Publicado el: Mie, Sep 19th, 2012

Jóvenes en la ciudad: entre el limbo y la esperanza

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Por Javier Forero y Susana Noguera

Fotos: Christian Martínez Gordo

Se ven en las esquinas de la capital, en las plazas de los principales centros comerciales y en los parques de barrio. Sorprenden por sus extraños peinados y sus exóticos atuendos. Una generación de paradojas y contradicciones, que se mueve al ritmo vertiginoso del mercado, la publicidad y las imágenes multicolores. Así son la mayoría de los más de un millón 600 mil jóvenes que, según la Secretaría de Integración Social, viven en Bogotá, lo que equivale al 23.8% de la población.

El Limbo

La capital del país es relativamente joven. Así lo demuestran las estadísticas del DANE, en las que casi la cuarta parte de la población tiene entre 14 y 26 años, de los cuales 57% son mujeres y 47% hombres. Según la misma institución, las localidades con promedio de población más joven son Usme y Ciudad Bolívar (23 años), seguidas por Sumapaz (24 años), Bosa (25 años) y San Cristóbal (26 años).

Sin embargo, a pesar de que como indicó en su momento el compositor y periodista argentino Alberto Lernourd, “hemos entrado en una voraz fiebre de cultura juvenil, ya que son ellos los que marcan el paso de los cambios y la llegada de las modas”, la sociedad no conoce a sus propios muchachos. “Este país está de espaldas a sus propios jóvenes. Los adultos no tienen idea de lo que está sucediendo con sus hijos. O bueno, sí lo saben: sí hablan de ellos, dicen que son el futuro de la patria, pero con eso lo que están haciendo es quitándoles la posibilidad de ser el presente”, dijo el escritor Germán Castro Caycedo en su libro Que la muerte espere.

Según indica el documento del proyecto “Jóvenes Visibles y con Derechos” de la Secretaría de Integración Social, la profundización de la pobreza derivada del desempleo, la inseguridad y la fragilidad del sistema democrático, y sobre todo la reiterada violación de sus derechos, son las principales razones por las que en Bogotá el hecho de ser joven se torna en una experiencia difícil.

De acuerdo con un informe realizado por el investigador Libardo Sarmiento, las cifras más conservadoras muestran que 27% de los jóvenes de la capital vive bajo condiciones de pobreza (ingresos inferiores a dos dólares diarios) y 17% en la miseria (menos de un dólar diario). A esto se suma el hecho de que, según cifras del DANE, en Colombia 47% de los desempleados son jóvenes. “Más allá del efecto inmediato sobre la economía, preocupa el sentimiento de ‘desesperanza’ que genera este escenario”, indicó Sarmiento.

Un segundo aspecto que juega en contra de la población entre 18 y 26 años de la capital tiene que ver con el sistema de salud. De acuerdo con un informe de Colombia Joven en conjunto con la Universidad de los Andes, el grupo de jóvenes que no son considerados ni como niños ni como adultos por el sistema de salud, “se encuentran en una situación en la que el tratamiento ya no es tan generoso como sucede en el caso de los menores de edad, pero tampoco es asimilable a una independencia total como la que tendría una persona adulta”. Casi 10% de los jóvenes entre 17 y 18 años se encuentran excluidos del sistema de salud, dice la investigación.

Otro punto que influye en la inestabilidad emocional de la juventud es el embarazo en mujeres menores de 20 años. Un ejemplo de ello es que en el país se presentaron 20.228 embarazos en adolescentes entre 10 y 19 años, de los cuales Bogotá presenta el promedio más alto con 160 embarazos en adolescentes por cada mil habitantes.

“En los jóvenes bogotanos prevalece la apatía: sólo uno de cada diez participa en algún tipo de organización voluntaria o de acción comunal”, afirmó Sarmiento en su informe. Esto se refuerza con cifras reveladas en 2006 por la Alcaldía Mayor de Bogotá, en la que sólo 1.9% de los jóvenes encuestados por Fedesarrollo afirmó participar en organizaciones políticas.

Todos estos factores han provocado perturbación en el desarrollo de la juventud. Así lo deja ver el informe revelado por Medicina Legal, en el que el mayor número de casos de suicidios se encuentra en los adultos jóvenes de 20 a 34 años de edad (38,86%), con un predominio del fenómeno en el grupo de 20 a 24 años (16,62%), seguido con 13,23%, por el grupo de 25 a 29 años. Esta tendencia ha permanecido en los últimos años. A la población adolescente de 15 a 17 años correspondió la participación porcentual de 7,25% de los casos de suicidio, la cual aumentó con respecto a los años anteriores: 6,86 % en 2010; 6,93 % en 2009; y 5,97 % en 2008.

