Publicado el: Jue, Feb 26th, 2015

INDIGNANTE, como no escribir sobre Camila


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camilaPor: Unicor

Contra viento y marea Camila Abuabara, la joven guerrera, consciente y digna, exigió a través de una acción de tutela, que se le realizara su trasplante de médula ósea en el exterior. Ganó la tutela, sin embargo, no fue suficiente, el Ministro de Salud y la Protección Social, impugnó la decisión, y consiguió que la cirugía se hiciera, con las limitaciones señaladas, aquí en Colombia; Camila ya había pronosticado el resultado, “…“Ministro de salud @agaviriau me condena a la pena de muerte en Colombia y según él yo debo de aceptar gustosa junto a su compinche de EPS”, escribió la universitaria desde su cuenta de Twitter.

Así es, a pesar de que la Constitución Nacional determina que estamos en un Estado Social de Derecho, donde según la Norma Superior, prevalece la dignidad humana, y con ella, la vida, (artículos 1, 11), a Camila le tocó, como le toca a la mayoría de colombianos y colombianas, pelear por su salud y su vida, contra un sistema económico nefando que le impone condiciones de mercado a los derechos humanos, como consecuencia, pueden más los negocios, las rentabilidades, los ajustes macroeconómicos, el cálculo financiero; excusas inventadas por los tecnócratas neoliberales como el ministro de salud, Alejandro Gaviria, que terminan condenando a muerte a los seres humanos que protege la Constitución, Camila es solo otro caso.

La enfermedad que Camila sufrió, leucemia linfoblástica aguda, una especie de cáncer de sangre, no podía ser tratada en Colombia. En EE.UU, en el Instituto MD Anderson de Cáncer, en Houston, ya se contaba con experiencias exitosas, y allí Camila, se había hecho un tratamiento preparatorio de nueve meses, es decir, todo estaba listo para su trasplante. La realización del procedimiento en el exterior, no era por capricho, simplemente, allí le daban más probabilidades de éxito, y según los especialistas, era su esperanza de vida. Fue así como el juez 28 Penal Municipal con Función de Control de Garantías, de Bogotá, concedió la medida cautelar, y ordenó practicar el procedimiento.

Paradójicamente, el recatado ministro de salud, como buen ministro de hacienda, impugnó la decisión del juez, y consiguió con todo su poder administrativo echar para atrás la orden. Camila regreso a Colombia y a pesar de las advertencias, fue atendida por especialistas de la Clínica las Américas de Medellín, donde finalmente se le realizó el trasplante, el pasado 19 de diciembre.

Como si fuera la crónica de una muerte anunciada, posterior al trasplante, la salud de Camila empezó a deteriorarse, una semana después de la cirugía, ingreso a la Unidad de Cuidados Intensivos, sin embargo, esta vez, la guerrera de la vida, no resistió más, falleciendo a causa de un paro cardiorrespiratorio.

Por Dios, como puede entenderse en un estado social de derecho, lo que pasó con Camila y pasa con miles de seres humanos, ¿Qué puedan más las consideraciones financieras, que los derechos y valores fundamentales?

No faltará quien con convicción responda que los dos millones de dólares que se podían haber invertido en la atención de Camila, alterarían el equilibrio en las finanzas de la salud, que si se acataba el fallo de tutela se corría el riesgo de que cientos de pacientes que esperan similares tratamientos, los exigieran; con el costo que ello representa para el sistema.

Pues con énfasis se puede responder que según Norberto Bobbio “los derechos humanos pueden contra todos los derechos”, que el gobierno gasta muchísimo más en el sostenimiento del aparato militar, en el pago de la deuda pública externa e interna (esta última provocada por los mismos socios que se enriquecen con el negocio de la salud). Además, hay que decirlo con claridad: el problema de la salud en Colombia no obedece a la falta de recursos, recursos para la salud hay, el problema es suscitado por el gran negocio que se montó con la ley 100 de 1993, de la cual fue ponente el hoy senador Álvaro Uribe Vélez, donde se montó un sistema que privilegia la ganancia de los privados, que creó los intermediarios financieros, y todo un aparato burocrático, complejo y autónomo, que invierte en clubes, roba, no paga a las ESES públicas, y lo peor, monta senadores y financia presidentes.

Esta vez acaba de suceder lo que Giorgio Agamben, nos muestra en su obra el Estado de excepción. Homo sacer II, y es que hemos quedado notificados por el propio ministro de salud, de que el orden jurídico constitucional está suspendido, y en su lugar está imperando un estado de excepción que se ha convertido en la regla, donde los derechos fundamentales no se garantizan, lo que amenaza el equilibrio de poderes y el funcionamiento de esta precaria democracia.

Ad portas de que el presidente Santos sancione la ley estatutaria de la salud, está abierto el debate: negocios o derechos fundamentales, cálculos financieros o garantía de derechos, estado social o neoliberalismo, creo que esta nueva ley de salud, no aportará nada nuevo.

Lo cierto es que Camila quien tenía 24 años de edad, ha muerto, como han muerto muchos en las garras de este oprobioso sistema, sin embargo, esta muerte no es igual a las otras, ya que Camila luchó hasta el final, y aunque el modelo actual le quitó la vida, sus actos valerosos, nos han mostrado que nunca pudieron arrebatarle su dignidad.

Señor Ministro usted, por dignidad, pudo haberse ahorrado el comunicado.

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