Publicado el: Dom, Oct 19th, 2014

HOLMAN MORRIS Y ÁLVARO URIBE


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Por: Mario Serrato

El expresidente Uribe, a quien algunos insisten en llamar “El Presidente Uribe”, como si fuera un alias, se ensañó recientemente contra Canal Capital y después la siguió contra Hollman Morris.

En sus acusaciones sin fundamento, a las que nos tiene acostumbrados, le dio por asegurar que Hollman Morris había violado un protocolo durante una misión humanitaria, situación que según el exmandatario, lo convierte en aliado de las Farc y servil del terrorismo.

En otra faceta de sus ataques contra el periodista, denuncia ante  todo el que quiere oírlo, que en su trabajo periodístico, “Dossier paramilitar”, Hollman Morris lo atacó de manera injusta y puso en tela de juicio a su familia.

Tuve la oportunidad de conocer el mencionado y ya famoso Dossier, y puedo asegurar que en esos documentales e investigaciones no encontré una sola afirmación carente de sentido o lejana a la realidad.

Tampoco pude ver una sola entrevista en la que los entrevistados, por lo general paramilitares cumpliendo sus condenas, contestaran  presionados o coaccionados.

Pude confirmar que las aseveraciones de los entrevistados  presentan contexto y pueden ser corroboradas mediante prueba documental y archivos de prensa.

Varios centros de investigación social e histórica y algunos colectivos de abogados han recaudado datos y testimonios que concuerdan con exactitud con la información recogida en el Dossier.

 El fenómeno paramilitar es expuesto en el Dossier en el lenguaje de la denuncia, y no en, en ocasiones, frivolizado lenguaje de la noticia.

Los muchos textos investigativos y documentales del Dossier, configuran un contexto que no deja lugar a la especulación ni a la duda.

La precisión y presencia de los entrevistados, más la forma en que se desarrollan los interrogatorios,  impiden calificar de malintencionado o manipulador al entrevistador. Es más, en muchas de las preguntas, el propio interrogado toma la iniciativa y expone su verdad. Se pregunta y se responde él mismo, sin dejar dudas sobre la información aportada, y concluye sin inducción de ninguna naturaleza.

El trabajo llamado Dossier paramilitar es el producto de una  investigación seria y documentada. Las conclusiones a las que llega el televidente son libres y sin preelaboraciones o manipulaciones inducidas por el realizador.

La investigación brinda espacio a una verdad incómoda con asiento en la realidad.

La queja del expresidente Uribe carece de fundamento. Su censura solo presenta apoyo en la arrogancia y en la culpa. La mención de su nombre y la de un familiar suyo emerge de la propia  investigación, nunca es el resultado de un implante artificial introducido sin escrúpulos por el investigador o el realizador, como quiere hacernos creer el expresidente.

El dossier paramilitar revela y denuncia un episodio de nuestra historia reciente en el que un alto grupo de personajes de la política se dedicó al pillaje, al saqueo, al robo de tierras, al desplazamiento forzado, a la eliminación física del opositor y a la consolidación de hegemonías políticas, en alianza siniestra con el narcotráfico.

Tales actuaciones, escenificadas en diferentes zonas del país, gozaron de la  protección cómplice de figuras en el poder regional y en ocasiones fueron dirigidas y determinadas por gobernantes locales.

En cuanto la verdad se hace evidente, quienes se sienten perjudicados con ella, la emprenden contra el mensajero de la realidad.

El dossier paramilitar debe ser desmentido con argumentos. Sometido a controversia. Cuestionado en sus métodos o modos investigativos. Quizás merezca un debate en el que puedan intervenir quienes consideren que en él se faltó a la verdad.

Todo esto se usa en las sociedades que se ufanan de democráticas. Lo que nunca se debe permitir es que alguien, sin importar que grado de demencia padezca, o quien haya sido o quien sea, criminalice y ponga en riesgo la vida de quien investiga desde el periodismo, la academia o los derechos humanos.

A Hollman Morris se le deben garantizar su derecho al trabajo, a la investigación, a la difusión de su pensamiento y a informar.

Al expresidente Uribe se le debe exigir su obligación de respetar a los demás. Y a la prensa.

Ya es hora de terminar con el oscuro momento de nuestra historia reciente en el que se consideró peligroso terrorista a quien no pensara o se sometiera a las orientaciones del expresidente Uribe.

La fiscalía debe establecer con prontitud la responsabilidad de Hollman Morris en las denuncias formuladas en su contra por Álvaro Uribe.

En caso de que estas carezcan de fundamento, ese mismo ente de control debe informar a quien corresponda para dar inicio a las acciones encaminadas a evitar que siga perjudicando a quienes cuestionan sus actos pasados, protegido por su investidura, su popularidad y su cada vez más evidente demencia.

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