Pero sin duda el factor que más preocupa a las autoridades es el de la delincuencia juvenil. “57% de los delitos son cometidos por jóvenes y las agresiones explican 46% de las muertes en este grupo poblacional, situación asociada con factores relacionados a pobreza, desigualdad, exclusión y desconocimiento de sus derechos ciudadanos”, explica el documento realizado por Sarmiento.

Esto último se explica en gran parte debido a que, según asegura Florence Thomas en su columna publicada el pasado 26 de junio en el periódico El Tiempo, “esta generación nació a mediados de los 80 y vivió una infancia marcada por el recrudecimiento del conflicto armado, los dramas del desplazamiento forzoso, las masacres de los grupos ilegales, la corrupción y la pérdida de horizontes de reconciliación y convivencia, y, más recientemente, el fenómeno de los mal llamados ‘falsos positivos’”.

Jóvenes en Bogotá

Para intentar mejorar esta situación, la Alcaldía Mayor de Bogotá creó en 2006 la Política Pública de Juventud para Bogotá D.C. 2006-2016, para la promoción de la libertad, el bienestar y la dignidad de los jóvenes y exige la construcción de las condiciones para el ejercicio efectivo, progresivo y sostenible de sus derechos fundamentales. Entre los lineamientos más importantes de este proyecto se encuentran: equidad de mujer y género, inclusión y promoción de la diversidad, seguimiento integral y difusión de los resultados obtenidos.

Por su parte, la Secretaría de Integración Social se encuentra actualmente realizando el programa “Jóvenes Visibles y con Derechos”, que pretende construir, conjuntamente con los jóvenes, “las condiciones necesarias para la protección, promoción y restitución de sus derechos, que garanticen progresivamente la vivencia de éstos, contribuyendo al mejoramiento de su calidad de vida, como protagonistas del desarrollo social de la ciudad”.

De repente todo se ha transformado en joven, ágil y divertido, hay una manifiesta necesidad de agruparse, de pertenecer a algo, de compartir visiones, concepciones y utopías. Sin embargo, “hay un altísimo grado de soledad en los jóvenes capitalinos, eso explica en parte la necesidad que tienen de agruparse en tribus urbanas”, expresó Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

Varias subculturas juveniles o tribus urbanas han saltado en los últimos años a la escena capitalina para unirse a manifestaciones de vieja data como los skin head (cabeza rapada), los punk y los metaleros, agrupaciones que surgieron en los años 80 y 90. Los de hoy son los patilludos, los sopaipilla, los faranduleros, los flogeers, los otakus, las lolitas, los hipsters y los emo.

“A diferencia de la poderosa influencia anarquista de las antiguas tribus, las de hoy están inspiradas por las redes sociales, el reggaetón, la música alternativa y la cultura japonesa”, explica un artículo del periódico El Tiempo publicado el pasado 11 de agosto.

Durante dos años, un grupo interdisciplinario del Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (Ceacsc) adelantó una investigación para tipificar a las nuevas tribus. El estudio reveló, según cuenta Rubén Darío Ramírez, director del centro, que la mayoría de tendencias son apolíticas y buscan identidad por medio de la música y de la imagen. Sin embargo, por tratar de ser diferentes terminaron siendo iguales.

Al respecto, Sanabria aseguró que “las culturas generan comportamientos permitidos, prohibidos u obligatorios, el libre desarrollo de la personalidad es expresar libremente esos modos de sentir, pensar y actuar sin hacerle daño al otro, ni afectar violentamente al otro”. No obstante, estudios del Distrito manifiestan que “en algunas de estas manifestaciones se realizan cultos a la muerte o también llamados ‘barbituriparty’, donde jóvenes atentan contra su vida con elementos corto punzantes”.

Hay un evidente problema de identidad, pero esta no debe ser entendida como una representación compleja de la juventud bogotana, pues es evidente que ya no hay una sola identidad sino múltiples identificaciones. Continuamente están transformando sus identidades, se improvisa, se inventa y se reinventa; hoy pueden ser católicos, mañana protestantes y pasado mañana agnósticos. “Esa búsqueda de afinidad con algo es un huir de la realidad con cualquier cosa que dé sentido a la existencia, lo que sea”, expresó Sanabria.

Otro punto que, según Sanabria, caracteriza a la juventud bogotana es la falta de conciencia de la realidad que le rodea, pues lo jóvenes están entregados al consumo, “están entregados a dos cantantes que berrean frente a los micrófonos”, pero de compromiso histórico muy poco. Esto hace que se agrupen en tendencias homogenizantes lo cual, para él, es bastante preocupante, ya que, contrario al campo, en la ciudad “hay matices y colores muy importantes que representan nuestra diversidad. Tenemos que pasar de una moral rural a una ética civil”, explicó.

Lo anterior lleva a que, al no tener proyecto de vida ni pensar en el futuro, la juventud se vuelva muy conservadora. “Lo más precario de un joven es que sea godo. El joven es el que hace a revolución, es el que cree en la utopía, es el que desafía el orden, pero los bogotanos son jóvenes viejos, cuando deberían en realidad estar con la camisa por fuera”, aseguró Sanabria.

