por atender con la constitución política de Colombia, los afanes poco aromáticos de la  incontinencia fecal repentina.

La hoja de la constitución a la que apeló en estos momentos de gases políticos, estertores del poder y cólicos de reelección, contenía el artículo 93 de la constitución en el que además se encuentra el concepto de bloque de constitucionalidad.

Quiera Dios que no le vuelva a dar uno de sus episodios de incontinencia fecal, es posible que en ese momento no haya constituciones en palacio y estén por ahí disponibles la Biblia y El Corán.

Está visto, cualquiera de estas tres piezas sagradas son solo papel higiénico para el presidente Santos.     

Creo que si se trata de ser sinceros, la respuesta que la canciller debe dar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su nota diplomática, sería ésta: Con sus medidas me limpio el culo. Atentamente, Juan Manuel.

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