En contraste, académicos como Germán Muñoz aseguran que la de hoy es una juventud que se moviliza. El unánime descontento generado por la crisis mundial que estamos atravesando y su desacuerdo con algunas políticas de gobierno ha terminado concurriendo en numerosos levantamientos populares, promovidos en su mayoría por unos jóvenes concienciados y su utilización común de las redes sociales como herramienta masiva de comunicación y convocatoria.

En Bogotá, las mayores movilizaciones han sido convocadas por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), para oponerse a la reforma a la educación superior. Al respecto, Sergio Fernández, líder de esta organización aseguró que “esa es la lucha más linda que un joven puede dar”.

Pero analizar el problema de la juventud no es tarea fácil, sobre todo hoy cuando con la tecnología se ha creado un lenguaje distinto al de los adultos, una manera de hablar y escribir totalmente diferente. “Se comunican a punta de emoticones. Cada vez están más vinculados con el ciberespacio. La tecnología ha democratizado la vida, ya que los de estratos uno y dos pueden acceder a herramientas parecidas a los de estrato seis”, manifestó Sanabria, quien agregó que el papel que desempeñan los padres como escucha y guía, “pasa a ser remplazado por una ventana que se encuentra a un clic de distancia de un perfil totalmente público, donde se comparte información conocida y reconocida, pero al mismo tiempo desconocida”.

A esto se suma el hecho de que, como dijo Muñoz, “la liquidez en las relaciones (que cala con mayor fuerza en los menores), la violencia, la incertidumbre, crudas imágenes y extraños estilos de vida, irrumpen en la cotidianidad y llaman a la reflexión”.

Todo este panorama ha dado como resultado una juventud divagante entre el limbo y la esperanza. No obstante, para Sanabria, “hay una vitalidad enorme en la juventud, así como una profunda ingenuidad, pero esa combinación es fundamental para deformar imágenes, para componer presencias con ausencias, para pedir que la vida se respete y para construir conciencia”, sobre todo en esta época de tiempos difíciles, en la que gobierna una generación que ha sido objeto de experimentación social y en la que no se logran establecer vínculos más allá de la cotidianidad. Nadie se promete más allá del tiempo, nadie cree en lo eterno.

La Esperanza

Una posición más optimista del adolescente y la familia es la expresada por Martha Leal, especialista en psicología infantil, quien asegura que esta generación es más funcional, integral y progresista que las anteriores; prueba de ello es que cada vez hay más personas jóvenes en los puestos más importantes de las compañías. “Esta es la generación de la multitarea, la más preparada de la historia, la mejor relacionada y la más comunicada. Hay una curiosidad innata en ellos y un deseo de trascendencia nunca antes visto, el trabajo está en que sepan encaminar las emociones, pues no tienen mucha tolerancia a la frustración”.

Leal también sostiene que esta generación es bastante globalizada, “ya no hay límites para sus aspiraciones, son creadores de su propio porvenir y construyen desde el presente”, prueba de ello es su tendencia a aprender varios idiomas, el ánimo de competitividad que muestran y la capacidad de participar en varias actividades. “La ciudad ha tenido que crear numerosos escenarios artísticos y culturales para canalizar sus energías”.

Alba Luz Cifuentes, psicóloga y docente de la Universidad Sergio Arboleda, afirma por su parte que “la juventud está en una época artística muy fuerte, los jóvenes tienen unos niveles de estimulación que los hacen más artistas. Tienden a la expresión del propio cuerpo y a la condición de irreverencia en su actuar, en su vestir y en las profesiones que eligen”.

Aunque Cifuentes también afirma que la soledad que experimentan los jóvenes hoy en día es fruto de un profundo desconocimiento de cómo tratar a sus semejantes porque su crianza estuvo a cargo de la televisión. A estos jóvenes los llamó la generación llave porque se criaron encerrados, con los medios de comunicación como mejores amigos y confidentes. De ahí que no sepan cómo mantener una relación que perdure y necesiten diferentes mecanismos para reafirmar su identidad y sentirse parte de algo.

“La soledad es el medio de cultivo perfecto para la depresión -dijo Miguel de Zubiría experto en la salud mental de niños y adolescentes- si se está con amigos, pareja, familia, es muy difícil que penetre la soledad, menos la depresión y mucho menos la idea de suicidio”. Muchos jóvenes han identificado el problema y, según Cifuentes, buscando no salirse del marco de lo que se considera un ´joven bien adaptado´, buscan maneras de remediar la falencia que sean aceptables socialmente.

La escritora Elena Poniatowska una vez preguntó ¿Quién atiende la soledad de un joven? Según la profesional del comportamiento humano, otro de estos mecanismos defensa son las llamadas tribus urbanas, “son como gritos silenciosos pidiendo ayuda”.

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